19 de enero del 2015 00:00

La mala conducta frente al volante incide en la siniestralidad vial

fotomultas

El sistema de fotomultas registró 1 202 infracciones en cuatro días, una de ellas: invadir carril exclusivo. Foto: Centro de Gestión de la Movilidad

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Ana María Carvajal

Martes 13 de enero. 15:00. Avenida Velasco Ibarra, sentido norte-sur de Quito. Un auto negro cierra el paso a otro -gris-, que intenta incorporarse al tráfico rumbo a la avenida Maldonado. Cuando el gris logra pasar al carril izquierdo, el conductor del otro carro pita con insistencia.

Los gritos no se oyen entre ambos vehículos, pero por los gestos se entienden los insultos. Luego, la ‘competencia’ sigue hasta la intersección con la avenida Alonso de Angulo. El gris siguió de frente y el otro se fue a la derecha, sin encender su luz direccional.

Con seguridad, este no fue el primero ni el último conflicto vial, la semana pasada. Las discusiones entre conductores son comunes en las vías del país.

A la incomodidad por la congestión del tránsito en las ciudades, el calor o la lluvia, se suma la actitud agresiva de una gran mayoría de personas que están el volante y que parecen vivir en una eterna carrera por llegar primero a cualquier sitio.

Un estudio piloto de la Escuela de Conducción San Francisco Autoclub, de la Universidad San Francisco de Quito, en el 2012 determinó que los factores que causan más pérdida de puntos en la licencia son “la búsqueda de sensaciones, la tendencia hacia un comportamiento riesgoso, la violación de normas y las violaciones interpersonales”.

Se aplicó en una muestra de 126 alumnos que buscaban obtener una licencia profesional. Ellos respondieron a pruebas especializadas relacionadas con conducción peligrosa, pensamientos agresivos del conductor, impulsividad, estilos de manejo, búsqueda de sensaciones, entre otros.

Las investigadoras de Psicología del Tránsito, Daniela Serrano y María Sol Garcés participaron en el trabajo que tenía como objetivo entender la relación entre la idiosincrasia del ecuatoriano y la forma en la que conduce.

Garcés explica que en la conducción intervienen dos elementos esenciales: la pericia y la conducta. La primera tiene que ver con las habilidades y la segunda, con los hábitos y el estilo. La pericia puede mejorar con la experiencia y la educación. Pero la conducta no es tan fácil de modificar, porque se relaciona con la personalidad y el contexto social.

Garcés, apoyada en la teoría del psicólogo Jaime Costales, dice que, por idiosincrasia, en el país la gente tiende a expresar su ira de forma implosiva, es decir, se la guarda para sí mismo. Por lo general, el ecuatoriano disimula su molestia y la disfraza de amabilidad.

La conducción se practica en un estado de cierto anonimato, en el cual el vehículo se vuelve una segunda piel. Es algo similar a lo que pasa en sitios como el estadio, en donde las actividades son colectivas y el individuo no se responsabiliza directamente por sus actos.

Al manejar un vehículo, la persona entra en una especie de burbuja que cubre lo que hace. Así, la gente se siente libre de expresar su ira o estrés de una forma en la que no se atrevería sin esa protección.

No es solo un tipo de agresividad, sino lo que se conoce como ira del camino. Esta puede derivar en un uso innecesario de la bocina, gritos, insultos, choques entre vehículos y, finalmente, agresiones físicas.

El gerente de Aneta, Gorki Obando, considera que el conductor ideal debiera haber recibido educación vial y conducir a la defensiva, es decir, evitando situaciones de riesgo y conflicto y controlando sus impulsos.

En las vías del país es común ver gente que quiere cambiarse de carril o girar en una esquina sin poner direccionales, estacionarse sin encender las luces de parqueo o irrespetar los pasos cebras y carriles exclusivos para transporte público o los destinados para los ciclistas.

Según Obando, estas prácticas se dan porque muchas personas recibieron su licencia de conducir sin pasar por un curso. Eso ocurría desde los noventa hacia atrás, porque no era obligatorio recibir formación previa para sacar la licencia. Debido a un cambio en el art. 93 de la Ley de Tránsito, el curso dejará de ser requisito nuevamente, cuando la modificación entre en vigencia.

Obando señala que el 95% de accidentes en el Ecuador se da por falla humana y el resto por fallas mecánicas, de infraestructura vial o por malas condiciones climáticas. De ese 95%, el 82% es a causa de la impericia: la falta de conocimiento y de experiencia.

Aunque lograr un cambio de actitud en el conductor ecuatoriano no es fácil, para Obando es necesario formar a las nuevas generaciones a través de educación y convivencia vial en escuelas y colegios. “Lo importante no es enseñar a conducir, sino formar usuarios viales respetuosos”.

En contexto

Las sanciones por infracciones de tránsito se han endurecido. En Quito se aplica desde la semana pasada un sistema de fotomultas, para lograr que los conductores cambien de actitud y abandonen prácticas que irrespetan al resto de usuarios viales y violan la ley.

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