27 de April de 2011 00:00

Majestad y cobardía del poder

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La línea que las separa es muy tenue, casi no existe, cuando un gobernante alegando la primera, incurre en la segunda. Hay el proverbio persa “no hieras a una mujer ni con el pétalo de una rosa”.

En el mundo contemporáneo, más allá de las frases de cortesía y homenaje, las mujeres tienen derecho a que se las respete.

Verdad que en el Ecuador hay un alto índice de maltrato a la mujer, aun intrafamiliar, pero también una sensible mayoría rechaza que se ofenda a las mujeres.

Entre éstos y lo digo con grato recuerdo, estuvo Rafael Correa Icaza, padre del actual Presidente de la República. Alguna ocasión lo vi irse encima de un sujeto que agredía a una mujer a pretexto que era trabajadora sexual, ¡marica, no le pegues a las mujeres!, fue su interjección. Debo aclarar que lo de “marica” es vocablo usual en la Costa contra los que no respetan a las mujeres, sin la connotación de preferencias sexuales.

Viene esto a mi recuerdo cuando leo que el lunes 25 de abril del 2011, a la periodista de El Universo Sugey Haijar, no le renovaron la credencial para cubrir la información del Palacio de Gobierno y se le obligó a retirarse con un oficial de la Escolta Presidencial, a pretexto que ante un reclamo de Fernando Alvarado, Secretario de Comunicación de la Presidencia en diciembre del 2010, El Universo no lo publicó como rectificación del diario como él pretendía , frente a la versión del asambleísta Galo Lara, de que personas en vehículo de la Secretaría de la Comunicación lo perseguían. La versión de Alvarado fue publicada como réplica, en el sentido que se usaba el vehículo para “investigaciones periodísticas”.

Publicada la réplica, ninguna otra obligación tenía Sugey Haijar ni El Universo.

En la sabatina del 23 de abril, Correa a la ciudadana riobambeña que según él le hizo un gesto obsceno para expresarle su voto por el NO –ella lo niega- le dijo cuanto improperio se le ocurrió, además de imputaciones sobre supuestos incumplimientos con el Fisco y el IESS, según se me ha dicho.

Antes a otras mujeres, les dirigió calificativos, “divorciada de reputación dudosa”, “viuda de la partidocracia” –en este caso a una dama que vestía de negro porque días atrás había perdido un hijo- “viejas peluconas”, “gordita horrorosa”, “majadera”, “ coloradas”, “viejas arpías”, entre otros.

Correa alega que sus críticos le faltan el respeto a la majestad del poder. Cuando él ofende rodeado de escoltas, en sabatinas y ruedas de prensa, u ordena arrastrar en la vía pública y apresar a quien se expresa en su contra, la acción se convierte en una cobardía. Por ahora, es perder el tiempo querellarlo por injuria o demandarlo por daño moral, por el servilismo ante el poder de quienes deben administrar justicia. El podrá querellar y demandar y contrademandar por cientos de millones. Ya van USD 500 millones.

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