12 de mayo de 2016 00:00

Maestros enfrentan en la clase sus miedos por el terremoto

Eduardo Bermellio, rector de la Unidad Educativa Emilio Bowen, perdió su casa a causa del terremoto. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Eduardo Bermellio, rector de la Unidad Educativa Emilio Bowen, perdió su casa a causa del terremoto. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Diego Ortiz
ortizd@elcomercio.com

El martes fue una jornada intensa para Eduardo Bermellio. Hasta el mediodía debía resolver todos los pormenores que implica la apertura de un nuevo ciclo escolar en la Unidad Educativa Emilio Bowen, que funciona bajo su dirección.

En medio de las inspecciones a las aulas, las charlas con los docentes y, por ahí, algún momento para hablar con los padres de familia, en su cabeza contaba las horas que faltaban para que su casa fuera demolida, ya que las estructuras quedaron seriamente afectadas por el terremoto del 16 de abril.

No es fácil dirigir una institución cuando parte de la historia personal se destruye con el paso de un taladro y de una pala mecánica. Esto lo sabe bien Eduardo. Los últimos 25 años pasó en esta casa disfrutando de su matrimonio y criando a sus dos hijos, Bolívar y Karla.

Allí mismo, en la zona de Tarqui, en Manta, fue donde él guardaba los reportes de sus estudiantes, los apuntes de clase y el material de apoyo para sus actividades educativas. También era un espacio donde familia y trabajo se entremezclaban para conformar lo que él llamaba “mi hogar”.

Aunque su familia se encuentra bien y ninguno de sus miembros perdió la vida, Eduardo afirma que no está al 100% concentrado para retomar las actividades educativas. “La tarea es complicada cuando uno ha perdido su casa”, comenta este docente con 35 años en el oficio. Un comentario que repiten varios profesores de las instituciones educativas las zonas afectadas.

Según el Ministerio de Educación, el 75,5% de la población estudiantil de las zonas afectadas arrancó sus actividades este lunes 9 de mayo. Esto ha puesto a trabajar a cientos de profesores de la región, 23 días después de la catástrofe.

La misma institución confirma que sus profesionales han recibido capacitación y asesoría para sobrellevar esta crisis y seguir el nuevo ciclo lectivo.

Retomar una vida normal no es sencillo para docentes y administrativos de las instituciones educativas en estas zonas.
Personas como Patricia García, psicóloga de la Unidad Educativa La Esperanza, cuenta que es difícil salir de su hogar y dejar a sus hijos luego de un episodio tan traumático. Ella, quien debe viajar por aproximadamente una hora desde Portoviejo a Manta para llegar a su trabajo, comenta que de tanto en tanto recuerda cómo se encuentran todos en casa. “Solo me resta pedir que sigan bien hasta que regrese”.

La psicóloga clínica María Alexandra López explica que las actividades educativas son una manera de aliviar la carga que pesa sobre los estudiantes luego del terremoto. Sin embargo, ella cree que es necesario que se intensifiquen las terapias con los maestros, porque son los primeros en entrar en contacto con el drama que han vivido niños y jóvenes, lo que puede acarrear serios problemas de estrés o depresión en un mediano plazo.

En la Unidad Educativa Emilio Bowen, una de las personas que ha permanecido al frente de estas terapias antiestrés de los profesores ha sido el psicólogo Luis Vélez. Al igual que el rector, él perdió su casa luego del terremoto. A pesar de todo, una de sus tareas ha sido reconstruir el talante de los profesores, llevándolos a un estado de ánimo que les permita enfrentar todo lo que llega día a día a las aulas.

Para la profesora Helanda Varela, regresar a las aulas es tanto un reto como un compromiso. Ella vive cerca de Tarqui y ha sido testigo de cómo el terremoto convirtió todo en escombros.
Las paredes de su casa presentan fisuras, y contra todo pronóstico ella repite constantemente “es hora de levantarnos y salir adelante”.

No es la única. Todos los profesores tratan de darse ánimos mutuamente en el inicio de un ciclo lectivo que se pronostica como uno de los más difíciles de los últimos años. Tienen la esperanza de que la vida de sus estudiantes regrese a la normalidad progresivamente. Pero también anhelan que sus propias vidas se estabilicen lo más pronto posible.

Al igual que Bermellio, muchos han perdido sus más preciados bienes; mas esperan que el trabajo los ayude a reconstruir su futuro.

El rector de la Unidad Educativa Emilio Bowen señala que se dará flexibilidad a los docentes para que puedan culminar con las tareas de demolición de sus casas o el traslado de sus enseres hacia sus nuevos hogares. “Todos necesitamos una mano ahora”.
Mientras los maestros recuperan la concentración sobre sus actividades, los padres de familia mantienen la esperanza de que sus hijos logren superar la tragedia.

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