24 de enero de 2018 20:56

Lula, más cerca de la cárcel que de la presidencia de Brasil

Tres jueces decidieron aumentar la pena de cárcel, de 9 a 12 años, a Lula da Silva, acusado de corrupción. Foto: AFP

Tres jueces decidieron aumentar la pena de cárcel, de 9 a 12 años, a Lula da Silva, acusado de corrupción. Foto: AFP

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Agencia AFP

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El obrero que venció al hambre y condujo a Brasil a la cima, o el jefe de una de las mayores tramas corruptas de la historia: nadie es indiferente a Luiz Inácio Lula da Silva, ahora más cerca de la cárcel que de la Presidencia en un país dividido.

El horizonte de quien Barack Obama calificaba hace una década como “el hombre” se oscureció aún más este miércoles 24 de enero del 2018, cuando un Tribunal de apelación confirmó su condena por corrupción y lavado de dinero, aumentando la pena a 12 años y un mes de prisión.

Con medio mundo mirando, el trío de magistrados de la sureña Porto Alegre no dudó en señalar a Lula, de 72 años, como el padrino de la enorme trama corrupta de Petrobras, dejando malheridas sus aspiraciones de regresar en las elecciones de octubre próximo a la presidencia que ostentó entre 2003 y 2010.

Lula da Silva fue condenado a 12 años de cárcel, en un juicio por el caso de corrupción Lava Jato. Foto: Agencias


Podrá seguir recurriendo en libertad, pero el tiempo se agota para el icono de la izquierda. “El expresidente fue uno de los articuladores, si no el principal, del amplio esquema de corrupción” en Petrobras, argumentó uno de los jueces en su voto.

Pero el extornero mecánico que pilotó el milagro económico de Brasil ya ha burlado varios finales durante su improbable carrera.

Estoy “con la conciencia de que no cometí ningún crimen”, lanzó la mañana de este miércoles desde su cuartel general en el cinturón obrero de Sao Paulo.

Favorito en las encuestas, Lula se considera víctima de un “pacto diabólico” de las élites para impedir que gane las elecciones de octubre, en una guerra que comenzó en marzo de 2016 con la policía despertándolo al alba para llevarle a declarar.

Ya no hubo vuelta atrás en una tensa escalada que dejó en julio su primera condena a casi diez años de cárcel, después de que el aplaudido juez Sergio Moro le considerara beneficiario de una vivienda ofrecida por una constructora a cambio de contratos en Petrobras.

“Cuando era niño conocí el hambre y nunca osé robar ni una manzana. ¿Cómo podría robar un apartamento?”, retó Lula hace una semana.

Con otros seis procesos abiertos, la confrontación ha resucitado al combativo líder sindical que no paró hasta saltar de la fábrica al palacio de Planalto; pero los escándalos y la crisis han oxidado aquel histórico 87% de popularidad con el que dejó la presidencia en 2010.

Ascenso vertiginoso

Nacido en el árido nordeste, Lula conoció desde su nacimiento lo más dramático de la pobreza que azotaba a casi un tercio de los brasileños.

Séptimo hijo de un matrimonio analfabeto, fue abandonado por su padre antes de que la familia emigrara a la industrial Sao Paulo como millones de coterráneos.

Fue vendedor ambulante y lustrabotas, a los 15 años inició su formación de tornero, perdió un meñique en una máquina y al final de los 70 lideró una histórica huelga que desafió a la dictadura (1964-85).

Brasilia, sin embargo, se hizo esperar y fue derrotado en tres ocasiones como candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT), que él mismo cofundó en 1980.

Cuatro años antes, este sindicalista de potente magnetismo se había presentado en una conferencia del economista Eduardo Suplicy. Apenas tenía formación de operario, pero quería saberlo todo sobre la distribución de renta.

“Lula tiene una capacidad de asimilar conocimientos y de pronunciarse de una manera tan clara que consiguió entusiasmar a la población brasileña, especialmente porque siempre mantuvo un contacto muy próximo con todos, incluso con los más pobres”, contó Suplicy, quien fue también cofundador del PT y senador durante 25 años.

El político al que la revista Foreign Policy calificaría posteriormente como una “estrella del rock de la escena internacional” alcanzó finalmente la presidencia en 2003.

Durante sus dos mandatos, empujados por el viento a favor de la economía mundial, 30 millones de brasileños salieron de la pobreza. Y coronó su presidencia consiguiendo la sede del Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos de Rio 2016.

El éxito pantanoso

Pero fue en aquellos años de gloria donde muchos ven la raíz de los problemas que le han llevado a las puertas de la cárcel, como señaló en septiembre Antonio Palocci, su primer ministro de Hacienda, ahora preso por corrupción.

“[Lula] se disoció definitivamente del niño pobre para navegar en el terreno pantanoso del éxito sin crítica (...), del poder sin límites”, escribió quien fuera uno de los más influyentes jerarcas del PT.

Juntos habían sobrevivido al escándalo del 'mensalao' de 2005, una millonaria contabilidad ilegal para comprar el apoyo de congresistas, tras el que Lula descabezó la dirección del partido.

Él logró mantenerse al margen, fue reelegido en 2006 y en 2010 consiguió la victoria de Dilma Rousseff (destituida en 2016 por el Congreso).

Poco después, le diagnosticaron un cáncer de laringe que superó, aunque dejó huella en la voz rasgada con la que ahora clama que seguirá luchando para regresar y restituir el honor de su esposa, Marisa Leticia, incluida en varias de sus causas judiciales hasta su repentina muerte hace un año.

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