19 de abril de 2015 20:30

Las lluvias provocan graves estragos en diferentes zonas

El puente de ingreso a la comunidad de Monte Sinaí, en Guayaquil, cayó debido a las intensas precipitaciones. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

El puente de ingreso a la comunidad de Monte Sinaí, en Guayaquil, cayó debido a las intensas precipitaciones. Foto: Enrique Pesantes/EL COMERCIO

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En Santo Domingo de los Tsáchilas, Bolívar, Loja, Guayas y El Oro, los daños del invierno -ocurridos desde el 19 de marzo último- persisten. La mayoría de las familias sigue en albergues hasta recuperar sus viviendas.

Eso pasa en San José de Tambo, una parroquia del este de Chillanes (Bolívar). Hace un mes, tres personas murieron arrastradas por la corriente y 12 familias perdieron sus casas.
Ahora, los damnificados permanecen en dos refugios instalados en los centros educativos de la parroquia, mientras los funcionarios de los ministerios de Vivienda e Inclusión Económica y Social planifican la reconstrucción de las casas en un sitio seguro.

Las maquinarias del Gobierno Provincial y del Ministerio de Transporte reencauzan el río Changuil Dulcepamba, luego de que la corriente bajó. “Queremos evitar otra tragedia similar”, dice el gobernador de Bolívar, Fafo Gavilanes.

En los dos refugios temporales permanecen 46 personas, quienes reciben ayuda como ropa, raciones alimenticias y utensilios de cocina. Los afectados recuerdan que en pocos minutos las torrentosas aguas arrasaron con la iglesia comunal y seis viviendas, y otras seis casas tienen daños.

También se lamentan por la muerte de Carmen Quinatoa, de 26 años, su hijo Elquis Albuja, de 8 y Glenda Cuji, de 22. Ellos cayeron al agua cuando intentaban salir de su comunidad San Pablo de Amalí. Sus cuerpos fueron recuperados tres días después en la vecina provincia de Los Ríos, en el sector de la comuna La Libertad, 12 kilómetros río abajo.

Ahora su preocupación es que los efectos e intensidad de las lluvias se repitan. Según el coordinador de Estudios e Investigaciones Meteorológicas del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), Gonzalo Ontaneda, en los últimos años no hay normalidad en el período lluvioso.

Él asegura que hay lluvias que duran toda una noche o varios días, lo que no sucedía antes del 2000. “Es decir, que en más de una día se registran lluvias acumuladas que debieron caer en todo un mes”. Una de las causas es el cambio climático.

Eso ocurrió en la zona aledaña al kilómetro 28 de la vía Alóag-Santo Domingo. Allí, durante cuatro días se registraron precipitaciones que equivaldrían a un mes de intensas lluvias. Eso ocasionó el colapso del sitio y murieron 11 personas atrapadas bajo un derrumbe. Según la Gobernación de Santo Domingo, 300 personas resultaron damnificadas.

Y los efectos persisten. El jueves pasado se cerró otra vez la Alóag-Santo Domingo por las fuertes lluvias que hubo en Alluriquín, entre los kilómetros 78 y 84. Desde el viernes el pasó se habilitó de 11:00 a 18:00.

La familia Minda no se recupera de la pérdida de su vivienda, ubicada en el kilómetro 84 de esa carretera, en el asentamiento Lelia. Ayer se cumplió un mes desde que un deslizamiento de lodo, troncos de árboles y tierra cayó encima de sus casas mientras dormían.

“Hemos tenido que pedir ayuda a nuestros familiares porque lo perdimos todo. Mientras duermo es como si reviviera ese momento”, dice Julio Minda, de 56 años.

Marzo fue un mes atípico también en Loja. De acuerdo con los registros del Centro RadarNex, el 26 de ese mes llovió 40 litros por metro cuadrado durante dos horas consecutivas. Andreas Fries, coordinador del centro de monitoreo, dice que si esa cantidad de agua hubiese caído en 48 horas no habría ocurrido ninguna tragedia en Loja, porque el sistema de alcantarillado soporta ese volumen y el agua se filtra en la tierra. “Lo que ocurrió fue un fenómeno anormal”.

Esa lluvia intensa causó inundaciones y deslizamientos de tierra en varios sectores de la capital lojana. El más grave ocurrió en el barrio Sierra Nevada. Una vivienda fue destruida y seis personas murieron.

Entre marzo pasado y el 5 de este mes, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos evacuó a 215 familias lojanas cuyas viviendas quedaron afectadas por el ingreso de agua o deslizamientos. Además, 137 personas dejaron sus casas y pernoctaron en albergues de familiares acogientes.

Según Mario Benavides, director de la Secretaría de Riesgos de Loja, todas las familias recibieron ayuda en alimentos, vituallas y medicinas por parte de los ministerios de Inclusión Económica y Social y de Salud.

En el primer trimestre de este año, de acuerdo con datos del Inamhi, las lluvias se registraron principalmente en el Austro, Amazonía y Esmeraldas.

Pero para el siguiente trimestre (abril, mayo y junio) se prevé que se concentrarán en Esmeraldas, Los Ríos, Santo Domingo de los Tsáchilas y Manabí. Pero no se descartan irregularidades, como las sucedidas en marzo pasado, señala el experto Ontaneda.

Ahora, en Guayaquil, los estragos de las lluvias se concentran en la periferia de la urbe, en los asentados del sector Monte Sinaí. Allí, el pasado miércoles, la repentina crecida de un canal natural se llevó un tramo del camino que comunica a cooperativas como Promesa de Dios con otras. El mismo día, los moradores realizaron una minga para improvisar un puente para movilizarse.

Estragos de las lluvias se sienten en el sector de Monte Sinaí

En el cantón orense de Huaquillas, en cambio, el Ministerio de Inclusión Económica y Social lleva un registro de diez familias albergadas por los destrozos causados por la crecida del río Zarumilla, a inicios de este mes.

Ese río también afectó a poblados del cantón Arenillas y 12 familias fueron ubicadas en casas acogientes, a la espera de la rehabilitación de sus casas.

El COE cantonal de Balsas, localidad del altiplano orense, contabilizó 32 personas que aún siguen alojadas en el albergue del cantón, que fue adecuado en un colegio fiscal. Sus viviendas fueron afectadas por la creciente de una quebrada, en marzo pasado.

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