4 de March de 2010 00:00

La llegada desde Chile de las cenizas de Ana Vivero demoró

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Redacción Guayaquil  y  El Mercurio, Chile, GD

Cuando Aurora Márquez habló por teléfono con sus sobrinos, por la mañana, les pidió que estuvieran más tranquilos. Les dijo que  el vuelo desde  Santiago de Chile hasta  Guayaquil estaba confirmado, pero que no sabían exactamente a qué hora aterrizarían.

Eso  tranquilizó a sus sobrinos y  también al resto de la familia  que vive en el suburbio de Guayaquil. Desde que conocieron la noticia de la muerte de su hermana, Ana Celia Vivero Ayoví, a causa del terremoto que sacudió a Chile, el sábado pasado, la vida cambió para todos, cuenta  Aurora.

Ahora solo debían  esperar  que sus cuatro sobrinos llegaran en un vuelo de la Fuerza Aérea Ecuatoriana. Junto a ellos retornaban también  unos 55 emigrantes más que vivían en ese país.

Desde el lunes, el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda ofreció iniciar la construcción de la casa. El Innfa también ofreció colaborar con el estudio de los cinco hijos de Ana Celia.

El vuelo empezó en Concepción,  en medio del drama.  “Nos vamos, gracias a Dios”, repetían una y otra vez entre la pena y el miedo los   ecuatorianos que abordaron un  Hércules de la Fuerza Aérea Ecuatoriana,  que había llegado a Chile con ayuda humanitaria y los sacó de la zona devastada por el terremoto.

Varios son sobrevivientes y estuvieron en algunos de los puntos más críticos de la tragedia.

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