4 de July de 2009 00:00

El limón tahití es más productivo

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Vanessa Vera. Guayaquil

Con una varilla de metal, José Rufino Segura alcanza los limones escondidos entre las ramas. Con 67 años encima, se mueve con agilidad entre las ramas de los limoneros. Ya no siente el roce con las espinas, después de 13 años de hacer esta labor.

“Ya ni las siento”, recalca el agricultor quien llegó  a la hacienda La Chola un año después que se plantó el cultivo.



963 000 dólares
fue lo que exportó Ecuador en 2008. Colombia y EE.UU. son los primeros clientes.Segura es oriundo de Posorja, una parroquia rural de Guayaquil que colinda con el cantón Playas (Guayas). Allá solo pasa cuatro días. En la hacienda trabaja 10 días seguidos y luego tiene descanso. “Yo recibo un sueldo quincenal. Estoy acostumbrado a pasar más tiempo aquí y me gusta”, expresa. 

El limón es de la variedad tahití y  se produce   todo el año, pero cada mercado tiene sus meses de recolección. Segura lo conoce muy bien. Entre mayo y septiembre, los frutos se venden en supermercados y centros mayoristas de Guayaquil y Quito.



La producción anual
Los precios se redujeron a la mitad a principios de año. En 2008 se ubicaron entre USD 36 y 38, la caja de 40 kilos. Este año, el precio fue de USD 18 la caja.
La densidad en las plantaciones se ubica en 555 plantas por hectárea. A los 15 años, es necesaria la renovación.
En el país se comercializa dos variedades. El limón tahití que se destina a la exportación. Este tipo no tiene pepas, es más dulzón y más grande. La variedad sutil es más apetecida por el mercado local. Son pequeños. 
En un contenedor caben hasta 1 280 cajas de limón. El traslado a los EE. UU. se realiza en barco. El viaje dura 15 días.Entre octubre y diciembre, la producción se exporta hacia Europa. Y entre enero y abril, los principales compradores son  Estados Unidos y Puerto Rico.

Cristofer Cárdenas tiene apenas dos años como jefe de Campo de la hacienda. Ya conoce el tamaño, el color y la textura exacta que requiere cada mercado. “Debe tener el verde preciso para venderlo a Estados Unidos. Como el viaje dura 15 días, si llega de otro color lo rechazan”.

Cárdenas es peruano, pero vive en el Ecuador desde 19 95. Su trabajo en el campo empezó en la Sierra, en una plantación de frutas y vegetales.

Ahora, el limón es una de sus pasiones. Cuando recorre las 130 hectáreas de cultivo que tiene La Chola, sabe   en qué estado está cada lote. “Las matas son productivas desde los tres años. A partir de los cinco están en el pico de la producción”, dice mientras señala los árboles en cada etapa productiva.

Cárdenas explica que la parte más importante del manejo es la poda. Se debe realizar dos veces al año para que el árbol no supere los dos metros de altura.

Juan Carlos Barrezueta, gerente de la División Agrícola de la hacienda, reconoce que el limón es un cultivo joven y por eso deben aprender el manejo sobre la marcha. La Chola está en la comuna Zafando, en Chongón (Guayaquil), a 10 kilómetros de la vía a la Costa. El terreno es semiárido, por lo que se debe trabajar con sistemas de riego y compensar la falta de nutrientes con fertilización.

“Es un cultivo poco usual en el país, necesitamos  ayuda para mejorar algunos procesos de toda la cadena productiva”.

El mes pasado, a través de la Corporación para la Promoción de Exportaciones e Inversiones y la Asociación de Productores Pro Limón, tuvieron la asesoría de técnicos mexicanos para mejorar el cultivo.

Ese país es el mayor exportador de la variedad de limón tahití hacia los Estados Unidos. El año pasado,  en una partida arancelaria de limón tahití y persa vendió USD 143 millones, de los USD 147 millones que requirió ese mercado.

“Los técnicos nos dijeron qué parte de la planta debe podarse para que produzca en un determinado tiempo”, señala.

Actualmente, la hacienda produce 12 toneladas de limón tahití por hectárea. Con las nuevas técnicas se espera aumentar a 20 toneladas por hectárea.

Pro Limón se creó hace un año. Roberto Flor impulsó la creación del gremio. “Para tener más fuerza al momento de vender. Si somos pequeños no nos respetan y nos pagan poco”, dice Flor, quien tiene un sembrío de 13 hectáreas del cítrico en Santo Domingo de los Tsáchilas.

La agrupación tiene 12 socios. Entre todos suman 150 hectáreas  cultivadas. En promedio producen 15 toneladas por hectárea cada año. Todo se exporta.

Los principales compradores son Estados Unidos, Puerto Rico y Colombia. En Santo Domingo,  durante las épocas pico de producción trabajan hasta 200 personas en las labores de cosecha. En La Chola trabajan hasta 120 personas. El 50% es oriundo de Manabí, el resto llega desde Esmeraldas y Guayas.

Manuel Alcívar labora hace 14 años en la hacienda de la vía a la Costa. Él nació en Santa Ana (Manabí), pero su familia ahora vive en Guayaquil. “Casi ni salgo de la hacienda. Estoy tan acostumbrado que casi vivo aquí”.

A sus 58 años, las piernas casi no le responden. Cuando recoge el limón lo hace pausadamente. “No puedo agitarme mucho, por eso ahora ayudo a controlar a los que cosechan”.

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