22 de octubre de 2014 16:10

Izquierda 'pragmática' de América Latina ante el desafío de las urnas

José Mujica (izquierda) Presidente de Uruguay y Dilma Rouseff (derecha) Presidenta de Brasil. Fotos: AFP y EFE.

José Mujica (izquierda) Presidente de Uruguay dejará su cargo luego de las elecciones; y Dilma Rouseff (derecha) Presidenta de Brasil busca un nuevo mandato. Fotos: AFP y EFE.

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AFP
Montevideo

El mapa político de América Latina puede cambiar este domingo tras las elecciones presidenciales en el gigante Brasil y Uruguay, dos países que han sido catalogados parte del bloque de la izquierda “pragmática” de la región.

De momento, ningún experto puede pronosticar lo que sucederá en Brasil. La presidenta y candidata a la reelección, Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda, que lleva doce años en el poder), está casi en un empate técnico, según los sondeos, con su rival en el balotaje, el socialdemócrata Aecio Neves.

El panorama es también incierto en el vecino Uruguay. La sucesión del presidente José Mujica, quien goza de popularidad similar a la de una estrella de rock internacional, entra en la recta final con un desenlace incierto que puede llevar a la izquierda a perder el gobierno del pequeño país.

Tan sólo un cambio en Brasil, que tiene una población de más de 200 millones de habitantes, sería un sacudón del tablero de la región, donde una gran cantidad de países están gobernados por la izquierda.

Llegaron al poder en la década del 2000, luego de años de gobiernos neoliberales que hundieron en la pobreza a importantes sectores de la población, explican los analistas.

Pero dentro de este abanico, los expertos hacen una distinción entre la izquierda “pragmática” y la “radical”.

“La distinción tradicional es entre moderados socialdemócratas y radicales populistas”, estima Vicky Murillo, profesora de Ciencias Políticas de la universidad de Columbia.

Según ella, entre los primeros se cuenta el Partido de los Trabajadores en Brasil, el Frente Amplio en Uruguay y el Partido Socialista de la presidenta Michelle Bachelet en Chile. Los segundos incluyen al chavismo venezolano y el kirchnerismo argentino.

Pero más allá de una coincidencia de retórica, la diferencia debe hacerse “en particular en términos económicos”, explica Erick Langer, historiador y director de investigación sobre América Latina en la universidad de Georgetown (EE.UU.).

Fueron justamente algunas de esas medidas económicas -impulsadas durante una alentadora expansión económica- las que ponen en jaque ahora a los partidos gobernantes en Brasil y Uruguay.

En Brasil, por ejemplo, la nueva dinámica económica y social impulsada por el PT desde 2003 -a través de un cambio en las políticas públicas y sociales- permitió que 40 millones de pobres ingresaran a la clase media en apenas una década.

Pese a que el Frente Amplio de Uruguay tiene éxitos para mostrar en sus diez años en el poder (4,4% de alza del PIB en 2013, 11 años de crecimiento y una fuerte caída de la pobreza) , el candidato oficialista Tabaré Vázquez no tiene la elección asegurada.

Las clases medias cuestan caro

Paradójicamente, estos gobiernos tienen dificultades para satisfacer las exigencias de una clase media a la que contribuyeron a fortalecer.

“Han hecho mucho para servir a los pobres, pero no han tenido en cuenta que ya no es solamente a los pobres que hay que atender, sino a la clase media”, algo que es “mucho más costoso” y difícil en tiempos de desaceleración económica, afirma Langer.

“La educación y la salud son importantes temas de campaña y son una deuda de la izquierda en el poder”, subraya Murillo.

Así lo reflejan las encuestas. Por ejemplo, Rousseff lidera por lejos la intención de voto entre la población con menores ingresos y entre quienes tienen estudios primarios.

Para Langer, “el mejor ejemplo” de pragmatismo es el presidente boliviano, Evo Morales, el líder que ha permanecido más tiempo en el poder en el continente y fue reelecto el pasado 12 de octubre para un tercer mandato de seis años.

Pese a su discurso, centrado en el anti-imperialismo, que lo colocaría dentro del bloque de la izquierda radical, “ha hecho bien las cosas económicamente”, dijo.

“Nacionalizó los recursos naturales para aumentar los ingresos del Estado”, pero no se inmiscuyó en la administración de las empresas, explicó a la AFP .

“El discurso es una cosa, la política económica es otra”, concuerda Francisco Mora, director del Centro Latinoamericano de la universidad internacional de Florida (EEUU).

¿Una nueva reconfiguración de fuerzas?

El grupo de los radicales (Argentina y Venezuela) quedaría más aislado y sus problemas económicos -altas tasas de inflación y severos controles de cambio- más expuestos si hay un sacudón en el equilibrio de fuerzas de la región.

La presidenta argentina Cristina Kirchner, quien ha dado a sus socios del Mercosur (Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) más de un dolor de cabeza por sus restricciones a las importaciones, deberá utilizar sus argucias para poner cara de buenos amigos en caso de que gane Neves en Brasil o el candidato del Partido Nacional (PN, centroderecha), Luis Lacalle Pou, en Uruguay.

Al menos, la convivencia no sería demasiado larga.

La presidenta no puede postularse en las elecciones presidenciales del año próximo porque la Constitución sólo permite una reelección consecutiva.

Y aún es incierto quién es el candidato ideal del kirchnerismo para garantizar la continuidad de un proyecto que en 2015 llevará más de 12 años.

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