29 de marzo de 2017 00:00

El intercambiador De los Granados se abre tras 13 meses de trabajo

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
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Es la puerta de acceso desde el valle hacia la capital y se había consolidado como uno de los puntos críticos más conflictivos para la movilidad de Quito. Pero desde hoy, miércoles 29 de marzo de 2017, cruzarlo tomará cinco minutos.

Construir el intercambiador de La Granados y Eloy Alfaro, por donde circulan al menos 60 000 autos cada día, tomó 13 meses y requirió una inversión de USD 13,7 millones.

De las 10 rampas habilitadas, tres son a desnivel y permiten el cruce vehicular directo, sin detenciones. Antes de la intervención, pasar una de las intersecciones tomaba más de 25 minutos. Hoy se podrá hacerlo en menos de cinco.

Los pasos deprimidos que conectan la Río Coca con la Granados benefician sobre todo a los buses de transporte público que salen de la Estación de la Río Coca hacia Cumbayá, Tumbaco, Tababela...

Álex Rivera, gerente de Fiscalización y Estudios de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, explica que las tres rampas deprimidas suman más de 560 m de construcción bajo la tierra, y que para construir el intercambiador fue necesario expropiar parte de 12 predios.

La obra, que se inició el 7 de marzo del 2016, incluye un sistema de iluminación central en los pasos deprimidos. Se soterraron 1 500 m de cableado eléctrico y de telecomunicaciones, lo que mejoró el entorno. Asimismo, se intervino en 150 m² de áreas verdes y se sembraron 40 árboles.

El plan abarca además el reordenamiento del transporte público en la zona. Se reubicarán las paradas en función de las necesidades con el objetivo de que los peatones puedan circular con seguridad.

Los usuarios esperan que las incomodidades que debieron pasar durante la construcción valgan la pena. Antes de la intervención, Alfonso Varela, de 48 años, asegura que debía esperar hasta cinco fases del semáforo para cruzar por la Eloy Alfaro de norte a sur, lo que le tomaba más de 20 minutos.

La entrega de la obra estaba prevista para finales del 2016, pero hubo varios problemas que complicaron su ejecución. Al empezar a cavar la rampa 5 notaron que el paso deprimido que une la Granados con la Río Coca coincidía con el paso de dos tuberías de agua potable.

Las tuberías estaban a unos tres metros de profundidad y por allí debía pasar la rampa. Se trataba de grandes conductos de acero de 34 pulgadas, casi 1,5 metros de diámetro.

La única solución fue hacer unos desvíos y mover la tubería hacia los costados, para lo cual se construyeron 840 m de tubería de alta presión de agua potable y 935 m tubería de drenaje para lluvia.

Para construir las tres rampas se debieron hacer excavaciones de entre 10 y 12 metros. Al empezar los trabajos notaron que se trataba de áreas de relleno. Al hacer un hoyo profundo, los muros deben ser anclados al suelo, y como este era inadecuado, los anclajes debieron tener mayores dimensiones y por lo tanto el rendimiento normal de la infraestructura disminuyó hasta un 30%. “Se encontró con basura, material orgánico, agua, niveles freáticos”.

Esta situación se hizo más crítica con la época invernal.
Al ser excavaciones profundas, con edificios altos alrededor y obreros en la obra, los trabajos se debieron suspender decenas de veces y retirar a los trabajadores cuando llovía para precautelar su seguridad.

El alto tráfico de la zona obligó a avanzar despacio. Si se hubiese podido hacer una excavación grande, la intervención hubiese tomado menos tiempo, dice Rivera, pero se debió trabajar en taludes cerrados para dejar habilitados carriles que permitieran la movilidad.

Los moradores de la zona esperan que la movilidad mejore y que las molestias hayan valido la pena. Para Alfonso Martínez, este ha sido un año caótico por el trafico y la inseguridad vial en la Motilones. “Los buses escolares no podrían detenerse, los niños bajaban al vuelo y se arriesgaban al cruzar”.

Renato Herrera comenta que no podían salir del garaje y pide que vuelvan a colocar los rompevelocidades que retiraron y que la vuelvan doble vía.

Alfredo Viteri, experto en movilidad, explica que toda gran obra genera grandes inconvenientes, y asegura que la funcionalidad del intercambiador se podrá evaluar luego de un mes de habilitado.

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