20 de enero de 2016 17:27

El Danubio Azul sobrevive en La Cantera, zona de tolerancia del Centro de Quito

Los prostíbulos de La Cantera enfrentan un declive de clientes a causa de la falta de seguridad en la zona. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

Los prostíbulos de La Cantera enfrentan un declive de clientes debido a la falta de seguridad en la zona. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

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Betty Beltrán

La pendiente que rodea a La Cantera atemoriza a las trabajadoras sexuales de uno de los locales que funcionan allí: el Danubio Azul. Ese temor crece cuando llueve torrencialmente.

De ahí que las mujeres jamás duermen en ese lugar y alrededor de las 18:00 se marchan. Incluso el guardián del local tiene la orden de cerrar las puertas, salir de inmediato y ponerse a buen recaudo cuando la lluvia es intensa.

Todo cuidado, por más mínimo que sea, vale la pena, confiesa Italia Vaca, administradora del Danubio Azul. Ella fue dirigente de las trabajadoras sexuales. Y ahora está a cargo del espacio.

La Cantera empezó a funcionar en el 2006, tras el cierre de las casas de tolerancia de la 24 de Mayo, en el 2001. Y 10 años después, dentro de ese predio no ha ocurrido ningún cambio, tanto es así que incluso una roca que cayó en el derrumbe del 2007 permanece en el mismo sitio, el patio del Danubio Azul, según relatan las mujeres.

Allí, junto a los cordeles de ropa, se encuentra aquella roca de grandes dimensiones, quizá -menciona Italia- para recordar a las mujeres que el peligro está latente y "les respira en la espalda".

Su temor es real. Según Jorge Valverde, ingeniero geotécnico y profesor de la Escuela Politécnica Nacional, La Cantera es parte de la quebrada Jerusalén y es una "zona de alto riesgo, muy vulnerable". Además, el sector no tiene un buen sistema de alcantarillado.

Pese a todo, Italia insiste que ellas se mantendrán allí "hasta que Dios lo disponga". Es que además esa casa fue comprada por la Asociación Pro Defensa de las Mujeres y "no podemos abandonar el producto de nuestro esfuerzo".

No se van por eso, aunque aseguran que el movimiento de clientes sigue en declive. Este Diario visitó el lugar al mediodía de hoy, miércoles 20 de enero, el Danubio Azul y pudo constatar que la sala donde reciben a los clientes estaba completamente vacía.

Entre el martes, miércoles y jueves, las 10 mujeres que acuden al lugar suelen esperar a los clientes (unos 25 hombres máximo al día). El fin de semana sí suman entre 50 o 70 clientes, asegura Italia.

El ingreso al Danubio Azul cuesta USD 2 y el usuario tiene derecho a una cerveza o a una cola; el servicio tiene un costo de USD 12 (un dólar para la cama y los 11 para la trabajadora sexual).

Los interiores del Danubio Azul, uno de los prostíbulos de La Cantera. Foto: Eduardo Terán/ EL COMERCIO

El local se abre a las 11:00 y se cierra a las 20:00, pero "yo no les puedo exponer a las chicas y tampoco a los clientes", acota Italia. Ella sostiene que el sector no presta la seguridad necesaria, no cuentan con una Unidad de Policía Comunitaria, por eso la atención es solo hasta las 17:30 o 18:00.

La administradora del Danubio Azul recuerda que al inicio, hace 10 años, el movimiento en La Cantera era intenso. El 30 de agosto del 2006, primer día de trabajo en ese sitio, hubo 150 mujeres en esta zona de tolerancia y había mucha clientela. Pero la delincuencia frenó todo.

En otro local que aún abre sus puertas en La Cantera, la denominada Cantera Rosa, también hay poquísimo movimiento actualmente.

Uno de los empleados del sitio, quien solicitó la reserva de su nombre, informó que el aforo del lugar es para 200 personas y dijo que ni siquiera los fines de semana se llena. A duras penas suman unas 150, incluidas las 20 trabajadoras sexuales que acuden entre viernes y sábado.

El Municipio tiene la intención de que las trabajadoras sexuales del Centro Histórico suban, temporalmente, a este sitio y dejen la calle. Solo en el bulevar 24 de Mayo hay 65 mujeres, en la Plaza del Teatro unas 260, y en la esquina de la Plaza de Santo Domingo suman 48 personas.

Una medida que facilita el traslado de trabajadoras sexuales y de clientes es la nueva ruta de buses, que se habilitó hace 15 días. Se trata de La Tola-San Roque. Pero hasta el momento, confiesa Aníbal Oña, vecino de San Roque, "no se ve que sea de utilidad pues siempre está vacía".

También se adecentaron algunas zonas y se colocaron unos juegos infantiles al final de la calle Rocafuerte (última parada del bus). Incluso el administrador de la Zona Centro, Joffre Echeverria, mencionó -para una publicación anterior- que "se hablo con el Ministerio del Interior para ubicar una UPC en el lugar".

Con todo eso, Italia cree que La Cantera "sería un paliativo para las mujeres que están en la calle, pese al riesgo de la peña". Todo porque, agrega, "estar en la calle es peligroso y mejor La Cantera que nada; aquí se vigila y se cuida a las mujeres".

Finalmente, recomienda que las trabajadoras sexuales den una alternativa y "no se limiten a decir que desean quedarse en la calle. La calle es dura y lo mejor es estar en un sitio no solo por su salud sino también por su estabilidad".

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