9 de agosto de 2014 15:00

Julio César Chalá: “Por más que fui torturado, nunca traicioné a la Patria”

Julio César Chalá, héroe de la guerra del Cenepa, 1995.

Julio César Chalá, héroe de la guerra del Cenepa, 1995.

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Bolívar Velasco. Redactor (I)

Desde hace siete años, Julio César Chalá ya no se prepara para defender a la Patria en un campo de batalla. Ahora lo hace como abogado asumiendo casos de personas de escasos recursos económicos. Tiene su consultorio jurídico en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas. Para él, la disciplina y el honor son cosas que le marcaron la vida. No dar ni un paso atrás a las situaciones adversas es su filosofía.

Cuando retornaba de abastecer a una patrulla militar en la Cordillera del Cóndor, una bomba explotó cerca del imbabureño Julio César Chalá.

Las tropas militares de Ecuador y Perú enfrentadas en la guerra del Cenepa, por un conflicto limítrofe, estaban en medio de uno de sus continuos combates.

En uno de ellos, ocurrido una mañana de 1995, Chalá fue aprehendido por el entonces enemigo. Él se convirtió en el primer soldado ecuatoriano en manos de la milicia peruana.

Mal herido por la detonación, Chalá apenas escuchó a los soldados del Perú ordenar su traslado a uno de sus campamentos.

El sargento primero Julio César Chalá había quedado ciego temporalmente. Las esquirlas tras una detonación afectaron sus ojos y durante su cautiverio, en el que afirma haber sido torturado, solo escuchaba voces.

Incluso recuerda el estruendo de un helicóptero donde fue movilizado a territorio peruano.

Allí le pedían que detallara la localización de los campamentos militares del Ecuador. Pero él se resistía a “traicionar a la Patria” y declaraba que era un soldado de las reservas de las Fuerzas Armadas y desconocía las localizaciones.

Chalá es uno de los héroes de la guerra del Cenepa y tiene decenas de galardones. Pero de los que más está orgulloso son la Cruz de Guerra y la condecoración Cabo Luis Minacho. El Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas le entregó estas distinciones con altos honores.

Como prisionero estuvo en un hospital de Perú atado a una cama de pies y manos. Los 31 días que pasó allí fueron eternos y de penumbras, pues aún no podía ver. Cuando la Cruz Roja Internacional hizo una mediación para intercambiar rehenes ecuatorianos y peruanos, Chalá supo que no era el único. Un compañero de combate también estaba detenido.

Entonces, los voluntarios consiguieron que 20 soldados peruanos sean intercambiados por los dos ecuatorianos. Julio César Chala recobró poco a poco la visión en uno de sus ojos.

Para intentar recuperar la visión de su ojo izquierdo, se sometió a 19 cirugías sin éxito. Solo tiene la córnea.

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