17 de junio de 2016 00:00

La estancia de Julian Assange, en la Embajada, tiene secuelas

El fundador de Wikileaks ­pidió asilo a Ecuador por temor de ser extraditado a Suecia, donde es buscado por dos acusaciones de agresión sexual. Foto: Reuters

El fundador de Wikileaks ­pidió asilo a Ecuador por temor de ser extraditado a Suecia, donde es buscado por dos acusaciones de agresión sexual. Foto: Reuters

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Adriana Noboa

La sede diplomática de Ecuador en Londres ha recibido a tres embajadores desde el 2010. La primera fue Ana Albán, que estuvo
a cargo 39 meses, la siguió Juan Falconí, con 21 meses, y finalmente Carlos Abad, quien lleva 12. Pero el australiano Julian Assange los supera a todos con cuatro años de estancia, que cumplirá este domingo 19 de junio.

El fundador de Wikileaks ­pidió asilo a Ecuador por temor de ser extraditado a Suecia, donde es buscado por dos acusaciones de agresión sexual, y después a EE.UU.

El día que se presentó ante Albán, en la Embajada, empezó un encierro que se ha prolongado de forma indefinida.
Francisco Proaño, exdiplomático, cree que podría seguir así por algunos años más, porque el caso se ha vuelto rutinario, y ya no tiene la importancia mediática inicial.

Para Marcelo Fernández de Córdoba, excanciller y exembajador en Londres, el caso ha sido difícil de llevar para Ecuador porque lo buscan por crímenes comunes, no políticos. Recuerda que una de las acusaciones prescribió en agosto y la segunda lo hará en el 2020; por lo que entonces esa sería su fecha de salida.

El último movimiento en el caso fue el 25 de mayo. La Corte Distrital de Estocolmo mantuvo la orden de captura en su contra. Argumentó que aún es sospechoso y existe el riesgo de que huya. Pero espera una respuesta sobre ir a tomar su declaración en la Embajada.

Con la llegada del fundador de Wikileaks, Inglaterra y el mundo volvieron la mirada a Ecuador. Para Proaño “nos puso en el mapa de mala manera, porque para muchos países, Assange es alguien que ha violado la ley”.

Aunque también Assange ha sido un referente de libertad de expresión para activistas en el mundo. Para este 19 de junio organizan un acto fuera de la Embajada y se han activado en redes sociales para agradecer a Ecuador por mantener a Assange.

Por eso Francisco Carrión, también excanciller y diplomático, cree que “el costo político no ha sido alto, en la medida que ha reflejado que Ecuador respeta el derecho de asilo” y la defensa de los DD.HH.

Pero la convivencia con un inquilino permanente en la oficina no es fácil. Y, al haber aceptado la petición de asilo, el Gobierno tuvo que hacerse cargo del inesperado huésped.

Albán, en ese entonces, al ser consultada sobre esa relación, se limitó a decir que hablaban cuando era necesario, una relación de trabajo. Pero un año después, en junio del 2013, renunció y cambió su cargo en Londres por uno en la sede de La Paz, Bolivia.

Ese mismo mes Assange había hecho de portavoz de Edward Snowden, extécnico de la CIA buscado por EE.UU., y reveló que el salvoconducto que le habría permitido viajar desde Hong Kong a Rusia fue dado por la misión ecuatoriana en Londres.

Con el siguiente embajador, Falconí, las cosas no fueron totalmente diferentes. Según fuentes cercanas a Wikileaks, mantenían una relación distante, muy incómoda. Y cuando se su supo que la afección pulmonar de Assange se había agravado, en 2014, el australiano convocó a una rueda de prensa, en la que lo acompañó solo el entonces canciller Ricardo Patiño.

De la relación con el actual Embajador no se conocen detalles. Hay silencio sobre la situación en la Embajada. Pero cuatro meses después de que llegara Abad, en octubre del 2015, el Gobierno británico redujo la vigilancia de la sede, que hasta entonces le había costado unos USD 18 millones, según la Policía Metropolitana.

La Convención de Caracas sobre el Asilo Territorial, firmada por Ecuador, dice que “los gastos de toda índole” que demande la internación de asilados políticos irán por cuenta del Estado. Sobre estos gastos también hay reserva. EL COMERCIO solicitó información actualizada a Cancillería, pero al cierre de esta edición no hubo respuesta.

Lo último que se supo, en junio del 2014, tras una acción constitucional de acceso a la información pública planteada por este Diario, fue que para la alimentación de Assange se habían gastado USD 5 773 en 2012 y 5 504 en 2013.

Esa ocasión, la Cancillería afirmó que no existía un incremento en los gastos de la sede, pero según su propia información financiera, a partir del arribo de Assange (el 2012) el presupuesto total se incrementó en USD 120 000.

Desde hace dos meses, un personaje más se sumó a la historia: un gato. El animal vive con Assange desde abril. Desde una cuenta de Twitter se reporta lo que sucede en la sede, como la última visita del documentalista estadou­ni­­dense Michael Moore.

El Gobierno ecuatoriano, a través del actual canciller Guillaume Long, ha reiterado la voluntad de mantener el asilo.

Fernández recuerda que legalmente el Estado puede retirar el asilo en cualquier momento, bajo una argumentación debida. Y el cambio de Presidente está a 11 meses. Sin embargo, Proaño señala que incluso así sería difícil que se le retire el estatus de protección, ya que será un tema de imagen respetar el asilo concedido.

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