6 de septiembre de 2014 12:54

Julexi Chévez hizo de su enfermedad un motivo para luchar

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Ivette Viña. Redactora

Durante los últimos días de su vida Julexi Chévez repetía sin cesar “los doctores están locos, yo estoy sanita”.

Sus familiares reían al escuchar esta frase optimista sobre la salud de la joven, de 17 años, quien luchaba contra una etapa avanzada de osteosarcoma (cáncer a los huesos) y tenía amputada una parte de su pierna derecha. Además tenía metástasis pulmonar.

El viernes, 29 de agosto de 2014, la madre y el abuelo de esta adolescente, virreina del cantón Buena Fe, en la Provincia de Los Ríos, en la costa de Ecuador, se percataron de que le faltaba el aire. Los días siguientes su situación empeoró y fue llevada a una casa de salud en Santo Domingo de los Tsáchilas, en el noroccidente del país.

Familiares y amigos de Julexi Chévez recordaron sus enseñanzas en gigantografías. Foto: Juan Carlos Pérez/ El Comercio.

Durante su estadía en la clínica sus seres queridos se sintieron esperanzados. “La mañana del día en el que falleció ( jueves 4 de septiembre) ella comió, sonrío y se pego una bailadita”. Sin embargo, la tarde de ese mismo día su corazón dejó de latir.

Su enfermedad

El teléfono sonó y una voz conocida le habló a Francisco Vélez. Era su nieta, quien con un tono optimista le decía, “abuelito ya me quitaron el tumor de mi rodilla, pero me amputaron la pierna. Por fin me quité ese peso de encima”.

Vélez no lograba entender cómo una joven, de apenas 14 años, que acababa de perder una parte de su cuerpo y había sido diagnosticada con osteosarcoma (cáncer a los huesos) podía decir ese tipo de cosas con tanta naturalidad.

“Eso me demostró que a ella no la paraba nada”. Todo empezó una tarde hace tres años.

Julexi Chévez. Fotos del Facebook de la Fundación Jóvenes Contra el Cáncer.

Julexi Chévez. Fotos del Facebook de la Fundación Jóvenes Contra el Cáncer.

Julexi salió con una de sus tías a comprar víveres a la tienda que quedaba a pocas cuadras de su casa.

En el trayecto, un perro golpeó la rodilla de la joven, dejándola adolorida.

Después de algunos meses, el moretón en su pierna se convirtió en una enorme protuberancia que no la dejaba caminar.

Su familia visitó especialistas en Quevedo, Santo Domingo de los Tsáchilas y Guayaquil para descifrar que significaba ese tumor que se formó en su extremidad.

Finalmente, el diagnóstico de un médico en Saquisilí develó que sufría de un tipo de cáncer que atacaba a los huesos y que debían amputar parte de su pierna derecha.

“En ese momento comenzó su batalla por sobrevivir”. Las quimioterapias y las prótesis se hicieron parte de su vida.

Su lucha

Sus familiares jamás imaginaron que la presencia de una enfermedad tan grave regiría de manera positiva el destino de la muchacha. A partir del primer diagnóstico comenzó su lucha por el respeto a la atención y a los derechos de las personas que padecen cáncer o tienen algún tipo de discapacidad.

“Ella siempre quiso ayudar a las personas que lo necesitaban, pero a raíz de que le quitaron parte de su pierna decidió que debía luchar por brindar atención a quienes sufren lo mismo que ella”.

El 16 de septiembre de 2013 se trasladó, con 200 de los integrantes de la fundación Jóvenes Contra el Cáncer Ecuador (JCCE), hasta la Presidencia de la República para exigir una mejor atención en salud para personas con cáncer. Sus peticiones no terminaron ahí.

El 21 de mayo de 2014, expuso, una vez más, ante la presidenta de la Asamblea Nacional, Gabriela Rivadeneira, las necesidades de los “guerreros del cáncer”.

Su amor

Un cruce de miradas con el camarógrafo que filmaba la ceremonia de graduación de Julexi bastó para que la joven encontrara el amor, en marzo de 2014.

Jairo Berbel, periodista español de 25 años, estaba a cargo de captar las mejores imágenes de ese día, pero “en el camino se cruzó una de la mujeres más bellas” que vio en su vida.

Una solicitud de Facebook aceptada y largas horas de conversaciones convencieron a la muchacha de aceptar el amor de Jairo.

“Cuando la vi me encantaron sus ojos verdes. Aunque sabía que no estaba curada del cáncer y de que tenía el riesgo de perderla, nada iba a impedir que yo esté con ella”, recuerda Berbel.

Otros de sus grandes amores eran sus hermanos de 15 y 18 años, su abuelo y su madre, Sonia Vélez.

Su belleza

Lentejuelas, flores, colores vivaces y pelucas la adornaban a su paso por la pasarela. Para la adolescente de ojos verdes y rostro pecoso el modelaje se convirtió en un aliciente frente a su enfermedad.

 Ella participó en los desfiles Bionic Fashion Day, en Ecuador y Venezuela.

Además, fue electa virreina del cantón Buena Fe, el 26 de julio pasado.

Antes había sido nombrada reina de la fundación Jóvenes Contra el Cáncer Ecuador (JCCE).

“Decía que modelaba para demostrarle a todos que sin su pierna también era alguien útil y hermoso”, recuerda su abuelo Francisco.

Sus anhelos

En uno de sus discursos mencionó que “la buena educación no es aquella que se hace de cabeza a cabeza, sino la que se hace de corazón a corazón”.

Para ella, la preparación profesional era una de sus prioridades.
Soñaba con ser una médico oncóloga y por ello decidió cursar en el colegio de señoritas Quevedo la especialidad de Químico Biólogo.

Ni el dolor de sus huesos, ni el malestar que le provocaba el tratamiento de quimioterapia impidieron que se gradúe con buenas calificaciones, en marzo del 2013.

Con el fin de prepararse para su futura carrera como doctora, estaba estudiando un curso de enfermería.

“Anhelaba construir un centro médico para personas con discapacidad y curar a su abuelito de su enfermedad del corazón.

Nos enseño a valorar la vida y a luchar por hacer nuestros sueños realidad”, señala su amigo

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