25 de April de 2011 00:00

Juan Pablo II

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En la semana anterior, el Vaticano elevó al papa Juan Pablo II a la categoría de Beato, beatificación previa a la Santidad.

Recordemos que en el año 1985 Juan Pablo II estuvo en nuestro Ecuador y habló a los obispos, sacerdotes, religiosas; a los jóvenes, a los trabajadores, a los indígenas, a las familias, a los habitantes del suburbio de Guayaquil, pero hizo dos disertaciones de particular importancia para el tiempo actual: a los intelectuales y a quienes trabajan y hacen prensa, radio y televisión.

Mencionó la libertad durante la disertación desde Radio Católica Nacional. Dijo: “Quisiera añadir que nunca os prestéis a ser instrumentos de intereses particulares desorbitados, ansiosos de medrar a costa del bien común. Tened, por el contrario, la valentía de comprometeros con las causas que merecen la pena: las de la moralidad a todos los niveles, la libertad, la justicia, la paz, la fraternidad, los deberes, los derechos de cada persona, la elevación social”. Esta parte finalizó así: “Dios os bendiga por lo que habéis hecho en esta dirección y aliente vuestros mejores esfuerzos en lo sucesivo”.

Hablando al Cuerpo Diplomático, enunció: “La función pública solo puede ser entendida como lo es realmente: un servicio al pueblo”; y a los trabajadores, en la plaza de San Francisco, expuso: “Todo orden social que quiera servir al hombre, habrá de colocar como fundamento de su legislación, de sus instituciones y de su vida productiva, la valoración del trabajo de sus conciudadanos, evitando convertirlo en una simple mercancía, en objeto de compra y venta en el mercado”.

Habló a los intelectuales en la Iglesia de La Compañía.

Se refirió a las exigencias de la sociedad actual a favor de la justicia, del cambio de estructuras injustas y de la liberación del hombre de todas las esclavitudes que lo amenazan.

El Papa advirtió: “Sin que podamos olvidar, ante la tarea que nos incumbe, que fuerzas sociales, alimentadas bajo el signo de cualesquiera materialismos, teóricos o prácticos, quieran instrumentalizar, al servicio de sus propias finalidades, los dirigidos análisis de la realidad social; mientras elabora estructuras políticas y económicas en las que el hombre, desposeído de su ser íntimo y trascendente, pasa a ser una pieza más del mecanismo, una pieza más del mecanismo que lo priva de su libertad y dignidad interiores, de su creatividad como ser libre ante la cultura sin fronteras”. (Enero 30 de 1985).

Quienes se proclaman cristianos, incluso católicos “practicantes”, deberían seguir estos principios de quien apunta a Santo de la Iglesia Católica: respetar la libertad de los ciudadanos, buscar la justicia sin convertir al ciudadano en una pieza de mecanismo político, respetar su dignidad, velar por su progreso, procurar una etapa de justicia y tratar a los demás con tolerancia.

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