13 de junio de 2014 10:05

Juan Manuel Santos, el apóstol de la paz en Colombia

El Presidente de Colombia Juan Manuel Santos, durante la inauguración de la nueva terminal internacional del aeropuerto El Dorado de Bogotá (Colombia), el pasado miércoles 17 de octubre de 2012. EFE
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Agencia AFP
Bogotá

Tras liderar la mayor ofensiva contra las FARC en Colombia, el presidente Juan Manuel Santos, en liza este domingo por la reelección, aparece como el apóstol de la paz con la guerrilla, obsesión de este país que sufre un conflicto armado de medio siglo.

"Lo que más le conviene a mi país, lo que más necesita, es vivir en paz. Vivimos 50 años matándonos entre hermanos", dijo Santos en una reciente entrevista con la AFP, en la que llamó a la rebelión marxista a "cambiar las balas por votos".

Artífice de las negociaciones que avanzan desde noviembre de 2012 en Cuba con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), este dirigente de centroderecha de 62 años, quien acaba de anunciar el comienzo de diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN, extrema izquierda) -segunda guerrilla del país-, recalcó que "la paz no se improvisa".

Padre de tres hijos, este hombre de apariencia sencilla, que quedó en segundo lugar en la primera vuelta del 25 de mayo, ha resumido lo que está en juego en esta elección: "el fin del conflicto o un conflicto sin fin".

Nacido en una influyente familia de la política y del periodismo -su tío abuelo fue presidente de la República y dueño del diario El Tiempo- Santos encabezó varios ministerios, desde Comercio hasta Finanzas, antes de ocupar el de Defensa bajo el mandato de su predecesor y exmentor, Álvaro Uribe, actual senador electo.

Desde esa cartera se convirtió en uno de los principales verdugos de las FARC. En 2008, mandó bombardear un campamento en Ecuador en el que murió el número dos de las FARC, Raúl Reyes, y dirigió el operativo para la liberación de la rehén franco-colombiana Ingrid Betancourt.

Ya presidente, Santos prosiguió su ofensiva: en 2010 ordenó el operativo en el que cayó Jorge Briceño (Mono Jojoy), entonces jefe militar de las FARC, y un año más tarde autorizó el hostigamiento en el que fue abatido el máximo comandante de esa guerrilla, Alfonso Cano, pese a que ya había contactos secretos para iniciar un proceso de paz.

Antes de instalar los diálogos en La Habana, Santos impulsó una ley de restitución de tierras a campesinos desplazados por la fuerza, y de reparación a las víctimas de un conflicto que ha dejado al menos 220 000 muertos y cinco millones de desplazados.

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