23 de November de 2009 00:00

JP II a los altares

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Jorge Salvador Lara

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 Según informa la prensa internacional, la Congregación Vaticana para las Causas de los Santos integrada por 15 cardenales y otros 15 prelados, terminó la semana pasada la revisión de la vida y obras del papa Juan Pablo II, incluidas todas sus encíclicas, homilías, mensajes y más escritos minuciosamente recopilados, y aprobó sus ‘virtudes heroicas’, documento llamado ‘positio’, todavía reservado, que Benedicto XVI deberá a su vez revisar, suscribir y anunciar, paso previo para proclamar beato a Juan Pablo II en solemnísimo acto en la Plaza de San Pedro, posiblemente el domingo 10 de octubre de 2010, es decir algo más de cinco años después de su muerte. Esta información llena de alegría al mundo católico.

El pontificado de Juan Pablo II es uno de los dos más largos de la historia de la Iglesia y de los más fecundos, por haber participado en tantas y tan trascendentes actividades y prédicas sobre la doctrina del Catolicismo, que reafirmó con documentos básicos (Catecismo, Derecho Canónico y Doctrina Social); la vida, la paz y futuro del mundo (caída del Muro de  Berlín, colapso del imperio soviético); fomento de las relaciones internacionales (reconocimiento del Estado Vaticano por Israel, EE.UU. y México que se añadieron a otros 168 Estados); más de 150 viajes apostólicos como Pontífice a todos los continentes, (con un recorrido equivalente a más de tres veces y media  la distancia de la Tierra a la Luna); visitas pastorales como Obispo de Roma a casi todas sus diócesis sufragáneas y silente ofrecimiento de sus dolores físicos y su cuasi-martirio tras el intento de asesinato fraguado en Bulgaria, desde el interior de la Cortina de Hierro.

Imposible resumir en breves líneas la ejemplar vida de Juan Pablo II trazada ya por brillantes y autorizadas plumas, entre ellas la del periodista norteamericano George Weigel (Plaza&Janés, 1999), y puesta de relieve en múltiples ocasiones por Benedicto XVI, su gran amigo, colaborador y sucesor. Pero si quisiéramos sintetizar en pocas líneas su legado doctrinario, bastaría con mencionar sus 14 encíclicas: Redemptor hominis, al principio de su ministerio pontifical; Dives in misericordia, sobre la misericordia divina; Laborem exercens, en el aniversario de la Rerum novarum; Slavorum apostoli, en memoria de los Santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los eslavos; Dominum et vivificantem, sobre el Espíritu Santo; Redemptoris Mater, sobre la Bienaventurada Virgen María; Sollicitudo rei socialis, en el XX aniversario de la Populorum Progressio; Redeptoris missio, la validez del mandato misionero; Centessimus annus, un siglo de la Rerum novarum;  Veritatis splendor, la enseñanza moral de la Iglesia; Evangelium vitae, valor y carácter inviolable de la vida humana; Ut unum sint, el empeño ecuménico; Fides et ratio, la fe y la razón, y Ecclesia Eucharistia, la Eucaristía en relación con la Iglesia.

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