29 de junio de 2014 19:28

El drama de los jóvenes con adicción a las drogas

ENRIQUE PESANTES / EL COMERCIO

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Washington Paspuel. Redactor 
wpaspuel@elcomercio.com
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Cristopher nunca conoció a su padre. Acababa de nacer cuando su progenitor fallecía, hace 11 años. En el momento en que su madre enviudó se trasladó con su hijo desde su natal Esmeraldas hasta Durán, en Guayas. Allí creció y se educó, pero hace dos semanas dejó de asistir a clases.

La madre cuenta que sus profesores empezaron a notar cambios abruptos en el comportamiento del escolar: lucía distraído y sus calificaciones bajaron. “Es un muchacho que saca buenas notas, pero cuando recae es inestable en clases”, cuenta la mamá.

Cristopher comenzó a usar hachís a los 10 años. Esta droga es un derivado de la marihuana considerada por los médicos como muy adictiva y de fácil acceso, debido a su bajo precio: hasta USD 1,50 cada gramo.

Con el tiempo también experimentó con “unas pastillas” que le vendían en un sector de la Bahía, en Guayaquil.

El adolescente nunca ha recibido tratamiento especializado para su adicción. Cada vez que recae y los síntomas de abstinencia afloran, su madre lo lleva al hospital. “Ahí solo le dan unos medicamentos y lo mandan a casa”.

El pequeño recayó por cuarta vez hace un mes. “Llegó y me dejó un dinero de lo que hace por las tardes limpiando parabrisas. Enseguida noté sus ojos rojos, su mirada perdida…”.

Su adicción lo alejó hasta de su entrenamiento en una academia de fútbol.

La psicóloga Julieta Sagnay, terapeuta de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) del Instituto de Neurociencias de Guayaquil, considera que el consumo de drogas en los escolares es cada vez más frecuente. En su consulta atiende a un promedio de 20 estudiantes de planteles educativos cada semana, diagnosticados con problemas de adicción.

Ella dice que la heroína es una de las drogas más peligrosas, por su alta adictividad. “Es la peor, porque los padres no notan que sus hijos la ingieren. Solo cuando el chico deja de consumirla se revela que es consumidor, porque muestra ansiedad,y tiembla, por el efecto de abstinencia”.

El proceso de desintoxicación en un centro tarda tres meses, pero la recuperación integral es mucho más larga. En el país de cada 100 personas que consumen estupefacientes, solo el 10% consigue rehabilitarse. El Gobierno habla de una “cifra alarmante que involucra directamente a adolescentes”.

De hecho, desde esa instancia se habló que este es “el año de la erradicación de drogas en escuelas y colegios”. Y los policías dicen haber “intensificado tareas” para evitar el expendio de narcóticos en los planteles.

Pero en la casa de Cristopher ahora no saben cómo superar por completo ese problema.

Jaime, en cambio, sí logró desintoxicarse. Poco después de cumplir 13 años, su madre descubrió que consumía cocaína en el plantel donde estudiaba, en un sector del suburbio de Guayaquil. “Llegaba tarde, y con mucho sueño. Empecé a notar que faltaba a clases, sacaba malas calificaciones. Decidí sacarlo de la institución educativa e ingresarlo al centro”, recuerda Sonia, su madre.

Detrás de su mirada perdida, Jaime no deja de sonreír. Se desintoxicó en un centro privado durante tres meses. Desde entonces acude a terapia dos veces por semana con sus padres. Un terapista vivencial le habla sobre los riesgos de recaer y sobre cómo superar los síntomas de la abstinencia.

Entre enero y abril de este año, 259 adolescentes fueron aislados en el país por la presunta tenencia y tráfico de drogas, según un reporte de la Dirección Nacional Antinarcóticos. Solo en Guayas fueron aislados 124 adolescentes por supuesta tenencia.

Ricardo Loor, jefe de Control de Demanda de Drogas del Consep, considera importante la prevención desde las autoridades educativas y la familia. “No puede ser que en los planteles existan muy pocos programas de orientación familiar. Sin la participación de la familia no hay educación ni prevención en drogas”.

El año pasado, las charlas del programa Yo vivo mi colegio llegaron a 350 000 alumnos.

La madre de Cristopher guarda en un cajón todos los medicamentos que le han recetado a su hijo. “Lo quisiera ingresar en un centro de tratamiento, pero no tengo dinero”. Ella lava ropa en su vecindario.

Los medicamentos que toma él solo sirven par tratar su estreñimiento y curar las llagas que le aparecieron en la boca por la ingesta de la droga. Cuando su madre habla, él asiente con su cabeza. A un costado, sobre la cama descansa el uniforme escolar planchado y los zapatos deportivos azules que alguien le regaló para que entrenara en la escuela de fútbol.

En contexto
La Policía anunció que en esta semana seguirá el trabajo de prevención contra drogas en planteles. Según la última Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas en Adolescentes, un 2,3% de los colegiales dijo haber experimentado con marihuana y 0,8% con cocaína.

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