10 de agosto de 2015 09:45

Japón vuelve a la energía nuclear pese a las lecciones de Fukushima 

Así terminó la nuclear de Fukushima, tras el terremoto y el tsunami gigante ocurridos el 11 de marzo de 2011. Imagen captada el 20 de marzo del mismo año. Foto:  AFP

La central de Fukushima quedó destruida luego de un terremoto y un tsunami el 11 de marzo de 2011. Foto: AFP

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Agencia DPA

"No al encendido", "Fuera centrales nucleares". Frente a la central de Sendai, en la punta sudoeste de Japón, cientos de personas se manifestaban el lunes 10 de agosto con pancartas contra la puesta en marcha de uno de los dos reactores de la planta, previsto para este martes.

Sin embargo, sus protestas encontraron oídos sordos en el gobierno del primer ministro conservador Shinzo Abe, en una Tokio situada a mil kilómetros de distancia.

Para Abe, la vuelta a la energía nuclear después de casi dos años de parálisis de todos los reactores como consecuencia de la catástrofe de Fukushima es una victoria, al menos por el momento.

El dirigente insiste en que la tercera mayor economía del mundo, que cuenta con escasas materias primas, no puede mantener a largo plazo la carga de las costosas importaciones de petróleo y gas.

Sin embargo, muchos de sus ciudadanos no están de acuerdo. Cuatro años y medio después del desastre nuclear causado por el terremoto y tsunami en Fukushima, las encuestas muestran que la mayor parte de la población está en contra de volver a la energía atómica, pese a los altos costes de la factura de la luz.

La catástrofe de Fukushima fue en opinión de los críticos también en gran medida una consecuencia de la connivencia entre el gobierno, la autoridad de control nuclear y la empresa administradora, Tepco. Y los críticos creen que esta red, bautizada como el "pueblo nuclear" y a la que pertenecen también muchos medios del país, está detrás de la reapertura de los reactores. "Estos actores del 'pueblo nuclear', que causaron en Japón la tragedia de Fukushima-Daiichi, intentan ahora volver a impulsar la energía atómica", afirma Shaun Burnie, experto en temas atómicos de la organización ecologista Greenpeace.

Durante un tiempo parecía que Japón renunciaría a la energía atómica. El antecesor de Abe, Yoshihiko Noda, anunció en septiembre de 2012 que el país abandonaría este tipo de energía hasta finales de la década de 2030. Pero luego su partido fue derrotado por el PLD de Abe, el mismo que durante décadas prestó poca atención desde el gobierno a los cuestionamientos a la seguridad de las centrales, como en Fukushima.

Hoy las autoridades aseguran que han aprendido la lección, que se han aprobado nuevos estándares de seguridad, supuestamente "los más estrictos del mundo".

Japón no aprendió nada de Fukushima, afirma por el contrario Shoji Takagi, que encabeza un grupo ciudadano cerca de la central de Sendai. El reactor de esta localidad tiene 30 años de antigüedad, como los de Fukushima. "Es incomprensible" que hayan declarado precisamente a este como el primero que reúne las condiciones de seguridad, opina Takagi. Sin embargo, también el Bloque 2 volverá a funcionar en octubre. Y le seguirá un tercer reactor en la isla de Shikoku hasta marzo de 2016. Pese a ello, lo que no habrá es una vuelta a la época anterior de Fukushima, cuando la energía atómica producía en torno al 30 por ciento de la electricidad del país.

El gobierno ha establecido ahora como meta entre un 20 y un 22 por ciento hasta el año 2030.

Los críticos ven dudoso sin embargo incluso este objetivo. Por un lado por la oposición de la población y por otro porque muchas de las centrales que están ahora a prueba son muy viejas y no podrán cumplir con los nuevos requerimientos de seguridad.

A ello se suma la competencia de las energías renovables y que el año próximo se liberalizará el mercado energético para los hogares en Japón.

Las renovables han vivido un fuerte auge en estos cuatro pasados años, desde Fukushima. Muchos expertos creen que el potencial de Japón en este terreno es muy importante. Pero el lobby atómico no se rinde sin luchar y tiene al actual gobierno y a los poderes económicos como aliados.

Si la producción de energía renovable se frena y a la vez la nuclear no se amplía como está previsto, Japón no tendrá más remedio que seguir quemando carbón y gas. Y con las consecuencias de ello también para el cambio climático. Así todo, el futuro energético de la isla sigue estando por definir.

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