11 de January de 2010 00:00

La izquierda

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Fabián Corral B.

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Revolucionaria, virtuosa, partidaria del cambio, progresista. Eso y mucho más identifica a la izquierda. Perversa, reaccionaria, explotadora, todo eso y mucho más se atribuye a la derecha. Es el debate de la simplicidad y el análisis del disparate el que ha llevado a semejante “sumario filosófico”.

Es el dogmatismo el que ha conducido a reemplazar la lógica con el prejuicio, a olvidar la historia y a  suplantar los fundamentos de la política por el folletín  y el discurso, las ideas por los gritos. Lo peor es que el fundamentalismo de los unos y de los otros ha enturbiado de tal modo el tema, que insinuar siquiera un cuestionamiento a la inefable izquierda, implica… ser fascista.

En medio de semejante torbellino de confusión, la democracia queda reducida a  un método que solo sirve para avalar a la izquierda, aunque las elecciones en que triunfe hayan sido fraudulentas. La “democracia” sirve para sustentar ridiculeces como la de don Zelaya, que  creyó que su sombrero reemplaza a las ideas. Y si ocasionalmente gana la derecha, entonces, llueven las descalificaciones y las sospechas y nacen los “movimientos de liberación” y todo el folclore revolucionario. Ya sucedió en México. Y probablemente sucederá en Chile.

La pregunta de fondo es: ¿y si un país tiene convicciones de lo que de derecha, y si un pueblo tiene vocación por el liberalismo y no por el socialismo, son legítimas sus decisiones, es válida su democracia? ¿O la democracia es solo para la izquierda? Este es uno de los dolores de cabeza hasta ahora no superados por los intelectuales, los de la izquierda, digo, porque desde hace rato el monopolio del pensamiento está en ellos.

Nadie más tiene derecho a pensar, si no es socialista.  El tema de fondo es que, a mi entender, “intelectual” significa ser  “pensador crítico”. Y ¿cómo pueden ser tales los que han vivido  a la sombra de las dictaduras, alabando a los caudillos, tragando la piedra de molino que justifica la opresión, negando el derecho de los presos políticos, escribiendo versos a la regímenes policiales en nombre de la libertad? Es posible todo eso, porque de intelectuales pasaron a cortesanos.

Con algunos en la derecha ocurrió lo mismo, aunque estos últimos son personajes menos notorios, porque no tienen tanta prensa, pero ellos, igual que sus congéneres zurdos, son cortesanos, sirvientes del poder, escribientes de lo que les manden. Todos ellos no son intelectuales de verdad, son comedidos con interés.

Noticia reciente es que la izquierda radical se ha reunido en Quito y, al parecer, cuestiona el poder de la “otra izquierda”, que también se dice radical y revolucionaria, y lo hace en forma rotunda y con las manos levantadas en preocupante gesto que, más allá de la limpia shasmánica, puede evocar  otros recuerdos. Manos levantadas, banderitas y radicalismo. Mala nota.

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