12 de diciembre de 2014 15:20

Huelga general en Italia contra los ajustes y los recortes

Los sindicatos de trabajadores italianos convocaron a una huelga general de ocho horas. Foto: AFP.

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Agencia DPA

Los sindicatos italianos convocaron para hoy 12 de diciembre una huelga general de ocho horas para protestar por las reformas en el mercado laboral y las medidas de austeridad, en la primera gran prueba de fuerza a la popularidad y la resolución del gobierno del primer ministro Matteo Renzi.

Los trabajadores del sector público y privado, entre ellos los de los ferrocarriles, a los que el gobierno inicialmente prohibió que hicieran paro, participaron en las protestas, que comenzaron a las 9 de la mañana (hora local) bajo el lema: "Cosi non va!" (¡Así no puede ser!).

Los sindicatos señalaron que la huelga, que afectó al tráfico de ferrocarriles y aéreo, así como a escuelas y hospitales, fue secundada por una media del 70 por ciento de los trabajadores de varios sectores. "La huelga general declarada hoy es sin duda un signo de gran tensión entre los sindicatos y el gobierno", dijo el presidente italiano, Giorgio Napolitano, a periodistas en Turín, advirtiendo que la confrontación "no es buena para el país".

La huelga fue apoyada por el sindicato más importante y por el tercero más fuerte (la CGIL y la UIL), que convocaron más de 50 actos y manifestaciones por todo el país, con Roma y Turín como puntos fuertes.

En Milán y Turín se vivieron algunos enfrentamientos entre manifestantes y la policía. El segundo sindicato del país, la CISL, se negó a apoyar la medida. "Hoy paramos Italia para poder comenzar de nuevo", dijo el jefe de la unión sindical UIL, Carmelo Barbagallo.

"Este país enfrenta la decadencia y se arriesga a la extinción". El principal enfrentamiento se centra en torno a la reforma laboral que propone el gobierno, que busca facilitar el dar empleo y despedir a trabajadores, aunque también amplía las ayudas y los servicios de búsqueda de trabajo para los desempleados.

El Parlamento aprobó la ley en principio la semana pasada, pero el gobierno tiene que elaborar el decreto para su implementación.

Renzi ha defendido la reforma que considera crucial para liberar un bloqueado mercado laboral, mientras los sindicatos y la izquierda del Partido Democrático del primer ministro la rechazan al considerarla beneficiosa para los empresarios pero que se aleja de los derechos de los trabajadores. "La emergencia de este país es el empleo.

Necesitamos políticas para crear puestos de trabajo, pero no pueden ser trabajos no cualificados sin derechos", dijo la jefa de la CGIL, Susanna Camusso.

Los sindicatos quieren "mejorar la ley laboral y la de presupuesto, dando prioridad al trabajo, a las políticas industriales, a los sectores manufactureros que están en crisis y para la creación de más y mejores empleos", añadió.

Además los expertos consideran que no es sólo el contenido de la reforma lo que indigna a los sindicatos, sino también que Renzi la haya impulsado en solitario, rompiendo la práctica de gobiernos anteriores que pactaban las grandes decisiones de política económica con los sindicatos y asociaciones de empresarios.

"Es una huelga puramente política contra el gobierno, culpable de haber abandonado el diálogo con los sindicatos", escribía el editorialista Dario Di Vico en el diario "Corriere della Sera", de tendencia centrista y progubernamental. Pero Renzi dijo la semana pasada que ya tenía suficiente con lidiar con los diputados para sacar la ley adelante.

"Así que no voy a empezar a negociar también con los sindicatos", dijo al canal de televisión La7 TV. Palabras que fueron muy mal recibidas teniendo en cuenta los orígenes de Renzi, pues su Partido Democrático de centro izquierda tiene raíces comunistas y vínculos históricos con el mayor sindicato del país, el CGIL.

Italia, uno de los países más endeudados del mundo, se encuentra sumida en una recesión récord que comenzó hace tres años.

En octubre, el desempleo subió al 13,2 por ciento, el mayor nivel desde que comenzó a registrarse la cifra en 1977, y subió también el desempleo juvenil hasta el 43,3 por ciento. Muchos italianos abandonan el país, frustrados y resignados. La UE le exige al país que reduzca sus deudas y lo haga rápidamente.

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