18 de February de 2015 18:53

Libia se volvió un terreno fértil para el Estado Islámico

Egipcios

Varios hombres lloran durante el funeral de uno de los coptos egipcios decapitados por el Estado Islámico (EI) en Trípoli. Foto: EFE

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Agencia AFP
Bengasi, Libia

Gracias al caos en que se ha sumido Libia desde la caída de Muamar Gadafi, el grupo Estado Islámico (EI) ha encontrado en ese país un terreno propicio para construir un nuevo bastión, una amenaza que multiplica las voces a favor de una intervención extranjera.

El vídeo difundido el pasado 8 de febrero por el grupo yihadista, en el que se muestra la decapitación de varios hombres presentados como cristianos coptos egipcios, ilustra la determinación del EI a exportar sus brutales métodos fuera de los territorios que controla en Siria y en Irak.

El grupo ha logrado hacer hablar de él de forma seria en las últimas semanas, tras reivindicar un ataque contra el hotel Corinthia, en el corazón de la capital libia, el pasado 27 de enero, que tuvo como saldo la muerte de nueve personas, entre ellas, cinco extranjeros.

Los yihadistas han sabido aprovechar la anarquía que se ha adueñado del país desde la caída de Gadafi en 2011; las nuevas autoridades libias no logran controlar a las decenas de milicias formadas por antiguos sublevados, que imponen su ley frente a un ejército y una policía debilitados.

Desde hace varios meses, dos grupos armados se disputan el poder: el primero, dirigido por el general Khalifa Haftar, que dice combatir el “terrorismo” en el este del país, con el apoyo del parlamento y el gobierno reconocidos por la comunidad internacional; el segundo, “Fajr Libya”, formado principalmente por las milicias de la ciudad de Misrata (oeste), se hizo con el control de Trípoli el pasado verano y ha instalado un gobierno paralelo.

Sin dejar de denunciar “el terrorismo” de forma regular, “Fajr Libya” mantiene turbios lazos con grupos radicales como Ansar Asharia y aún no ha reconocido la presencia del EI en Libia.

El grupo acusa a Haftar y a sus partidarios del antiguo régimen de haber orquestado un “complot” para justificar una intervención extranjera y debilitar a sus rivales.

‘Células durmientes’

El pasado 16 de enero, las autoridades no habían podido confirmar todavía que la decapitación de los coptos egipcios se hubiera producido en suelo libio.

Mientras, el portavoz de las fuerzas de Haftar indicaba que “el ejército libio había librado feroces batallas con el EI”.

“Hay células durmientes en cada ciudad, que mantienen relación directa con (el líder del EI, Abu Bakr) Al Bagdadi. Habrá otras operaciones terroristas contra los libios o los extranjeros residentes en Libia”, aseguró a la AFP el coronel Ahmed Al Mesmari, pidiendo el apoyo de la comunidad internacional.

Con la ejecución de los cristianos egipcios, el EI “quiere demostrar al público yihadista que su rama en Libia ya está desarrollada y que es la más potente de todas las filiales del grupo fuera del territorio sirio-iraquí”, considera Romain Caillet, experto en movimientos yihadistas.

La expansión del grupo yihadista preocupa profundamente a los países vecinos de Libia, como Egipto o Túnez, y también a otros estados africanos, como Níger y Chad, quienes recientemente consideraron indispensable” una intervención militar internacional en Libia.

'Terreno complejo'

En la otra orilla del Mediterráneo, Italia también se ha mostrado preocupada el avance en suelo libio del grupo terrorista, por verse expuesta a la situación en su antigua colonia, pero las primeras declaraciones ministeriales a favor de una intervención han sido atemperadas por el primer ministro Matteo Renzi, partidario de la “prudencia”.

Un diplomático árabe de misión en Trípoli consideraba que una intervención en Libia no será “tan fácil”, por tratarse de un “terreno muy complejo en el que se mezclan intereses y las adhesiones” de los distintos bandos.

“Seguramente” Fajr Libya la rechace por su relación con grupos islamistas moderados y radicales, considera, por lo que “las posibilidades de éxito de cualquier coalición se reducen considerablemente”, señala.

Sin embargo, llegados a este punto, “los libios ya no pueden decidir quién puede intervenir en Libia y cómo. Libia ha dejado de ser únicamente un problema libio”, tercia el analista Mohamed Al Jareh.

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