13 de noviembre de 2017 00:00

Investigación arqueológica en Solución Vial Guayasamín se completa el 15 de noviembre del 2017

Parte de los culuncos todavía conservan la vegetación que servía para protegerse. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

Parte de los culuncos todavía conservan la vegetación que servía para protegerse. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO.

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Ana María Carvajal
Redactora
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La primera etapa de la prospección arqueológica en la zona de influencia del proyecto Solución Vial Guayasamín se completa este miércoles 15 de noviembre de 2017.

La investigación para analizar los hallazgos arqueológicos en las 258 hectáreas del área, que incluye los cerros Guangüiltagua y El Rollo y los barrios de Guápulo y Perla Quiteña, se inició el 15 de septiembre y tenía un plazo de 60 días para el trabajo de campo.

Luego restan cuatro meses adicionales para efectuar un análisis en laboratorio y la elaboración del informe. Así lo explicó Ana Lucía Andino, directora de Investigación y Diseño del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP).

La entidad firmó el 18 de agosto un contrato para realizar el estudio, debido a un primer hallazgo en los trabajos para la construcción de la solución vial. Mientras no termine este estudio, la obra que llevaba 361 días de retraso, según la Empresa Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, no podrá reiniciarse.

El proyecto vial busca mejorar la conexión entre los valles y la ciudad. Pero se cruza con antiguos caminos que se usaban con el mismo objetivo siglos atrás: los culuncos.

Hasta el momento se han detectado al menos 10 fragmentos de estos vestigios en el área, según la arqueóloga Elizabeth Bravo. Los culuncos son caminos que diseñaban los indígenas para recorrer largas distancias y transportar productos.

Se trata de senderos que tienen una pequeña excavación y están cubiertos por vegetación. Las ramas protegían del sol, del frío o de la lluvia.

Los expertos inician sus caminatas alrededor de las 07:30. Son arqueólogos, antropólogos y ayudantes que buscan pacientemente cualquier indicio que demuestre que en medio de la vegetación o al borde de algunas vías y construcciones cercanas a la Solución Vial Guayasamín, aún existen huellas del paso de los antiguos habitantes de Quito hacia los valles de Los Chillos y de Tumbaco y hacia la Amazonía.

258 hectáreas son investigadas en la zona de influencia de la Solución Vial Guayasamín


Además de culuncos se han hallado fragmentos de muros y de cerámica, a través de sondeos o cateos, que son pequeñas excavaciones. Así se ha concluido de forma preliminar que los vestigios hallados podrían corresponder al período de integración (500-1500 DC), según el arqueólogo Andrés Mosquera.

Esto significa que los caminantes que usaban los culuncos pueden haber sido de cacicazgos de Rumipamba u otros sitios que se relacionaban con habitantes de los valles. Se han hallado evidencias entre el año 900 y el 1250 después de Cristo.

Los expertos que trabajan en el proyecto intentan reconstruir la historia del sector, a través de largas caminatas en medio de espinos. Se resbalan por las piedras, se abren campo con sus machetes y analizan cada pequeña pista con paciencia y cuidado para no dañar los vestigios.

Así han encontrado algunas piezas del rompecabezas. Desde lo alto de un talud que da al puente de ingreso a Guápulo desde la avenida Simón Bolívar, Mosquera enseña algunos fragmentos de culuncos y lo que queda de muros de piedra en una planicie. “Talvez había un sitio de control aquí, porque es un sitio de buena visibilidad. Desde aquí se puede ver quién viene y va al valle”. En sus recorridos han encontrado puntos estratégicos que poco a poco seguirán conectando. Durante el trabajo de campo se identificaron ciertos puntos en donde en el futuro es posible que se hagan excavaciones más profundas para buscar más restos.

Elizabeth Bravo, una de las arqueólogas que trabaja en el proyecto, afirma que ni el intenso calor ni las fuertes lluvias son obstáculos. Mojados, llenos de picaduras de insectos, señala, ellos disfrutan al máximo de su trabajo.

A diario se han encontrado con rutas complicadas, con laderas empinadas con una inclinación de 25 a 40 grados, pero lo han hecho a gusto, dicen Bravo y su colega Marco Vargas. En el camino hacen mediciones, limpiezas, georreferenciaciones y registros. Las cerámicas son indicadores claves para asociar los hallazgos con una época o una cultura.

El afán diario, dice Bravo, es la búsqueda constante. “Tenemos un buen equipo de trabajo que ha ido abriendo trochas. Nos hemos caído, hemos descubierto tramos de camino en lugares que nunca imaginamos y eso es para nosotros la mayor de las alegrías”.

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