14 de febrero de 2017 11:21

El intercambiador de Carapungo mejoró el tráfico, pero el peatón es vulnerable

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Evelyn Jácome

Desatar el nudo crítico que se formaba en la intersección de la vía Panamericana Norte y la avenida Simón Bolívar, donde en hora pico más de 900 autos intentaban cruzar de lado y lado al mismo tiempo, le costó a la ciudad USD 20,4 millones. El intercambiador de Carapungo, que entró en funcionamiento hace casi seis meses, consiguió reducir drásticamente el tiempo de circulación vehicular en el cruce: pasó de 45 minutos, a cuatro.

La parroquia de Calderón, que acoge a más de 400 barrios y que es la zona de mayor crecimiento urbanístico del Distrito, cambió su dinámica y le dijo adiós a las filas de autos de más de 20 cuadras, gracias a este intercambiador, el más grande de Quito.

Desde su apertura, Alegría Rojas, su esposo y sus tres hijos, que viven en Bonanza, pueden dormir 30 minutos más. Iván Mora llega a su casa luego del trabajo 40 minutos antes y puede ayudar a sus hijos en sus tareas.

El beneficio para los usuarios y para 250 000 que viven en la parroquia es evidente. Según una encuesta de movilidad, desde Carapungo y Calderón, al día, se realizan 82 570 viajes en transporte público y 42 674 en transporte privado. Sin embargo, los moradores coinciden que la obra dio a luz tres inconvenientes. El más importante tiene que ver con la seguridad del peatón.

A todas horas se ve a los transeúntes cruzando a la carrera los alrededores del intercambiador para poder ganarle a los autos. El lunes 13 de febrero del 2017, a las 08:15, en apenas cinco minutos 60 personas se arriesgaron y cruzaron en el extremo sur del intercambiador a 710m del único paso peatonal en la obra.

Darío Tapia, titular de la entidad, asegura que ya se analizó la situación y se decidió trabajar con brigadas de seguridad vial de la Agencia Metropolitana de Tránsito  (AMT) y se iniciará una campaña de educación vial en el sector. En cada brigada trabajarán ocho agentes después del feriado de Carnaval. Pese al desorden de los peatones, según datos de la AMT, la accidentabilidad en la vía decreció.

Entre septiembre (cuando se inauguró el intercambiador) y diciembre del 2016 ocurrieron 10 accidentes de tránsito, mientras que en el mismo período del 2015, hubo 27. Esto representa una reducción del 63% en esta clase de siniestros. Con respecto a atropellamientos, en 2015 hubo 2 y 1 en el 2016.

Vicente Costales/El Comercio Los peatones se  arriesgan a cruzar las vías del intercambiador.

Los peatones se arriesgan a cruzar las vías del intercambiador. FVicente Costales/El Comercio

Otro de los problemas en el sector afecta directamente a los tradicionales locales de venta de fritada, a pocos metros de la Luis Vaccari. Llevan allí más de 50 años, pero desde que se inició la construcción del intercambiador, las ventas se fueron en picada.

Al local Fritada Casa Chica, de Rocío Cóndor, de 43 años, cada vez entran menos clientes. Hasta el 2015 vendía unos 200 platos al día de lunes a viernes; los sábados llegaba a los 350. Pero cuando empezó la construcción la venta bajó en un 70%. Hoy, cuando le va bien, vende 100 platos diarios. Recuerda que por poco se va a la quiebra. Si logró mantener el negocio fue porque no paga arriendo. Pero otros locales no tuvieron esa suerte. Antes, nueve locales vendían fritada, pero tres ya cerraron.

Cóndor asegura que sus clientes no tienen donde estacionar, ni en la principal ni en los pasajes cercanos, donde suelen parquearse los buses y taxis informales. Si sus clientes lo hacen, los multan.

Antes tenía tres empleados, pero debió despedir a dos. Junto a su negocio está el de María Pañora. Para ella, el mayor problema es que justo frente a su local habilitaron una parada de buses, por lo que hoy debe lidiar con la vereda llena de basura, el esmog de los buses, el ruido y la delincuencia.

Los comerciantes de esta zona hacen un llamado a las autoridades para que les ayuden a buscar una alternativa a este problema y les permitan estacionar en una calle secundaria cercana. Por su parte, Tapia se comprometió en ponerse en contacto con las comerciantes para habilitar en alguna calle cercana una zona azul para fomentar el negocio.

El tercer problema es la cantidad de ventas ambulantes que se ubican en la vereda oriental de la vía sentido Carcelén–Calderón. Hay al menos siete puestos de venta de comida que ofertan tortillas, secos de pollo, guatita, empanadas de morocho... Además, ropa y calzado. Las ventas se realizan en dos horarios: de 05:00 a 10:00, y de 16:00 a 22:00. Tan saturada está la vereda que la gente debe caminar por la calle. Moradores y usuarios pidieron mayor control

Según Isabel Bejarano, presidenta de la Junta Parroquial, el impacto del intercambiador es favorable, pero insistió en la importancia de hacer un trabajo complementario al interior de la parroquia. Hacen falta paradas y buses internos, que sirvan a barrios desatendidos como Alborada de la Paz, Los Ángeles 2 y 3, Babilonia, San Juan Loma 1...

Tapia aseguró que se viene un cambio para la zona. Se tiene planeado desarrollar un plan con más alternativas de movilidad, rutas con líneas exclusivas y ordenar el sistema de transporte interno. Indicó además, que la extensión de la Simón Bolívar tiene un 65% de avance y que su construcción permitirá abordar el problema de la movilidad de manera global.

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