18 de January de 2010 00:00

‘La inseguridad transforma a la sociedad y aisla a las personas’

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Redacción Ecuador


Si partimos del hecho de que la inseguridad se  incrementó en el Ecuador, ¿se podría decir que coexistimos en  una sociedad de desconfianza mutua? 

En efecto, en la actualidad tenemos una sociedad que vive mirando hacia afuera, con una percepción de que todo la persigue. Incluso, los sociólogos llaman a esta manera de comportamiento como el proceso de la anomia. Es decir, el miedo al otro, al extraño al que no se conoce.  De este modo,  se logra entender porque nos alejamos de las personas cuando las escuchamos hablar. Especialmente, si identificamos que tienen acento colombiano o cubano o son de raza negra. Eso es temer y desconfiar del otro, sin que éste nos  haya dado motivos.

Entonces, ¿el temor es real o es una percepción?

El temor es un hecho real  porque la inseguridad es real. El problema es que el crimen organizado se  incrementó no solo en el Ecuador, sino en América Latina desde  finales de los 70 e inicios de los 80. La Policía ha reconocido que muchas bandas de criminales, que se  formaron en otros países, actúan ahora en  territorio ecuatoriano.

¿A qué países se refiere?

A Perú y Colombia, principalmente.

¿POR QUÉ
ESTÁ AQUÍ?
Su experiencia.  Es magíster en Gobernabilidad y Desarrollo, semióloga y  miembro del grupo investigador del Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS), sobre el  tema de seguridad.      
Su punto de vista. Asegura que la participación ciudadana es clave para mejorar la seguridad
individual y colectiva.

¿Esto ha influido para que tengamos sucesos delictivos con una violencia mayor que hace algunos años?

Claro. Hay un incremento de la violencia urbana. Hay más muertes sangrientas, secuestros y personas acribilladas. Sucesos que antes no eran
comunes a nuestro entorno o no se daban tan recurrentemente. Además,  se conoce  que este tipo de sucesos se presentan más en ciudades como Quito, Guayaquil y Manta.  Las bandas delictivas actúan con mayor frecuencia en Navidad y durante otros feriados.

¿En el nivel que nos encontramos,  podríamos decir que tenemos una sociedad violenta como sucedió en Medellín hace algunos años?

Se podría decir que hacia allá vamos. Las personas empiezan a buscar armas,  se encierran y resulta casi imposible vivir con tranquilidad. En la actualidad, existe el crimen organizado, el tráfico de armas, el paramilitarismo, el secuestro expres, el sicariato...

¿En ese contexto se justifica el recurrir a las armas para reclamar  los espacios y más seguridad?

Definitivamente no. Una sociedad violenta solo genera y atrae más violencia. Es entendible que las personas reclamemos seguridad, pero la solución no son las armas. Tampoco el aumentar   las seguridades con alarmas en las casas. El trabajo es  a  otro nivel.

Si el robo de autos y el saqueo de viviendas continúan, ¿estas acciones no justifican una respuesta armada de la sociedad?

No porque se conseguiría un resultado momentáneo. El hecho de refugiarse, guardarse, protegerse o incluso armarse no es una solución a largo plazo. Solo es un parche. Evidentemente, la sociedad debe ser más participativa  si queremos que estos niveles de inseguridad disminuyan. Ese es el camino que se debe seguir.

¿Las sociedades deben juntarse, ser más recíprocas, actuar juntas?       

Así es. Sin embargo, en el  Ecuador tenemos metrópolis que se han aislado completamente y ya no actúan como colectivos.  En esos sitios solo importan la seguridad de cada quien  y la propiedad privada individual. El bienestar de los demás no  se considera. Eso nos hace más  vulnerables frente al delito.

¿Esto no quiere decir también que están fallando  las instituciones que se encargan de administrar la justicia y la seguridad?

La Policía actúa, pero sus acciones son aisladas. Dar más armas a la Policía, incrementar el número de efectivos, involucrar a las cortes y a los jueces no es suficiente. Es vital involucrar a la sociedad. Todos tenemos que participar desde todos los niveles. Las amas de casa educando a sus hijos para rescatar los lazos de la sociedad.

El problema es que esta estructura se resquebraja. El ver más policías,  por ejemplo, en La Mariscal (zona rosa de Quito) nos da una idea de inseguridad. Me digo:  allí es inseguro, me aislo más y se activa el temor. Eso nos hace presas fáciles y  nos vuelve sociedades atractivas para  la delincuencia.

¿Cómo superar el temor y volver a confiar en la gente  después de sufrir un robo?

Es difícil. Primero debes revisarte y volver a formar tus esquemas de lo que es la sociedad. Luego,   empezar a cambiar como individuo y verte a ti mismo para luego poder volver a confiar en la sociedad. Por eso, éste es un ejercicio desde adentro del individuo que luego debe trascender a los demás. Es recuperar la confianza en  donde vives.

Ud lo expone de una manera sencilla ¿pero lo es?

En esta sociedad es más complicado porque se ha mercantilizado la inseguridad. Así se observa en los medios  masivos de comunicación y es el tema de discusión a toda escala. Es  una sociedad dispersa y eso la vuelve manipulable.  Por ejemplo, en este Gobierno el tema de la seguridad ha sido muy manejado. Sin embargo,  se cae   en  la contradicción porque se dice que se da  seguridad, pero con  los discursos  se agrede y se intimida al otro. Eso también es violencia. Así se incrementa el miedo en esta sociedad. El que controla el miedo tiene el poder porque puede dividir  a las personas que se le oponen. 

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