18 de December de 2010 00:00

Inquietudes nacionales

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Abelardo Pachano

1. La Cepal ha divulgado las proyecciones de crecimiento para América Latina. En cuanto al Ecuador hay una diferencia con lo previsto por el Gobierno. ¿Qué puede significar la cifra , cómo interpretar el crecimiento en 2011?

Cepal estima que América Latina crecerá este año al 6%, pero que el 2011 lo hará a una tasa del 4,2%. A nivel de países los resultados del año que muere son heterogéneos. Venezuela (excluida Haití por razones obvias) lleva el farolito con una nueva caída del 1,7%. Son seis trimestres de contracción económica en ese país. Paraguay, Uruguay, Perú, Brasil marcan el cambio con su gran dinamismo. Crecerán por encima del 7%. Centroamérica oscilará alrededor del 5%. Mientras las Islas del Caribe lo harán al magro 0,5%.

La declinación en la tasa para el año entrante se explica por el ambiente de incertidumbre sobre la sostenibilidad de la recuperación de las economías maduras, la gran liquidez de corto plazo y su impacto en los tipos de cambio (reevaluaciones de las monedas con efectos en exportaciones). En ese ambiente se reduce el espacio para la ejecución de políticas públicas y el impulso de la producción privada.

En el caso del Ecuador, la diferencia en las estimaciones entre el Gobierno y la Cepal es relevante. Igual ocurrió a inicios del año que termina. El Gobierno con estimaciones sobredimensionadas, hasta irreales, mientras Cepal y otros organismos (Banco Mundial, FMI, universidades, centros de investigación) con visiones más aterrizadas. A la final, el Gobierno ha tenido que reconocer sus errores y modificar las metas. En el 2010 empezó con un PIB creciendo al 6,7% y ahora espera el 3,7%. La Cepal sostiene el 3,5%. Para el 2011, el Gobierno lo pone en el 5,8% y este organismo mantiene la misma tasa de este año.

Las limitaciones financieras del Gobierno para cubrir el déficit fiscal constriñe la meta de crecimiento, pues condiciona la ejecución de los proyectos de inversión pública, mientras la privada mantiene un nivel reducido. El Código de la Producción pretende precisamente despertar a esa inversión privada adormilada. ¿Lo conseguirá?

2. La balanza comercial muestra un crecimiento de productos importados, ¿cómo compensar con las exportaciones y qué manejo se debe dar al gasto fiscal?

El problema radica en el desbalance comercial a pesar del enorme influjo de divisas provenientes de las exportaciones. Empezando por el petróleo cuyo precio internacional es estupendo para los intereses nacionales. Los demás productos, con escasas excepciones, también han tenido un año exuberante. En cambio, el volumen exportado -que mide el verdadero impacto de la producción- ha declinado, confirmando la tesis sobre la menguada inversión privada, sea por la interminable renegociación de los contratos petroleros -de casi cuatro años- como por la incertidumbre en el agro respecto de la seguridad sobre la tenencia de la tierra, validez de las concesiones y disposición del Gobierno a promover producción.

Las importaciones en cambio han tenido una explosión sostenida en casi todos los rubros. El impacto se ve en las recaudaciones del IVA -sobre estas transacciones- cuyo crecimiento del 22% refleja esta dinámica que desborda toda posibilidad de sostenimiento futuro. La causa fundamental descansa en el desproporcionado gasto público que insufla el gasto interno y presiona la adquisición de bienes importados.

Hasta octubre el déficit comercial ya bordea los 1 200 millones de dólares y según la Cepal el déficit de la cuenta corriente-balanza comercial y de servicios- estará en el 2,9% del PIB. La reducción de las remesas de emigrantes que en un año sobrepasaron los 3 200 millones de dólares y ahora se las espera cercana a los 2 200 millones, colabora con esta brecha.

El Ecuador ha perdido oportunidades de crecer sana y sostenidamente. En el mismo petróleo es imperdonable la caída de producción. En las actividades privadas justo cuando los mercados internacionales remuneran bien a los productos básicos, acá abordamos ideas de reformas llamadas estructurales que espantan la inversión y con ella el empleo.

El país consume pero no invierte. Se vende todo lo que se expone porque hay dinero para gastar, pero pocos piensan en el futuro.

3. Poco se ha publicado sobre el nombramiento de un nuevo representante en el Ecuador del Banco Mundial, después de que al principio de este Gobierno se expulsara al representante. ¿Se puede considerar esta situación como un nuevo momento de las relaciones internacionales?

La salida de Eduardo Sommensato, representante del BM hace tres años, hizo daño al país. Ahora el Gobierno rectifica y lo hace bien. Acepta a la nueva representante porque necesita recursos y busca reconciliarse con los mercados internacionales. Para ello requiere el apoyo de los multilaterales, pues su opinión pesa en las decisiones de inversionistas que estudian oportunidades en el mundo.

Las declaraciones del Gobierno a Blommberg sobre la posibilidad de emitir nuevos bonos para negociarlos en los mercados externos solo caben dentro de una estrategia de acercamiento con las instituciones crediticias multilaterales, incluyendo el propio FMI. Y todo esto se debe al enorme déficit fiscal que demanda un financiamiento inalcanzable con las fuentes restringidas y derivadas de la moratoria y desconocimiento de una parte -seleccionada- de la deuda externa.

4. ¿Cómo debe afrontar el Gobierno el déficit fiscal proyectado para el 2011?

Ya debería tener perfectamente definidas las fuentes de financiamiento. Así lo determina la Constitución y la lógica elemental de manejo de recursos tanto públicos como privados. Al elaborar el presupuesto de manera simultánea tenía que ejecutarse las acciones pertinentes para comprometer el financiamiento de los programas de inversión que deben disponer de una fuente específica de financiamiento, con sus condiciones, requisitos y compromisos. Así obligan los principios de una planificación responsable. Lamentablemente hasta ahora el Gobierno no informa sobre la composición de las fuentes cobertoras del déficit. Hay, en ese sentido, la aprehensión sobre la dificultad en encontrarlas, o de obtenerlas pero con cláusulas onerosas.

Disponer de 5 300 millones va a ser complejo. Habrá una brecha que condicionará el nivel de ejecución del presupuesto, lo cual incidirá en el crecimiento del PIB.

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