29 de julio de 2015 19:02

Los inmigrantes que ignoran Francia y anhelan llegar al Reino Unido

Inmigrantes cruzan una valla al tratar de llegar al tren que los conduce a Inglaterra en Calais, Francia. Foto. EFE.

Inmigrantes cruzan una valla al tratar de llegar al tren que los conduce a Inglaterra en Calais, Francia. Foto. EFE.

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Agencia AFP
Londres

Miles de inmigrantes viven hacinados en Calais, en el norte de Francia, sólo para dar el peligroso salto al Reino Unido, atraídos por la lengua o las mayores probabilidades de encontrar trabajo.

“Lo británico significa libertad. Tenía una tienda de ordenadores en Siria y quiero hacer lo mismo en el Reino Unido”, dijo Bilal, un sirio de 29 años que lleva 17 días en Calais tratando, “cada noche”, de atravesar el túnel bajo el canal de la Mancha.

Los responsables del túnel bajo el canal de la Mancha, Eurotunnel, han abortado este año 37.000 tentativas de cruzar el paso bajo el mar que une Francia al Reino Unido.

En los últimos días se produjeron los intentos más numerosos. En vez de cruzar uno a uno, los inmigrantes se lanzan en grupos de miles a atravesar el túnel encaramados en trenes de carga y camiones.

Es una travesía peligrosa: nueve personas han muerto en los dos últimos meses, el último golpeado por un camión.

“La presión a la que estamos sometidos cada noche supera la que un operador puede razonablemente afrontar, y reclama una reacción apropiada de los Estados” de Francia y el Reino Unido, dijo la empresa en un comunicado.

Atrapados en Calais

Tras haber alcanzado la Unión Europea por el Mediterráneo o la frontera este, los inmigrantes pueden desplazarse tranquilamente por los países del bloque que suscribieron el acuerdo de Schengen, que permite la libre circulación de personas.

Al llegar a Calais, el punto del norte de Francia mejor comunicado con el Reino Unido, quedan bloqueados porque los británicos no se adhirieron a este acuerdo de sus socios europeos y todavía tienen controles fronterizos.

Aunque el Reino Unido no es el primer receptor de demandas de asilo europeo -recibió 31 000 en 2014, una sexta parte que Alemania, primer país del mundo en solicitudes, según Eurostat-, su economía se ha convertido en un imán.

Se espera que su crecimiento sea de 2,6% este año, por 1,2% en Francia, y su desempleo es la mitad del de su vecino del sur (5,6% versus 10%).

Además, parece más proclive a aprobar las demandas de asilo. En 2014, dio el visto bueno al 39%, por un 22% en Francia.

La lengua tiene un gran peso. Los inmigrantes quieren estar rápidamente en medida de integrarse para realizar los trámites y encontrar trabajo, y los principales países de origen de los demandantes -Eritrea, Pakistan y Siria- son buenos conocedores de esta lengua.

Philippe Mignolet, alcalde adjunto de Calais, dijo en una ocasión que hay un factor más importante que todos esos, “una política de inmigración británica que es grotesca, por no decir hipócrita”.

“Los británicos dicen 'no queremos inmigración', pero no ponen ningún medio para combatir el trabajo en negro. Hay dos millones de personas que trabajan en negro en el Reino Unido”, argumentó.

Un problema sobredimensionado

Hugo Tristram, encargado de los refugiados en la Cruz Roja británica, dijo que “los motivos de cada individuo son diferentes”.

“Uno de los grandes factores es la lengua, a menudo la gente tiene el inglés como segunda lengua y quieren ir a un país cuya lengua ya conozcan”, explicó, poniendo como ejemplo que lo mismo ocurre en Francia con sus antiguas colonias.

Y luego, añade, están las leyendas, falsas, de que hay más ayudas sociales en el Reino Unido, o de que el hecho de que este país no exija documentos de identidad sea más fácil camuflarse como inmigrante irregular.

Finalmente, Tristram cree que el problema de Calais se exagera. “La última cifra” de inmigrantes esperando en la ciudad francesa “era de 5 000 personas”, explicó.

“El problema no es tan grande, aunque uno no lo diría, si ve la atención que recibe y el lenguaje que se emplea” para describirlo, sentenció el responsable de la Cruz Roja.

Zoe Gardener, portavoz de Asylum Aid, una organización no gubernamental que ayuda a los demandantes de asilo, coincidió con Tristram: “no es exactamente toda África golpeando a nuestra puerta”, dijo.

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