8 de December de 2010 00:00

El informe

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Manuel Terán

Desalentador debió haber sido para las autoridades conocer el reporte preparado por la Cepal, aquella oficina de las Naciones Unidas que en la década de los setenta era el faro que irradiaba las tesis de la teoría de la dependencia, que llevó a América Latina en su conjunto a tomar medidas que le distanciaron de ese grupo de países que se integraron tempranamente a la economía global, los cuales ahora gozan de índices de desarrollo elevado, inundan con sus productos los mercados mundiales y sus ciudadanos gozan de un elevado nivel de vida, similar solo al de las élites de los estados latinoamericanos. Al cobijo de esos postulados se formaron varias generaciones de economistas y otros profesionales de las ciencias sociales, muchos de los cuales han tenido incidencia en las políticas implementadas a lo largo de las últimas cuatro décadas. El reporte da cuenta que en el año anterior, en tres países, entre los que figura Ecuador, la pobreza no solo que no disminuyó sino que aumentó, aun cuando sea en pequeño grado. Eso ha sucedido en un país en el que las tesis en boga hace 40 años han sido recicladas en los actuales momentos.

Habrá explicaciones de toda índole, muchas de ellas con ciertas dosis de verdad. La más recurrida probablemente será la de la crisis externa. Sin duda, aun cuando en las esferas oficiales en un primer momento se minimizó su impacto, ha afectado también a la economía local. Pero además se puede apreciar en el reporte que los países que mejores resultados han tenido en su lucha contra la pobreza son aquellos que han abierto sus economías. El ejemplo emblemático es Brasil, que pese a que el Partido de los Trabajadores se ha mantenido 8 años en el poder no ha desmantelado la política económica de su antecesor.

Con el ejemplo de los países que se insertaron en el mundo global, a diferencia de los de la Región fervientes creyentes de las tesis de la Cepal, en los últimos años algunos estados latinoamericanos abrieron sus fronteras al capital foráneo y han definido políticas para estimular la inversión local, lo que ha permitido la expansión de sus economías. Los estados han dejado de ser abiertamente intervencionistas y donde la iniciativa privada puede actuar lo hace, quedando la gestión oficial orientada a atender servicios básicos como salud y educación, así como a fortalecer la institucionalidad.

Eso se traduce en creación de empleo. Para confirmar lo dicho basta comparar las tasas de subempleo de diferentes países. Cada vez más ciudadanos se han incorporado al sector formal y se encuentran bajo la protección de la seguridad social. El reto es atraer recursos y se hace todo lo posible para transmitir al mundo que son países seguros para la inversión, que los contratos se respetan y que las disputas pueden ser sometidas a los tribunales que elijan las partes, reconocidos por sus legislaciones. Así el informe resulta un dato revelador.

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