14 de December de 2009 00:00

El informe final de la Comisión de Angostura tiene inconsistencias

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Redacción Judicial
12/12/2009

El informe de la Comisión de Transparencia y Verdad de Angostura tiene contradicciones y vacíos. En apenas un párrafo sentencia que la inteligencia estratégica del Puesto de Operaciones Avanzadas (FOL) de EE.UU. en la Base de Manta “fue fundamental para el seguimiento y ubicación de Raúl Reyes”; pero no lo prueba.



131 Páginas
tiene el reporte de la Comisión de Angostura, que fue presentado el jueves pasado.Se limita a recontar  la  información del FOL publicada en la prensa, pero la presenta como novedosa.    El documento de 131 páginas dedica 10 de ellas, en el Capítulo I, a la Base de Manta. En ese segmento presenta información que también fue expuesta por autoridades de Defensa.

Por ejemplo, reseña que el 29 de febrero de 2008 despegó desde la Base de Manta, a las 19:00, el avión HC-130 de la Fuerza Aérea de EE.UU. y que este regresó a las 04:40 del 1 de marzo. La operación Fénix, que emprendieron las FF.AA. de Colombia para bombardear Angostura, se efectuó a las 00:25 del 1 de marzo.

Eso ya fue revelado por el Gobierno  a fines de marzo de 2008. Sin embargo, el informe  detalla la operación del HC-130 para probar los “indicios de apoyo de inteligencia de la FOL de Manta al ataque de Angostura”. El HC-130 no es un avión de inteligencia, sino un carguero, que tenía permiso para entrar o salir de la Base, según el convenio de 1999. Las naves ‘espías’ de Manta eran  AWAC y Orión. 

¿Cómo probó la Comisión el uso de inteligencia del FOL en el bombardeo? Al menos en el informe no hay una sola prueba documental ni testimonial  de algún oficial sobre  esa supuesta relación. 
 
Los  comisionados más bien  critican el trabajo del FOL, creado para la interdicción de naves con drogas en la región, con el uso de aviones inteligentes.
Refiere que “el control del tráfico de drogas por medios aéreos es detectable en un porcentaje relativamente pequeño en comparación con el volumen total del narcotráfico. Los narcotraficantes utilizan mecanismos y vías sumamente sofisticadas y maliciosamente creativas que van más allá de la detección aérea”.
 Y luego da otra  opinión, sin documentos de respaldo: “¿Se necesitaba la Base de Manta para este trabajo cuando los EE.UU. poseen suficientes recursos tecnológicos, informaciones satelitales y bases militares? Es evidente que las instalaciones en Manta eran utilizadas para diferentes acciones” (página 24 del informe).

Según el documento, en el FOL funcionaban tres oficinas o dependencias: “La Oficina Policial de Control de Drogas, la Oficina para Migraciones y Control de Fronteras y la Oficina de Información Geoestratégicas”.

Y el reporte vuelve a emitir un juicio de valor: “Las áreas que cubrían eran drogas, migraciones y proveer información y soporte logístico para estrategias militares, en este caso vinculadas a los movimientos ilegales armados en Colombia” (tampoco hay pruebas).

El informe dice, tal como se publicó hace más de un año en la prensa, que en Angostura se hallaron bombas de tecnología estadounidense. Pero “la Comisión comprobó” que “no se registra la presencia de aviones con tal capacidad de combate” en el FOL. Si fue así, ¿por qué lo involucró?

En el Capítulo II también hay vacíos. Sobre     la Coordinadora Continental Bolivariana, la Comisión vuelve a repetir lo difundido por la prensa: “nació como un proyecto político internacional de las FARC, con el fin de posesionar una estructura regional”. 
 
Para la realización del Segundo Congreso de la Coordinadora, se alquiló  la Casa de la Cultura. Esta gestión estuvo a cargo de la asambleísta María Augusta Calle. La Comisión primero dice que ella firmó una petición para que se les prestara un local de la Casa de la Cultura a la CCB.

Luego cita a Calle: “Entre noviembre u octubre se sentó un grupo de jóvenes para informarme que iban a organizar un encuentro sobre el pensamiento de Bolívar y que querían que les prestaran una de las aulas de la Casa de la Cultura (...). Les dije: yo les doy mi firma”.

Una copia  de la carta apareció en el libro ‘El Juego del Camaleón’, luego de que su autor, Arturo Torres, reconfirmó su veracidad entrevistando a   Calle. 

Pero el  informe,  párrafos más abajo, señala contradictoriamente que la misiva  de petición a la Casa de la Cultura “no está firmada por ella”. Y añade  que  “la carta firmada original no ha llegado a la Comisión, pese a habérsele solicitado al autor, quien dijo  tenerla”.  Pero Torres afirma que los comisionados le pidieron que hiciera notarizar el documento antes de entregarlo  a la Comisión.

 “Ese no es mi papel, yo soy  periodista y tengo mis respaldos. Ellos debían conseguir sus pruebas de la fuente. Les ayudé en lo que pude facilitándoles documentos; no obstante,  trataron de restar validez a la carta porque no la pudieron obtener”, sostuvo Torres.

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