La inducción, una forma de cocinar limpio y muy seguro

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Víctor Vizuete

El cambio de matriz en el sistema energético del país, de la actual basada en los hidrocarburos a la sustentada en las hidroeléctricas, traerá cambios.

Esto, sumado a la finalización del subsidio del gas doméstico, puede suponer otra forma de cocinar y hasta una variación en la estructura familiar, explica Mario Echeverría, ingeniero y docente de la UDLA.

Una de las lanzas de esta revolución es la utilización de la cocina eléctrica de inducción, propulsada por el Gobierno.

No es un proceso irreversible, pues quien quiera seguir cocinando con gas puede hacerlo, explica Santiago Hidalgo, de D'Kocina. Es más, explica Alicia Chacón, principal de esta tienda, muchos chefs prefieren el gas porque les ayuda a 'cocinar mejor'.

Pero ¿qué es una cocina de inducción? No es sino una cocina eléctrica que funciona mediante un sistema electromagnético en vez de resistores, como las eléctricas comunes, afirma Echeverría.

En otras palabras, explica Freddy Valenzuela, de Home Vega, es un sistema de combustión frío, que no hace llama y que funciona cuando la energía de la hornilla completa el círculo con un recipiente con una buena dosis de magnetismo.

Los modelos más actualizados de estas cocinas son tan seguros que si no se ocupan las 3/4 partes de la hornilla no se produce la combustión, afirma Alejandro Fonseca, de Teka. Si un anillo hace contacto con los 'quemadores' no pasa nada.

Es más, la placa de vitrocerámica de 4 mm de espesor de la cocina no se calienta, como en las eléctricas comunes. Se puede posar la mano en una hornilla recién usada sin peligro.

Estas cocinas, explica Fonseca, están programadas para apagarse automáticamente y para tener intervalos de tiempos de cocción. Eso evita accidentes y las hace más seguras a la manipulación de personas inexpertas, como los niños.

Otra ventaja de estas cocinas es la higiene. El proceso de cocción es menos contaminante y la limpieza del aparato mucho más sencilla y rápida.

Los puntos a favor son más. Como afirma Echeverría. La inducción ahorra el 40% en el tiempo de cocción con respecto al gas. ¿Ejemplos? Bastan tres minutos para que el agua hierva.

¿Las desventajas? Las ollas de aluminio, las de acero sin magnetismo y los peroles de barro quedan inservibles; aunque otras, como las clásicas de hierro enlozado, sí pueden funcionar porque tienen una buena carga magnética. Y los accesorios con base magnética son mucho más caros.

Estas cocinas son, asimismo, más costosas que las de gas.

Otro factor con aristas negativas es que las de inducción funcionan con 220 voltios y necesitan un nuevo sistema de conexión doméstica. Aunque esto no es un gran problema, explica Valenzuela, pues se pueden conectar desde una caja de revisión (breakers) con un cableado directo a la cocina. El precio promedio de un punto de conexión es de USD 35 (unos 20 metros de cable).

Lo más complicado es la conexión externa, explica Echeverría; es decir, desde los transformadores a las casas. Si todas las viviendas llegan a tener una cocina de inducción, la necesidad de energía aumentaría y se pueden producir sobrecargas. La solución: aumentar la capacidad de almacenaje adicional del transformador o cambiarlo por otro de mayor potencia.

80% de energía  eléctrica aprovecha el sistema de inducción para realizar las tareas de cocción.

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