12 de noviembre de 2015 00:00

Suerte de indocumentados en EE.UU. divide a precandidatos republicanos

Durante un mitin político del magnate, Donald Trump, sus seguidores se enfrentaron contra estudiantes latinos que cuestionan su discurso xenófobo. Foto: AFP

Durante un mitin político del magnate, Donald Trump, sus seguidores se enfrentaron contra estudiantes latinos que cuestionan su discurso xenófobo. Foto: AFP

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Agencia AFP

Mientras Donald Trump quiere expulsar a los indocumentados, Jeb Bush busca regularizarlos: la cuestión migratoria divide a los aspirantes republicanos a la Casa Blanca, un viejo debate en un partido deseoso de aparecer a la vez abierto y cerrado al voto latino.

Ya en 2012 el tema había molestado a los republicanos, que se oponían a un plan del presidente Barack Obama para regularizar por decreto a cientos de miles de jóvenes sin papeles.

El ala conservadora del partido derrotó el año siguiente una ambiciosa reforma migratoria en el Congreso.

Esa fractura entre los moderados y conservadores en el Grand Old Party (GOP) reapareció intacta el martes durante el cuarto debate a las primarias, que tuvo lugar en Milwaukee (Wisconsin, norte) .

De un lado, el magnate Donald Trump quiere construir un muro en la frontera con México para detener a los inmigrantes clandestinos. Es su promesa original, simple como un eslogan.

“Necesitamos fronteras, vamos a tener un muro” , aseguró Trump.

“Piensen en las familias, piensen en los niños”, alertó el gobernador de Ohio, John Kasich, quien junto con Jeb Bush, el exgobernador de Florida, quiere llevar la batuta del otro bando.

“Todos sabemos que no se puede simplemente recogerlos y enviarlos al otro lado de la frontera. Es ridículo”, dijo Kasich.

“Enviaría la señal de que no somos el país que Estados Unidos sé que es”, secundó Jeb Bush.

Para este esposo de una mexicana se trata de una cuestión de valores, pero también de política electoral. “El equipo de campaña de Hillary Clinton está celebrando en este momento al escucharnos” , dijo. “La manera de ganar la presidencia es teniendo planes prácticos”.

“Los demócratas ríen porque si los republicanos se unen a los demócratas como el partido de la amnistía, vamos a perder ” , replicó el senador Ted Cruz (Texas) , héroe de la generación del Tea Party.

En el fondo yacen dos enfoques estratégicos diferentes.

El argumento de Cruz está moldeado por las primarias, donde vota la base más conservadora: el senador cree que el Partido Republicano perdió la elección presidencial de 2012 porque apostó a un candidato muy moderado (Mitt Romney) y solo un verdadero conservador, hostil a las regularizaciones, podrá ganar en 2016.

Efecto Trump 

Los dirigentes del GOP llegaron a la conclusión inversa tras la derrota de 2012: “Necesitamos hacer campaña entre los hispanos, negros, asiáticos y homosexuales, y demostrarles que ellos también nos interesan” , concluyó un informe autocrítico de marzo de 2013.

Barack Obama obtuvo 80% de los votos entre las comunidades negra, hispana y asiática. Esos grupos representarán más de la mitad de la población en 2050 y obligan a los republicanos a adaptarse para seguir siendo relevantes.

Los electores latinos, ciudadanos estadounidenses, en ocasiones tienen un pariente o amigos indocumentados.

Y aunque la educación y el empleo siguen siendo sus prioridades, esperan de los partidos, si no regularizaciones, al menos un tono menos xenófobo que el que ofrece Trump.

“La aparición de Trump como candidato en esta campaña ha provocado un retroceso en el partido” , explica Doris Meissner, del Migration Policy Institute. “Realmente introdujo un fuerte (sentimiento) antiinmigrante”, que según la experta, rondaba con más discreción en los últimos años.

El dilema republicano se ve intensificado por los esfuerzos, ilegales en su apreciación, de Obama de contrarrestar mediante decretos el bloqueo de una reforma migratoria en el Congreso. Para marcar el contraste, bloquearon ante la justicia el último plan de regularización de la Casa Blanca.

Hillary Clinton, candidata favorita en el bando demócrata, busca continuar el esfuerzo de Obama y calificó el miércoles como “ absurda e inhumana ” la “ fuerza de deportación ” que Trump pretende crear.

La resolución de esas tensiones es por tanto un asunto tanto legal como de retórica, una síntesis difícil que malamente intenta el senador Marco Rubio (Florida) , hijo de inmigrantes cubanos. Aunque ayudó a redactar la reforma migratoria, ahora exige un notable endurecimiento de los controles fronterizos.

Pero también propone un largo camino hacia la regularización: al menos 15 años antes de obtener la naturalización.

“No somos antiinmigrantes”, explicó el miércoles a la radio NPR. “Tomará mucho tiempo para que quienes están aquí ilegalmente se conviertan en ciudadanos”.

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