23 de julio de 2017 00:00

Indigentes buscan ayuda en el Centro Histórico de Quito

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Daniel Romero

En las gradas de ingreso sur a la iglesia de San Francisco, por la calle Bolívar, una persona sin hogar se resiste a ser retirada de ese lugar. Son las 09:30 del jueves y decide permanecer sentada ante el llamado de atención de un policía.

No piensa moverse y recibe el primer empujón. El indigente se levanta de la grada y reclama. El policía no escucha razón y, para acabar con la escena, saca su gas pimienta para rociárselo en la cara. Al hombre, visiblemente afectado por el consumo de alcohol, no le queda otra opción que irse.

Este tipo de escenas de personas en situación de calle ocurre en las principales iglesias, plazas y calles del Centro Histórico. No hay cifras certeras sobre la cantidad de indigentes en el Centro Histórico, según el Cabildo. Por eso tiene un panorama de la situación con base en las personas a las que atienden en sus centros .

En el Centro Histórico de Quito, durante el 2016 y lo que va del 2017, el Patronato San José realizó 1 500 atenciones a cerca de 300 personas que viven en la calle.

El Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), que se ocupa de la mendicidad, con base en su campaña Da Dignidad 2016, habla de 317 personas abordadas en el Centro de la capital.

Los lugares de mayor concentración son las iglesias de San Francisco, Santo Domingo, La Compañía, la Catedral (Plaza Grande), Del Robo y el Mercado Central. En estos puntos se juntan personas con alguna discapacidad, sin hogar, adultos mayores y quienes consumen algún tipo de droga, según el Cabildo.

Ambas instituciones coinciden en que la afluencia diaria de gente son dos factores que abonan para que indigentes y mendigos ocupen este sector. Según la Administración Manuela Sáenz, diariamente hay una población flotante de 100 mil personas. Por ello, también se concientiza a los ciudadanos en no entregar dinero en la calle sino canalizar la ayuda mediante las autoridades.

Además de los transeúntes y turistas, hay instituciones de beneficencia y restaurantes que a decir de María Fernanda Pacheco, presidenta del Patronato San José, ayudan a estas personas, lo que hace que se mantengan en el Centro.

“En esta zona incluso hay restaurantes que les proporcionan alimentación, por lo que de estos lugares hacen su espacio de vida”, explica.

Son las órdenes religiosas, sobre todo las que enfocan su labor en los más pobres, las que atienden a los indigentes. Una de estas es la Toca de Asís. Los lunes, miércoles y jueves de 11:00 a 13:00 ofrecen comida en su comedor para un promedio de 80 personas, cada día.

Según el Hermano Isaías María de los Santos Serafines, su vocación es la atención a los más necesitados. “Como religiosos nos impulsa la fe. Cristo nos lleva a los pobres porque él se hizo pobre”, dijo.

La ayuda, para la Toca de Asís, no se queda en el comedor. Según Isaías María, este es solo un enganche, ‘la carnada’, dice él, para atraerlos. “A parte de la comida instruimos en valores y, para quienes quieren cambiar tenemos un centro de acogida en El Tejar”, señaló.

En los casos en los que, por la necesidad de atención, la Toca de Asís no puede ayudar a uno de sus acogidos, se coordina con el Patronato San José para remitirlo a uno de sus tres centros de acogimiento.

La iglesia de La Compañía también entrega ayuda a los indigentes. Ángel Acuña lo hace cada 15 días en nombre de esa comunidad. Un domingo, cada 15 días, se ubica en la calle Benalcázar, desde las 07:00 para entregar 500 desayunos. “Viene gente desde Cotocollao solo por un desayuno”, señaló.

Marlon no recuerda su apellido o no lo quiere decir. Dice ser un inspector de obras de la Epmmop. Así se presenta. Sus días los pasa en los pórticos de las casas que dan al bulevar de la avenida 24 de Mayo. “Ya llevo años. La gente nos ve y nos ayuda. Ahorita sin pedir me dieron 50 centavos”, dice.

A las personas que habitan en las calles no se les puede obligar a ingresar a un centro de atención. Es decir, se requiere de su voluntad para iniciar un proceso de reinserción social. Por eso, el Patronato implementó el proyecto ‘Habitantes de Calle’. El programa incluye un grupo de funcionarios que identifica y aborda a los indigentes para crear confianza y convencerlos.

Después de recibir el gas pimienta en el rostro, el hombre expulsado de San Francisco no atina más que cambiar de lugar. Baja hacia la calle Benalcázar para sentarse en otra esquina con algo de sombra. Otros, al ver esa escena, prefirieron ir a otro sitio; hacia la 24 de Mayo o hacia La Merced.

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