27 de octubre de 2016 00:00

Indecisión y ausentismo pueden generar errores en las encuestas

En su encuestadora y en otras como Market y Cedatos se simulan papeletas para que el consultado pueda ver rostros, logotipos, números o incluso colores y deposite su voto de forma secreta.

La empresa Perfiles de Opinión capacita a sus encuestadores antes de que ellos salgan a hacer su trabajo de campo. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal

Las encuestas previas alrededor de un proceso electoral no siempre coinciden con los resultados finales.

Cuando la diferencia entre las cifras oficiales y los pronósticos supera el margen de error (que suele estar en un rango de +-3%), puede ser considerado un fracaso, según las propias encuestadoras.

Este tipo de fallas tienen al menos cuatro posibles explicaciones, según cuatro expertos consultados.

Una de ellas es el denominado “voto vergonzante”. También las cifras de ausentismo, los errores metodológicos en la recolección de datos e incluso los vínculos que una encuestadora puede tener con la persona que la contrata o el uso político que un candidato puede dar a las cifras.

En el 2015, las encuestas fallaron cuando Mauricio Macri ganó la presidencia de Argentina, pese a que las cifras estaban en su contra. Y recientemente se equivocaron en el plebiscito por la paz, en Colombia, que le daba ventaja al sí, aunque finalmente ganó el no, que impulsaba el expresidente Álvaro Uribe.

En Ecuador, el último antecedente se dio en el 2011. Entonces un ‘exit poll’ sobre una consulta popular registró un error del 10%, por lo que la firma encargada incluso enfrentó demandas en la Fiscalía.

Según el catedrático Felipe Burbano de Lara, el ausentismo pesó en el caso de Colombia. La gente se manifestó en las encuestas, pero finalmente no acudió a las urnas. El 62,49% de personas habilitadas no llegó a ejercer su derecho, el 2 de octubre pasado.

En Ecuador, el porcentaje de ausentismo ha variado en las elecciones recientes. En el 2014 estuvo en el 16,9%, en el 2013 en el 18,9% y en el 2009 alcanzó el 24,7%.

Burbano de Lara agrega que también hay un uso político de esos estudios. “Cada candidato viene con sus cifras y hay casos en que no se sabe ni las fichas técnicas”. Es decir, la muestra, la fecha de aplicación y el alcance geográfico.

En época preelectoral suelen aparecer encuestas patrocinadas por los candidatos que los ubican en distintas posiciones, alerta. Eso deriva en que unos a otros se acusen de que los resultados de las empresas responden a sus intereses.

De ahí que considera necesario que las encuestadoras hagan un trabajo serio y demuestren a lo largo del tiempo cierta capacidad de precisión en sus resultados, para que así generen confianza.
Cita el ejemplo de España, en donde hay un centro de estudios de opinión pública “totalmente independiente que no están vinculados con ninguna candidatura, ni con intereses de candidatos en campañas electorales”.

Para el gerente de Market, Blasco Peñaherrera, el trabajo debe ser responsable, porque si bien las empresas suelen ser contratadas por partidos políticos, una encuestadora “lo peor que puede hacerle al candidato es engañarlo”.

La metodología utilizada para cada sondeo también juega un papel fundamental. Paulina Recalde, gerente de Perfiles de Opinión, explica que se tienen que hacer sondeos con metodologías probadas.

Las muestras se diseñan de forma técnica y se busca que el elector responda a la encuesta en las condiciones lo más cercanas posible a lo que va a ocurrir el día de las elecciones.

En su encuestadora y en otras como Market y Cedatos se simulan papeletas para que el consultado pueda ver rostros, logotipos, números o incluso colores y deposite su voto de forma secreta.
Pero, según Recalde, otras empresas suelen hacer encuestas telefónicas y eso tiene sus puntos en contra.

En estos casos, el consultado sabe que la persona del otro lado del teléfono lo identifica y puede ocultar su verdadera opción de voto, por ejemplo.

Al realizar encuestas puerta a puerta, se hace un trabajo técnico de diseño de muestras en el que se decide con antelación, a través de mapas, la manzana exacta a la que se acudirá, por ejemplo.

Recalde advierte que los resultados no deben usarse como propaganda electoral. Estos datos deben ser difundidos por personal calificado.

Otro factor es el denominado ‘voto vergonzante’, acompañado de los porcentajes de indecisión y la elección de último momento.

Según Ruth Hidalgo, directora ejecutiva de Participación Ciudadana, en el Ecuador la gente cambia su decisión por detalles pequeños o hechos puntuales que son mal vistos en una campaña y que pueden significar un desapego de la ciudadanía a esa candidatura.

Los cambios en las alianzas políticas, las desafiliaciones, la definición de listas o algún comentario o discurso desatinado pueden causar que un candidato pierda apoyo y eso se refleje en el resultado final.

Los electores, según Burbano de Lara, suelen decidir por motivaciones ideológicas, emocionales o por cierto cálculo estratégico .Y hay quienes acuden al ‘voto vergonzante’, porque por algún motivo no quieren que nadie conozca al candidato que eligieron finalmente.

Incluso pueden decir que votarán por alguien más, pero el día de las elecciones hacerlo por el que realmente quieren hacerlo.
Las decisiones de último momento también suelen influir en los procesos. El catedrático, Peñaherrera y Recalde lo llaman el voto útil.

Ellos también coinciden en que los resultados de las encuestas tienen poca incidencia en la decisión final del elector.

Por lo general, cuando quieren darle utilidad a su voto esperan a las cifras finales de la encuesta para dárselo al candidato que más se acerque al perfil que busca pero que, además, tenga más probabilidades de ganar las elecciones.

Por lo demás, Hidalgo señala que las encuestas son más una herramienta para partidos y candidatos que para el electorado. Ellos puedan trabajar sobre esos pronósticos a favor suyo, para saber cómo están siendo percibidos por la gente y para mejorar su estrategia o cambiarla, de ser el caso.

En Ecuador, el Consejo Nacional Electoral regula la actividad de las encuestadoras, según lo que estipula el Código de la Democracia y los reglamentos que en cada elección emite. En los últimos comicios, nueve firmas fueron acreditadas para el proceso.

Las que ya se inscribieron para las elecciones pasadas, deben volver a hacerlo, actualizando su información. Y deben entregar un informe tres días después de la publicación de cada sondeo. El reglamento para el 2017 ya está publicado.

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