22 de julio de 2017 00:00

Incentivos para buenas prácticas ambientales en Ecuador

En el edificio de mantenimiento y servicios de la terminal aérea de la capital se colocaron tachos para clasificar los desperdicios,  y otros para arrojar baterías y pilas. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

En el edificio de mantenimiento y servicios de la terminal aérea de Quito se colocaron tachos para clasificar los desperdicios, y otros para arrojar baterías y pilas. Foto: Vicente Costales/EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora (I)
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En Quito, 40 entidades han obtenido reconocimientos y certificados ambientales por parte del Ministerio del Ambiente por llevar a cabo ejercicios amigables con el entorno. En el Ecuador, suman 108.

Para Jorge Jurado, subsecretario de Calidad Ambiental, la clave está en tomar la decisión de empezar a llevar a cabo prácticas de producción y consumo sostenibles en empresas y proyectos.

El incentivo tiene seis categorías en las cuales se evalúan distintos parámetros como sistemas de ahorro energético, disposición de basura, construcción de edificaciones ecológicas, renovación de maquinaria menos contaminante, entre otros.

Jurado explica que el reconocimiento o la certificación ‘Punto Verde’, se la otorga a cualquier empresa de producción y servicios, ya sea pública o privada, que demuestre que ha logrado una reducción de la contaminación en sus actividades y procesos, gracias a la adopción de tecnologías limpias y de buenas prácticas ambientales.

Para entregar este incentivo, la entidad postulante debe entregar un formulario en el que consten mediciones de consumo (dependiendo de la categoría a la que aplique). Además, debe presentar un plan para mejorar esas cifras.

Un año después se hace una evaluación mediante una comparación de los indicadores de actividades relacionadas con gestión de desechos, gestión de papel, uso eficiente de agua, energía y combustibles, capacitación y compras responsables.

El Aeropuerto Mariscal Sucre aplicó para obtener el certificado en el 2014. No hizo falta hacer millonarias inversiones. Bastó con cambiar las costumbres de las personas. El edificio de mantenimiento y servicio del Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito, ubicado en Tababela forma parte de un grupo de 41 empresas a nivel nacional que han recibido ese reconocimiento.

Luis Galárraga, gerente de Comunicación de Quiport, explica que con simples actos como reutilizar el papel, clasificar los desechos, cambiar focos normales por ahorradores, cambiar las mangueras para evitar desperdicio de agua, y mejorar las prácticas en los talleres, se puede ser más amigable con el ambiente.

Las cifras, que fueron verificadas por un equipo técnico del Ministerio del Ambiente, demuestran que entre el 2014 y 2016 la edificación tuvo una reducción del 26% en la generación de residuos.

Galárraga asegura que la meta para este 2017 es reducir un 5% adicional continuando con la disminución de uso de papel e incentivando la reutilización y el reciclaje.En ese mismo período se redujo un 37% el consumo eléctrico, un 10% en el consumo de diésel, un 12% el consumo de agua y en un 21% el consumo de gasolina extra.

Para conseguir esas metas se llevaron a cabo varios procesos tanto en el área administrativa como en la infraestructura. Se implementó un reglamento interno de buenas prácticas ambientales en oficina y se capacitó a las 130 personas que trabajan en esa edificación.

Allí funcionan los departamentos de bomberos y la mecánica donde se da mantenimiento a nueve camionetas y ocho autobombas.

Pero eso no es todo, Denisse González, asistente técnico de monitoreo y residuos, comenta que una de las medidas clave fue el retiro de basureros de los puestos de trabajo para incentivar el uso de los contenedores diferenciados. Así, las personas debían levantarse de sus puestos y dirigirse al corredor donde se colocaron contenedores para reciclar.

En la mecánica, se colocaron carteles para uso correcto y etiquetado de químicos. Asimismo, junto a los interruptores de luz y los grifos , se pusieron mensajes sobre la importancia del ahorro.

Otra de las medidas que significó un importante ahorro de luz fue la colocación de sensores de movimiento en algunos sectores de la edificación.

Para Diego Armijos, ingeniero ambiental, este tipo de reconocimientos motiva a las empresas a mejorar sus prácticas, pero deberían ir acompañados de campañas de educación, de capacitaciones y de sanciones para quienes incumplan.

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