27 de November de 2011 00:01

El impacto de Wikileaks en Latinoamérica

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Las suspicacias, tensiones y rivalidades entre Estados Unidos y América Latina quedaron expuestas con la filtración de documentos confidenciales de la diplomacia estadounidense. Las revelaciones fueron polémicas y, en algunos países, influyeron procesos electorales e impactaron fuertemente en las relaciones diplomáticas.

Uno de los países donde la filtración generó mayor impacto fue Ecuador. Wikileaks reveló un cable del Departamento de Estado que hacía un análisis de la Policía ecuatoriana, dando a entender que había corrupción en su cúpula, de lo cual el Gobierno estaba al tanto. La respuesta fue drástica: el presidente Rafael Correa declaró persona no grata a la embajadora de EE.UU., Heather Hodges, y el 5 de abril de 2011 la expulsó. La decisión fue calificada de “apresurada” por varios sectores. Dos días después, EE.UU. respondió: expulsó al embajador en Washington, Luis Gallegos. Y se suspendieron las reuniones bilaterales.

“Lo grave es que Wikileaks dice que tienen informantes dentro de la Policía y las FF.AA. y, si tenían información de actos de corrupción, debieron pedir una reunión con el Canciller. Esto es espionaje, por favor”, declaró Correa”.

Las tensas relaciones diplomáticas hicieron temer un bajón comercial, pues EE.UU. es nuestro principal socio económico, que no se concretó. El impacto de los cables fue tal que llevó las relaciones a un punto crítico y hasta hoy no asumen los sucesores de los embajadores expulsados. En el país divulgaron los cables EL COMERCIO (que recibió 1334 telegramas) y El Universo (343).

Tras el escándalo, la Cancillería implementó medidas especiales para evitar filtraciones de información sensible, e inició gestiones para que Wikileaks le entregara los cables, sin éxito.

Las secuelas en México

El embajador de EE.UU. en México, Carlos Pascual, reportó a su gobierno que el Ejército mexicano no había considerado información sobre la ubicación del narcotraficante Arturo Beltrán, que había sido proporcionada por EE.UU., acusándolo de poca efectividad. A la vez, alabó el desempeño de la Secretaría de Marina en el operativo donde murió Beltrán, y calificó a Genaro García, secretario de Seguridad Pública , de “perdedor”.

El Embajador mencionó en otros cables que el Gobierno federal solicitaba en cada reunión “ayuda desesperada” en materia de seguridad. Sostuvo que los diálogos de seguridad con México podrían verse afectados por la caída del porcentaje de aprobación de Felipe Calderón, las preocupaciones económicas...

Uno de los cables citaba directamente al presidente Calderón en una conversación con Dennis Blair, director de Inteligencia de EE.UU., donde manifestaba su preocupación por la influencia del presidente Hugo Chávez, tanto en los asuntos internos mexicanos como en América Latina. Sugirió, incluso, que Chávez podría haber financiado la campaña del opositor Partido de la Revolución Democrática (PRD), en las elecciones de 2006. Esa percepción no dejó indiferentes a los legisladores mexicanos, quienes reclamaron la injerencia.

Pese a que el embajador Pascual aclaró que los cables no reflejaban la política oficial de su país, sino comunicaciones informales, a solo dos meses de las filtraciones el presidente Calderón dejó en evidencia el daño causado. “Los embajadores quieren levantar sus propias agendas ante sus jefes, le han hecho mucho daño a la relación. Su ignorancia se traduce en una distorsión de lo que ocurre en México”, enfatizó Calderón.

Las presiones mexicanas se hicieron sentir el 19 de marzo: la secretaria Hillary Clinton informó que Pascual renunciaba a la embajada para evitar factores distractivos en la relación bilateral.

Baldazo electoral en Perú

En Perú, mientras tanto, los cables llegaron en medio del proceso electoral que definiría el nuevo presidente. Al conocer que la prensa difundiría los cables, la embajadora de EE.UU. en Lima, Rose Likins convocó a su oficina a los candidatos a la Presidencia para darles cuenta de los cables que pudieran incomodarlos.

En esa reunión, Likins le dijo al entonces candidato Humala que un cable de 2005 daba cuenta de que Fernando Rospigliosi, ex ministro del Interior del gobierno de Alejandro Toledo (2001 y 2006), había pedido a la embajada hacer lo posible por evitar que el “ultranacionalista” ganara las elecciones de 2006, en las que triunfó finalmente Alan García.

Junto con el ex director de la Defensa, Rubén Vargas, sugirieron varias formas de frenar el avance del candidato; entre otras que “la embajada considerara financiar un programa comunicacional anti Humala”. Esto puso a Humala en el centro de la noticia por varios días. Muchos cables se centraban en el político y contaban aspectos de sus relaciones con Venezuela, mostrando la preocupación de EE.UU. por el vínculo de Humala con el bloque chavista.

Los otros candidatos —Alejandro Toledo, Keiko Fujimori y Luis Castañeda— también fueron retratados por los cables, que revelaron detalles de sus reuniones a puerta cerrada con los funcionarios de EE.UU. Luego de la primera vuelta, las publicaciones se centraron en los ganadores: Fujimori y Humala. Aunque, según analistas, los cables no revelaron asuntos cruciales.

La diplomacia brasileña prefirió ignorar los cables

Los telegramas en Brasil fueron revelados en los días que antecedieron a la prisión del líder de Wikileaks en Londres, Julián Assange.
En esa ocasión, el presidente Lula da Silva manifestó su apoyo a las revelaciones de los telegramas, aunque la diplomacia brasileña —imitando a la americana—, se negara a responder a los temas que serían publicados.

Refiriéndose a Assange, el presidente Lula dijo: “El muchacho estaba apenas colocando aquello que él leyó. Y si él leyó es porque alguien lo escribió. El culpable no es quien lo divulgó, el culpable es quien lo escribió. Por lo tanto, en vez de culpar a quien divulgó, culpe a quien escribió la tontería, porque, si no, no habría el escándalo que hay”.

A partir de dos cables que revelaron que la secretaria de Defensa Hillary Clinton había puesto empresas brasileñas en su lista negra por intentar negociar con Irán, O Globo descubrió que a pesar de los esfuerzos del Gobierno brasileño de abrir un canal directo con el mercado iraní, las empresas brasileñas no conseguían concluir los negocios porque incluso los bancos públicos no aceptaban hacer la transacción de los papeles por temor a represalias americanas.
Pero  la divulgación de los cables de Wikileaks no dañó las relaciones entre Brasil y EE.UU.

Sí obligó al ex ministro de Defensa, Nelson Jobim, a dar explicaciones sobre conversaciones que tuvo con el entonces embajador americano, Clifford Sobel. Según el diplomático estadounidense, Jobim era un crítico tenaz de la diplomacia brasileña y habría dejado en claro eso en conversaciones con él.
Uno de los documentos que más repercusión tuvo revelaba que, en conversaciones con el ex embajador, Jobim acusó al embajador Samuel Pinheiro, entonces segundo al mando de la Cancillería, de odiar a EE.UU. La divulgación produjo malestar en el Régimen..

Jobim negó públicamente las declaraciones y, con un integrante de su gobierno en la mira, Lula, aunque apoyaba a Wikileaks, dijo que prefería dar crédito al Ministro de Defensa.

¿Cómo reaccionaron los gobiernos a la divulgación?

El presidente de México, Felipe Calderón, a través de su cuenta en Twitter dijo dar una “condena categórica a la revelación ilegal de documentos que se atribuyen a la diplomacia estadounidense”.

En Ecuador, el gobierno del presidente Rafael Correa tuvo una reacción ambigua y contradictoria: inicialmente alabó los cables revelados por Wikileaks. Incluso, el subsecretario de la Cancillería, Kinto Lucas, ofreció la posibilidad de darle asilo a Julián Assange, si este lo solicitaba. No obstante, los siguientes días cuando los cables   empezaron a afectar su  imagen, el Régimen les restó credibilidad.

  La prensa del país supo extraoficialmente de una cacería de brujas en el Régimen para determinar si es que alguien estaba filtrando información.
Los telegramas difundidos en Ecuador tuvieron  relación con  política interna, elecciones, comercio, economía, ambiente, crimen organizado...

Entre tanto,  en Argentina, donde el Gobierno modificó sobre la marcha su posición ante las sucesivas filtraciones.

Su primera reacción fue responder con ataques retóricos a Washington, pero luego optó por callar y no comentar las revelaciones de los telegramas, que fueron revelados por medios considerados referenciales en cada país.

Distinta fue la reacción del Gobierno brasileño, que apoyó a Wikileaks. “El muchacho estaba apenas colocando aquello que él leyó”, dijo el presidente Lula sobre el líder de la organización, Julián Assange.

En Perú, el gobierno de Alan García no tomó partido, pese a que algunos cables se referían al “ego enorme” del entonces presidente, y los gobiernos de Costa Rica y Nicaragua no hicieron declaraciones oficiales.

El Gobierno chileno le bajó el perfil a las filtraciones y consideró que no ponía en riesgo la relación diplomática ni la seguridad interna. Ya lejos de la Presidencia, Bachelet desmintió las supuestas declaraciones sobre la inestabilidad emocional de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández.

Argentina El G-20 analizó una posible expulsión

Los cables revelaron que el G-7, grupo que reúne a los siete países más poderosos del globo, quedó descontento con la participación de la presidenta Cristina Fernández, en la cumbre del G-20 de 2008, en Washington. Incluso, junto a España y Holanda, el grupo habría evaluado expulsar a Argentina. Pese al potencial impacto político de la revelación, no hubo consecuencias en la agenda.

Venezuela:  Los derechos civiles fueron relegados   

El estallido del ‘Cablegate’ no desató un mayor efecto. Un telegrama destacó el decálogo para mantener la revolución socialista, titulado ‘Los 10 principios del chavismo’. Otro cable concluye que “la mayoría de los ciudadanos, que dependen de la esplendidez de su petroestado, parecen darle más prioridad a los ‘derechos sociales’ y a la autopreservación, que a los abstractos derechos civiles”.

Chile:  Los telegramas no pasaron de la anécdota

Los cables emitidos en Santiago fueron  más bien  anecdóticos.   Una de las declaraciones más polémicas reflejadas en los telegramas fue la de Michelle Bachelet sobre la presidenta Cristina Fernández. La entonces presidenta le habría dicho, en enero del 2010, a Arturo Valenzuela,  secretario de Estado para América Latina, que su par argentina era “inestable”, lo cual fue negado por  Bachelet.

Costa Rica:  El Comando Sur adiestró a policías antimotines

Los cables revelaron que la CIA financió a la agencia de Inteligencia costarricense en operaciones contra el narcotráfico, y que el Comando Sur adiestró a policías  para contener protestas contra el tratado de libre comercio que ambas naciones firmaron. Pese al poco impacto político, la filtración sí permitió al diario La Nación confirmar las sanciones económicas de EE.UU. a Costa Rica.

Las reacciones de cuatro mandatarios, tras conocer los cables filtrados

Rafael Correa, Presidente ecuatoriano: “La embajadora Heather Hodges ha sido la enemiga en casa”.

Felipe Calderón, Presidente de México: “Los embajadores quieren levantar sus propias agendas”.

Hugo Chávez, Presidente de Venezuela: “Cómo irrespetan hasta a sus aliados, cuánto espionaje”.

Luis Inacio Lula da Silva, Ex presidente de Brasil: “El muchacho (J. Assange) solo estaba colocando lo que leyó”.  



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