27 de June de 2009 00:00

La iglesia que recupera 102 años

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Redacción Guayaquil

Los pétalos de vidrio multicolores adornan la entrada.    El sol de la tarde tiñe de amarillo,   azul y violeta el pórtico principal   tallado en madera. El gran rosetón es el ícono de   la iglesia  San José, en las calles Eloy Alfaro y Manabí, centro de Guayaquil.

Ese  es el  sello       de las basílicas romanas  que  construyó   la fe, justo  frente al congestionado sector de  la Bahía.    

El  arquitecto Antonio  Plaza,  director  de la obra de restauración, explica que algunas piezas fueron reemplazadas y  otras   pasaron por  un minucioso  proceso de pulido.
 
Junto al rosetón   reposa una cruz de madera custodiada por ángeles de mármol. Encima del pórtico, una virgen de mármol   observa   a quienes   oran en las bancas.

Como complemento, una hilera de rosetones menores adorna la nave central del templo, levantado en 1907.  Estos también fueron recuperados.  Su forma de flor es un elemento   de la arquitectura Romance, derivada del Bizantino. Pero con el tiempo serán reemplazados por imágenes de santos, según detalla Wilfrido Matamoros, gerente de la  Fundación   Siglo XXI, contratista del proyecto.

Los  murales    pintados al  fresco    arropan   el tumbado.     El cielo  raso  fue uno   de los elementos que revivió.  Los   tonos opacos  dieron paso a vistosas     cenefas, coronadas con  rosas       y trazos celestes que simulan nubes.

Su colorido    crea armonía con las pinceladas que adornan  la cúpula central.   Los trazos amarillos se hacen más intensos con la luz que ingresa por las claraboyas.   En los costados reposan frases en latín, empotradas en los pilares cercanos al altar mayor.  Esa es la firma del credo jesuita, según el párroco José Barriga.   

Una cuadrícula  blanca y negra forma la base  del altar. La recuperación del piso fue una de las tareas más difíciles. “Son baldosas españolas antiquísimas que tuvieron que ser pulidas, incluso algunas cambiadas”, cuenta Matamoros.   Parte  de la cerámica es nueva,  especialmente la que forma el centro del sagrario.

Como un toque de modernidad, el equipo de restauradores colocó tenues  luminarias.   Las luces dibujan sombras sobre los pilares,  formando    cruces alargadas.  En el sitio  también se instaló un sistema de seguridad.

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