7 de December de 2009 00:00

La ideología no importa

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Carlos Larreátegui

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Como muchos regímenes que han llegado al poder de manera abrupta e inesperada, el Régimen de Alianza País ha tratado de construir en el camino planes y programas, equipos de gobierno y, fundamentalmente, una ideología que le dé coordenadas y sustento. Inicialmente, y para sorpresa de propios y extraños, el Gobierno adoptó el enlatado ideológico del mexicano-alemán Heinz Dietrich, conocido como socialismo del siglo XXI. Convertido en uno de los héroes de la izquierda neomarxista, Dietrich parecía abrir una ruta histórica y con ello devolvía la esperanza a muchos socialistas revolucionarios que aún permanecían en coma luego de la caída del Muro de Berlín.

Con mucho ruido y honores, Alianza País invitó al controvertido ideólogo al Ecuador para escuchar su doctrina y comprender la ruta revolucionaria. Las exóticas teorías de Dietrich no tardaron en crear confusión y aturdimiento entre la variopinta militancia de Alianza País. Su compleja concepción de la “economía planificada de equivalencias”,  que elimina el sistema de precios y lo sustituye por una economía del valor basada en un salario que equivale directa y absolutamente al tiempo laborado, levantó  más dudas que respuestas.

Sin embargo, Dietrich guardaba fe en la revolución ecuatoriana  y creía que “la probabilidad de un sujeto gubernamental de vanguardia del socialismo del siglo XXI en América Latina era superior en el caso del Ecuador, que en cualquier otro país latinoamericano…”. Para ese entonces, Dietrich había perdido toda esperanza en Chávez y lo veía como un dictador improvisado y falto de un proyecto consistente.

Luego de tres años de gobierno,  pocos hablan del socialismo del siglo XXI en Alianza País. Aunque ciertos funcionarios anuncian la destrucción del estado burgués, la redistribución de la propiedad de la tierra y los medios de producción y de otras viejas fórmulas del socialismo clásico, el Gobierno busca desenfrenadamente la acumulación de poder antes que la aplicación de conceptos filosóficos.

Basta mirar las leyes de Comunicación, Educación Superior o Registro de Datos que harían feliz al más rancio de los dictadores de derecha.

Recordemos que Fidel Castro anunció en 1958 su intención de restaurar la democracia representativa arrebatada por Fulgencio Batista seis  años antes. En 1961, sin embargo, se declaró marxista y convirtió a Cuba en un protectorado de la entonces Unión Soviética.

Huber Matos, comandante de Sierra Maestra, declaró que Castro jamás fue marxista y que si el fascismo hubiera estado de moda cuando accedieron al poder, el dictador cubano se habría aliado con Hitler, Franco y Mussolini. En los gobiernos autoritarios la ideología es siempre funcional al poder y a sus detentores.

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