16 de March de 2015 20:24

Huigra, el pueblo que se quedó sin visitantes

Las calles de la parroquia se quedaron sin visitantes frecuentes; el tren imprime algo de movimiento cuando pasa una o dos veces por semana por la renovada estación. Foto: Raúl Díaz para EL COMERCIO.

Las calles de la parroquia se quedaron sin visitantes frecuentes; el tren imprime algo de movimiento cuando pasa una o dos veces por semana por la renovada estación. Foto: Raúl Díaz para EL COMERCIO.

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Cristina Márquez

Huigra vive en un absoluto silencio. En las antiguas calles patrimoniales de esta parroquia del sur de Chimborazo casi no hay movimiento.

Los propietarios de los escasos puestos de fruta que aún se colocan en la plaza central esperan ansiosos que algún viajero se anime a tomar la vía que conecta a Guayas con Alausí.

Ellos son los únicos compradores de los pepinos dulces, las mandarinas y los plátanos que se cosechan en ese sitio. Pero muy poca gente conoce la vía y a pesar del buen clima y los atractivos naturales como cascadas y bosques tropicales, no hay visitantes.

“Eso no siempre fue así”, recuerda nostálgico Rafael Peñafiel, de 77 años. Según él, Huigra fue uno de los pueblos más importantes de Chimborazo, porque era la parada obligatoria de los viajeros que iban y venían en el tren llevando productos de la Sierra y de la Costa.

Todas las familias que habitan en el pequeño pueblo estuvieron relacionadas con el ferrocarril. Los hombres trabajaban como ferroviarios, los niños vendían refrescos y helados a los viajeros, y las mujeres se dedicaban a la venta de almuerzos.

“Los gringos se inventaron los platos desechables gracias a nosotros”, dice entre risas Carlos Asitimbay, de 62 años, refiriéndose al plato típico del sector. Una porción de arroz con maduro y un huevo frito se servían en una hoja de col para que los pasajeros del tren pudieran almorzar en el camino.

“Los trenes llegaban a toda hora, a la madrugada, al mediodía y a la noche. Nuestros horarios de vida estaban acoplados a los del tren, porque ese era nuestro único trabajo”.

Él y sus amigos se reúnen todas las tardes en el parque central a contemplar el paisaje y pasar el tiempo. Allí hay un monumento al general Eloy Alfaro, edificado en 1929, el único recuerdo de lo que ellos llaman ‘la época de oro de la parroquia’. “Ese sí que era un presidente”, exclaman los hombres en sus conversaciones.

Al frente está la restaurada Estación del Tren. Ferrocarriles del Ecuador Empresa Pública la adecuó para recibir al Tren Crucero, que pasa por la parroquia una o dos veces a la semana. Las paradas no duran más de 10 minutos y los turistas no se bajan del tren. Eso talvez se deba a que Huigra no tiene un plan turístico consolidado para atraer a los viajeros.

“Los turistas solo nos ven por la ventana, nadie se baja a comprar ni una botella de agua. Nos sentimos humillados, antes no era así”, comenta en la reunión de la tarde, César Méndez, otro morador. La línea férrea está protegida por unas barandas verdes, las cuales -según los habitantes- representan una barrera con el tren. Para amenizar la conversación del día, cada uno habla sobre cuál sería la mejor forma de deshacerse de la estructura metálica que les separa del tren que antes les daba trabajo.

Huigra es el último punto en el mapa de Chimborazo, la parroquia está ubicada en el límite con la Costa, a 1 122 metros sobre el nivel del mar y por eso la temperatura promedio es de 16 grados. “Este es un lugar perfecto para los emprendimientos turísticos, pero requerimos más apoyo para difundir nuestros atractivos naturales e invitar a la gente a conocer este pueblo de la eterna primavera”, dice Yolanda Segarra, presidenta de la Junta Parroquial.

Sin embargo, al pueblo le quedan muy pocos habitantes y en su mayoría son adultos mayores, hay cerca de 4 500 personas. Los adultos jóvenes y los niños migraron a otras ciudades y al extranjero cuando el tren dejó de llegar a la estación de local, en 1998.

Ese mismo año, un fuerte invierno provocó la crecida del río Chanchán y Huigra se inundó totalmente. Hubo derrumbes, viviendas anegadas y aún hoy, 17 años después, el pueblo no ha podido recuperarse de esa tragedia natural. “Después del invierno todos preferimos irnos, no había nada que hacer aquí y después de haber sido tan concurrida, Huigra se volvió una ciudad fantasma”, cuenta Segarra.

Ella regresó a su pueblo natal para emprender proyectos que le devuelvan el dinamismo a la parroquia. El objetivo de la Junta Parroquial de este año es convertir a Huigra en un destino turístico.

Por eso, se capacitarán a guías nativos para ofertar recorridos a las cascadas y se promocionará la Hostería Copa Cabana, un complejo con piscina y espacios verdes.

En contexto

Huigra, una parroquia situada al sur de Chimborazo, perdió dinamismo cuando el tren dejó de funcionar hace casi una década. El pueblo era considerado de alta importancia en el intercambio comercial entre la Sierra y la Costa por su ubicación estratégica.

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