15 de November de 2009 00:00

Hugo Andrade revive la herencia femenina en piedra

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RedacciÓn Cultura

El patio que conduce a la oficina de Hugo Andrade está lleno de historia. Para él, las 103  piedras -de moler y afilar  cuchillos- no solo  adornan su  corredor. Acompañaron y le dieron  sazón a la vida de generaciones de mujeres.

“Todas tienen un valor importante. Para las personas mayores, desprenderse de una piedra de moler es tan duro... y eso no se comprende ahora”, dice el abogado de profesión y escritor aficionado. 

Andrade no sabe la edad de las piedras, pero supone que son muy antiguas, como las máquinas de coser y las herramientas que también conserva. 

“Siempre tuve inclinación por coleccionar, por  guardar cosas que  son parte de la trascendencia que tenemos  como seres humanos”. Desde niño recuerda que  guardaba recortes de las caricaturas de Roque, que se publican en el periódico.

Ya después empezó a guardar todo tipo de antigüedades, desde relojes hasta piezas de  numismática y filatelia. Incluso, cuenta que creó una especie de museo en Atuntaqui,  donde  nació.    “Pero mi interés  particular siempre fueron las   piedras de moler, no sé por qué,  pero tengo una ligación, quizás espiritual,  me producen una sensación de paz”.

Por eso, cada vez que conoce a alguien, Andrade le pregunta si tiene una piedra de moler  de la cual quiera deshacerse. Las  piezas fueron conseguidas a lo largo de toda su vida y  traídas desde diferentes sitios del país.

Pocas fueron compradas, dice Andrade. Las consiguió gracias a su empresa de fabricación e instalación de muebles de cocina. “Cuando vamos a las casas de nuestros clientes, vemos que muchas personas tienen las piedras tiradas por un lado. Para mí tienen mucho valor”.

La forma de las piedras, dice, es una de las cosas que más  le llaman  la atención. “Ninguna se parece a la otra, por más similares que se vean  tienen su propia forma y color”, explica.  

Su colección la conserva en los patios   de su oficina, debido a que su familia es más apegada a los objetos modernos. En su casa dejaron de moler el ají en piedra desde hace muchos años. Algunas de sus piezas  pertenecieron a su abuela. “Detrás de cada una  también está la vida de quienes se enamoraron de la sazón de quien cocinó con  esa  piedra...”.

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