24 de January de 2010 00:00

Algo huele mal

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Marco Arauz Ortega

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La frase la usó el ex presidente Gustavo Noboa para referirse a su percepción de que detrás de las acciones judiciales en su contra estaba el Gobierno, pero también sirve para comentar lo que sucede en estos días. Algo huele mal, por ejemplo, alrededor de la Iniciativa ITT, pues no se entiende que un presidente que controla todo se declare víctima de un canciller y de un equipo que supuestamente negociaron en nombre del ‘infantilismo ecológico’ y no del interés nacional. Huele mal que desde hace tiempo haya un plan B para explotar esas reservas petroleras, y huele peor la suposición de que será fácil retomar la renegociación.

También huele mal que el Presidente no tenga entre sus hombres -y mujeres- leales a alguien con mejor perfil que Ricardo Patiño para la Cancillería. La estructura y el profesionalismo de esa institución han soportado bien a las tormentas generadas por los políticos, pero no se entiende qué sentido tiene nombrar a un personaje que no se destacó en ninguno de sus tres cargos anteriores, y que afuera solo es ubicado por su militancia socialista. El Gobierno debiera entender que el radicalismo internacional le ha dado resultados pobres, y que la geopolítica regional no juega totalmente a su favor.

En el plano interno, huele mal que el Gobierno apueste a quedarse con un frente político muy débil, y que el Presidente, en lugar de buscar buenos fusibles para los conflictos con algunos sectores políticos y sociales, y sobre todo con la disputa de poder en Guayaquil, decida seguirse quemando. Huele mal que se haya hecho un escándalo a partir de un correo electrónico de un miembro de las Fuerzas Armadas que se quejaba por falta de atención a sus pedidos. El caso de ‘conspiración’ revela poco tacto y hasta abuso de poder, pero también miedo.

Y huele muy mal la constatación de que el sistema de justicia y de fiscalización que se derivó de la supuesta reingeniería institucional que empezó hace tres años resulte catastrófico y lesivo para el país, pues su gran dependencia política y su provisionalidad lo han colocado en la misma o peor situación que renombradas cortes y órganos de control de la ‘larga noche neoliberal’.

Huele mal que lo que tengamos hoy sea una Corte que recibe  presión del Ejecutivo y la Fiscalía; una Fiscalía apegada a la visión del Ejecutivo y con un espíritu de cuerpo muy mal entendido, como lo evidenciaron dos comunicados que muestran una visión prejuiciada sobre casos tan delicados como la muerte de Natalia Emme y el aeropuerto de Quito. De la capacidad fiscalizadora de la Asamblea, mejor no hablar.

Es muy decidor que en estos días el Gobierno haya intensificado su campaña sobre la honestidad pública. Pero nada de eso evita que algo huela mal, y que el Gobierno, que mete las narices en todo, incluso en la Orquesta Sinfónica Nacional, no tenga el suficiente olfato.

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