15 de December de 2009 00:00

El Huapsay y la Navidad en la ciudad

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

En el parque de La Carolina, tanto en el Jardín Botánico, como en la vereda oriental zona sur, se encuentran unos árboles de peculiar contextura, pues sus hojas son aciculadas, es decir en forma de aguja, muy semejantes a los pinos, los cuales resultan extraños para los quiteños y hasta podría parecer que son especies foráneas.

Pero no, se trata de los podocarpus (fruto de pie) Sprucei u Oleifolius y otras variedades, denominadas en quichua, según Luis Cordero, huapsay cuyo hábitat se extiende desde los cuarenta y cinco grados de latitud norte hasta zonas equivalentes en el sur del mundo y por lo tanto son totalmente nativos del Ecuador.

Lamentablemente es una especie en peligro de extinción, por el excesivo aprovechamiento que se ha hecho de ellos, debido a su blanca madera prácticamente igual a la de los pinos; además de que su reproducción en cultivo no es tan fácil. 

Hay zonas del país, donde se los puede encontrar con algo más de frecuencia, como las provincias australes del Azuay y Loja, razón por la cual hace algunos años tuve la sorpresa de que eran vendidos para árboles de Navidad, a más bajo costo que los pinos y cipreses.

Frente a semejante hecho indiqué a las personas conocidas que así adornaban sus fiestas navideñas, el peligro que corrían estos arbolitos y que aunque sin duda su aspecto de conífera es muy hermoso, no nos podíamos dar el lujo de utilizar con esos fines, especies vegetales al borde de la extinción. 

Indudablemente que la zona de Quito fue muy propicia para el crecimiento de las podocarpáceas y cuando el Pichincha tenía su bosque de ceja andina, ahí hubo huapsay de la variedad Oleifolius, que todavía fueron encontrados por el notable ornitólogo Fernando Ortiz Crespo, quien lamentó haber presenciado la tala del último de estos arbolitos en las laderas de la montaña a cuyas faldas se encuentra nuestra ciudad. 

Para compensar semejante destrucción, Fernando Ortiz, sembró en su casa de Cumbayá algunos ejemplares y en la Universidad Católica, junto a la Facultad de Ciencias, donde afortunadamente han crecido raudos y tienen un buen tamaño; y por cierto escondido en una de las jardineras cercanas a la Facultad de Pedagogía está un Oleifolius, nombre que significa hoja de olivo, porque a diferencia de los Sprucei que son puntiagudos, la foliación de este es exuberante y que a simple vista daría la impresión de no ser de la especie de las coníferas.

Afortunadamente como se decía con anterioridad, en el Jardín Botánico hay unos cuantos y con letreros que informan al visitante de las características de estos árboles. El Municipio y los organismos encargados de la ornamentación de la ciudad, deberían desarrollar en sus viveros plántulas, para que puedan ser adquiridas por los quiteños y sembradas en casas particulares y en parques, junto con otras especies nativas como el sacha capulí (Vallea stipularis), abundante en Papallacta, que alguna vez fue sembrado cerca de la iglesia de La Paz, en la calle Whimper, llegando a crecer y dando hermosas flores de color rosado, con lo cual se mejoró estéticamente la zona. 

Lamentablemente como la variación de criterio es constante en quien está a cargo de los parques y jardines, fueron extirpados sin más, dejando un gran vacío en aquel andén. No hay duda que la mejor manera de honrar la Navidad, será con arbolitos sembrados en la tierra.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)