12 de mayo de 2016 00:00

Horarios para venta de licor causan inquietud

Desde el martes existen nuevos horarios para bares y discotecas en el país. Lo mismo ocurre con las licorerías. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Desde el martes existen nuevos horarios para bares y discotecas en el país. Lo mismo ocurre con las licorerías. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

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Redacción Seguridad
seguridadec@elcomercio.com

Los gritos de la mujer se escucharon hasta el cuarto piso. Eran las 02:00 y por la ventana del departamento se veía que seis hombres se golpeaban en la calle mientras la mujer gritaba con desesperación.

Ese hecho se produjo a finales de marzo en Quitumbe, en el sur de Quito. Esa noche llamó a la Policía, pues empezó a ver que se lanzaban botellas de cerveza, piedras y palos. Adriana, una vecina que vio todo, recuerda que la gente corría cubriéndose la cabeza.

Al otro día conoció que quienes se golpeaban estaban ebrios y que minutos antes habían sido expulsados de una de las 17 discotecas que funcionan en este sector. Allí también funcionan bares y karaokes.

Los vecinos de esa zona saben que el exceso en el consumo de alcohol ocasiona riñas semanales y presencia de libadores en las veredas.

Daysi Vela es la administradora de un conjunto que colinda con la zona de diversión nocturna de Quitumbe. Ella dice que se han organizado para exigir más seguridad y control en la venta de licor. En noviembre pasado realizaron una marcha, en ella exigieron que se controlara el consumo, pues luego del cierre de bares se producen peleas callejeras.

Ahora, la preocupación surge nuevamente, pues desde el martes estos locales extendieron sus horarios de atención hasta las 04:00. Mientras que las licorerías atienden hasta las 03:00, de lunes a sábado.

Esta medida fue tomada por los ministros del Interiory de Turismo. ¿La razón? Reactivar las actividades turísticas y promocionar el comercio. Se fijaron seis meses para una evaluación de la medida. En ese análisis se considerarán dos puntos: cumplimiento de los propietarios de los locales en el horario y estado de la inseguridad.

Esto último es lo que más preocupa a los moradores de los barrios. Por ejemplo, en la parroquia de Chillogallo, los dirigentes conocieron ayer que los centros de diversión tienen nuevos horarios. Por eso organizan una reunión con representantes de los 66 barrios y policías para analizar el tema de la seguridad.

Marcela Ortiz, presidenta de Chillogallo, sostiene que antes de que se restrinja el consumo de bebidas alcohólicas, es decir hasta el 2010, eran frecuente las riñas entre los jóvenes.

“Eso cambió cuando las discotecas comenzaron a cerrar a las 02:00. Ahora con los nuevos horarios podría aumentar la delincuencia”, señaló.

Para evitar esto, el Ministerio del Interior dio la orden de que los operativos policiales se extiendan hasta las 06:00.
Esa disposición ya ha llegado a las unidades policiales.

Una de ellas es el circuito San Isidro de El Inca, en el norte de la capital. Santiago Tamayo es el jefe de esa unidad y ayer aseguró que vigilan la venta de licor y la presencia de libadores. En ese sector existen al menos 80 locales que expenden alcohol. Además, se analizará internamente si requieren el apoyo de más uniformados.

En el ECU 911 Quito también se estudiará si necesitan más personal para el monitoreo y para la atención de posibles emergencias.

Francisco Robayo es el coordinador zonal de Quito. En una entrevista con este Diario, él explicó que los fines de semana es cuando más reciben avisos de emergencias por riñas en la vía y presencia de libadores en espacios públicos.

El año pasado, el ECU 911 recibió un promedio mensual de 4 100 llamadas que alertaban sobre consumidores de alcohol en las vías de la capital.

Entre enero y abril del 2016, ese promedio de emergencia subió a 5 400.

Es decir, el organismo de socorro considera a ese fenómeno como un problema de inseguridad. Por eso, el organismo que atiende esas alertas es la Policía. De allí que en los barrios ya han tomado medidas.

En Solanda, sur de Quito, en la calle J existen 10 bares y discotecas. Los vecinos han puesto puertas en los accesos de pasajes, para evitar que personas ingresen a pelear.
En la Pisulí, al noroccidente, los vecinos planean montar guardias en las noches.

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