27 de mayo de 2014 22:28

El 'hombre del tanque' , un icono  de Tiananmen y de la no violencia

El Hombre del Tanque, una imagen captada en 1981 por Jeff Widener. Foto: AFP

El Hombre del Tanque, una imagen captada en 1981 por Jeff Widener. Foto: AFP

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Agencia AFP
Pekín

Mundialmente célebre pero al mismo tiempo anónimo, el “hombre del tanque”, que se interpuso al avance de una columna de blindados enviados por el régimen chino para aplastar el movimiento democrático en la plaza Tiananmen, encarna desde hace un cuarto de siglo la no violencia frente a la represión.

El “hombre del tanque” es también una emblemática fotografía del siglo XX que sigue siendo reproducida, copiada o parodiada. Y ello a pesar de la implacable censura del régimen comunista chino.

El 5 de junio de 1989 poco antes de mediodía, al día siguiente de la represión sangrienta de la Primavera de Pekín, este joven se atrevió a bloquear la progresión de una columna de tanques del Ejército Popular de Liberación.

Solo, vestido con una camisa blanca y un pantalón oscuro, con una bolsa en cada mano, se plantó en medio de la inmensa avenida de la Paz Eterna que bordea la plaza Tiananmen, desalojada de sus estudiantes que soñaban con la democracia

En varias ocasiones, el tanque a la cabeza de la columna trata de esquivar al manifestante. Pero en cada momento, este se vuelve a colocarse en su camino. El “hombre del tanque” incluso inicia un misterioso diálogo con el piloto del vehículo, antes de que se lo lleven unos desconocidos.

Este "rebelde anónimo" se ha convertido en una leyenda viva, reforzada por su desaparición, probablemente en manos de las fuerzas de seguridad.

“Lo que ha hecho simboliza el espíritu de la juventud de aquella época”, confiesa el célebre disidente Hu Jia.

Todas las hipótesis han circulado sobre la suerte del “Hombre de Tiananmen”. Algunos lo identificaron con el nombre de Wang Weilin, pero no está confirmado.

El eterno silencio del poder

Al igual que muchos otros, Hu Jia ha llevado a cabo su propia investigación. “He seguido todas las pistas, sin llegar más allá de unas fotos y unos vídeos. Incluso he pedido a amigos del Estado Mayor del ejército en Shanyang ayudarme a localizar al piloto del primer tanque”.

Del lado de las autoridades, sigue imperando el silencio. Un año después de los hechos, la periodista Barbara Walsters, gran figura de la televisión estadounidense, exhibió la foto del “hombre del tanque” en plena entrevista con Juang Zemin, el número uno chino.

“¿Qué pasó con este joven?”, preguntó. Juang primero esquivó la pregunta, recordando que no fue aplastado por el tanque, y luego aseguró ignorar lo ocurrido con él.

La imagen la tomó un fotógrafo de la agencia Associated Press, Jeff Widener, desde el balcón de su habitación en el Hotel de Pekín.

Aunque no ha sido el único testigo en fijar la imagen del “hombre del tanque”, su foto es la que se publicó en todo el mundo, salvo en China. America on Line (AOL) la eligió como una de las diez imágenes más célebres de todos los tiempos.

Desde hace 25 años, ha sido reciclada en multitud de ocasiones, tanto por organizaciones de defensa de derechos humanos como por manifestantes de todos los orígenes.

El símbolo inspiró a artistas de todos los continentes. Ha sido explotado por la industria publicitaria. Sin mencionar a los dibujantes satíricos, hasta la serie de los Simpson, que han reproducido la escena de los tanques con unos taxis neoyorquinos.

La parodia de los patos amarillos

La imagen sigue sin embargo ampliamente desconocida en China, donde está censurada de forma draconiana. Hu Jia descubrió la foto años después de que diera la vuelta al mundo.

“En una época en la que muy poca gente tenía una cámara de fotos, esta imagen parece sin embargo inestimable”, dice.

El año pasado, bastó con un montaje de la famosa fotografía en la que se remplazaron a los tanques por patos amarillos para que las autoridades chinas bloquearan en internet las palabras “grande pato amarillo”.

Jeff Widener, de 57 años, confiesa haber desarrollado con el tiempo “una relación de amor y odio” con su propia foto, cuyo impacto disparó su reputación pero también ensombreció el resto de su trabajo.

“Y, finalmente, acepté el lugar que tomó el hombre del tanque en mi vida”. Y añade: “A veces me pregunto qué ha sido del hombre del tanque (...). Puede que sea mejor no conocer nunca su identidad. Es un poco como el soldado desconocido. Nos recordará siempre la importancia de la libertad, de la democracia y de nuestro derecho a la dignidad”.

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