16 de marzo de 2016 20:21

Las historias con dramas, un gancho para seguir pidiendo colaboración en las vías

Personas que piden colaboraciones a los pasajeros de buses o a los ciudadanos a pie. Foto: Archivo / EL COMERCIO

Personas que piden colaboraciones a los pasajeros de buses o a los ciudadanos a pie. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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Evelyn Jácome
Redactora

La historia fue conmovedora. El pasado lunes 14 de marzo del 2016, un hombre se acercó al vehículo de Diego Herrera, quien llegaba a una casa de salud, ubicada en el norte de la ciudad, para que atiendan a su hijo de siete años por una infección. El hombre abordó a Proaño antes de que se baje del auto y le preguntó si había visto el noticiero del mediodía.

“La peor desgracia que le puede ocurrir a un padre me la ocurrió”, dijo, y continuó contando una historia desgarradora. Con el pasaporte en mano, dijo haber llegado al Ecuador hace diez días junto a su esposa y dos hijos. Era su penúltimo día en este país antes de regresar a su tierra natal cuando un accidente ocurrió. Su hija menor de 16 años cayó desde el balcón de la habitación donde se hospedaban en un hotel por el sector de La Carolina. “Mi hija está cuadripléjica y debo llevarla a mi país porque aquí no me cubre el seguro médico. La aerolínea accedió a llevarla pero debo reunir lo antes posible USD 126. Me da vergüenza hacer esto, pero usted es padre y uno hace lo que sea por los hijos. Le ruego me ayude”. Proaño hizo un par de preguntas y le entregó USD 10. Cuando el hombre se marchó, Proaño se contactó con una amistad que trabaja en una unidad de socorro de la capital, quien le aseguró que nunca recibieron esa emergencia. ¿Fue real el caso?, ¿lo timaron?

Ramiro Ortega, jefe de la Brigada Anti criminal de la Policía Judicial, informó que comprobar si ese tipo de situaciones son reales o no, resulta complicado. Se trata usualmente de personas extranjeras que apelan a la sensibilidad de la gente.

En caso de que fuese mentira, la situación caería en lo que se conoce como ‘víctima de cuenteros’ y se convertiría en una de las modalidades, cuyo delito final es el robo.

La figura de los cuenteros consiste en motivar a la entrega de algún bien basándose en una mentira, en una situación irreal. El engaño se consigue mediante la narración de historias ficticias. Los casos de cuenteros son frecuentes, pero no se reciben denuncias por dos razones: el monto que se les entrega es bajo (usualmente USD 1), y es una entrega voluntaria, por lo que podría considerarse una caridad.

A diario existen casos de gente que finge algún tipo de discapacidad y se ubica en alguna esquina para pedir dinero a quienes pasan. Otras personas aseguran haber sido víctimas de robo y dicen no tener dinero para volver a su tierra natal. Y hay quienes cuentan que tienen algún familiar enfermo y si no le da cierta medicina costosa, puede morir. No obstante, Ortega aclara que pueden existir casos reales de gente que afronta situaciones complicadas y necesitan ayuda para salir de ellas. En esos casos, la ayuda es vital.

La recomendación es tratar de averiguar un poco más sobre la situación. Por ejemplo, revisar el pasaporte para ver si coincide la fecha de ingreso al país o hacer una llamada telefónica a la casa de salud donde la víctima está interna.

Los cuenteros se ubican usualmente en los alrededores de clínicas y hospitales, de escuelas o de centros comerciales. Prefieren lugares de gran afluencia para tener acceso a mayor cantidad de personas.

Ortega recuerda que ese tipo de situaciones no pueden ser consideradas como estafa, porque la estafa tiene otro nivel de mayor peso dentro del proceso judicial.

Aparte de los cuenteros, existen varias modalidades para conseguir apropiarse de dinero ajeno, como el paquetero, el arrancador, el lanza, el descuidero, el carterista, el sacapuntas...

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