6 de December de 2009 00:00

Los hinchas del Quito sufrieron para ganar la cuarta estrella

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Redacción Deportes  

Gustavo Lasso  se abrazó con todos  quienes estaban a su alrededor.  Fue después del primer gol del Deportivo Quito.  Con lágrimas en los ojos Gustavo, de 26 años, alzó la mirada al cielo, como en un signo de agradecimiento porque la cuarta estrella del equipo de la Plaza del Teatro  parecía cada vez más cerca.
De pronto,  el cuadro capitalino marcó el  segundo tanto  y nuevamente entre abrazos y lágrimas Gustavo  empezó a saltar en medio de otros hinchas que simplemente se abrazaban y  coreaban a favor de la ‘Academia’.

Fueron momentos de  euforia para los capitalinos  que estaban en la parte central de la preferencia del Olímpico Atahualpa, a un costado del grueso  de la famosa barra Mafia Azulgrana.

Después de los abrazos, Gustavo se llevó una de sus manos a la boca y besó  una fotografía tamaño carné con la imagen de su padre.
Con una emoción que se le desbordaba, contó que la mejor herencia que le dejó su progenitor  es ser hincha  azulgrana. “Va por mi papá, que está en Italia. Él se llama Iván”, contó Gustavo. 

Como él, otros hinchas también, con lágrimas en los ojos, alentaban a los jugadores chullas.

En ese momento,  los 35 000 aficionados que llegaron para alentar por  la final del campeonato eran un solo coro: “Oh, Quito Corazón... “ gritaban con toda la capacidad  de sus pulmones.

En otro punto, en la parte norte de la preferencia estaba Ramiro Gavilánez, de 33 años,  oriundo de Riobamba. Desde niño siempre le gustó  el Quito. Ramiro también cantaba  con todas sus fuerzas por la ‘AKD’.  Él nació con discapacidad visual. Su hermana le  narraba el partido. 

Algunas gradas abajo de Ramiro estaba Adriana Hidalgo, de 20 años. Ella, junto con unas amigas,   tampoco dejaba de alentar.  

En eso, a los  80 minutos llegó el primero gol del Deportivo Cuenca. Los hinchas morlacos empezaron a reaccionar pero los del Quito continuaron alentando, como es  su costumbre.  Mas,  el segundo gol, a notado a los 82 minutos,  dejó estupefactos a los académicos, quienes por unos segundos se quedaron en silencio.  

 Por más que los líderes de barra trataban de motivar a la hinchada para que siga cantando, los aficionados capitalinos sintieron ese tanto  que, en cambio, despertó a los 5 000 aficionados  morlacos que llegaron para  acompañar a su equipo en el sueño de alcanzar la segunda estrella local.

Mientras los seguidores del Cuenca sentían que  la victoria era posible y alentaban a sus jugadores,  en el Quito hasta la gente que toca los bombos   no lograba   acompañar con fuerza los cánticos de la hinchada. 

Por eso, entre otros, José Pardo,   parado sobre el   muro que divide la  parte  baja de la  alta de la preferencia,  intentaba hacer que la gente no se quede  callada.

“Nosotros casi no vemos el partido. Tratamos que la hinchada  no se canse y siga cantando”, relató.

Poco a poco, el aliento de  los aficionados azulgranas empezó a crecer nuevamente y dejaron atrás esos dos goles que ponían al Cuenca a un solo tanto de alcanzar el  campeonato.

El “Vamos ‘AKD’... tenemos que salir campeones este año...”, una vez más empezó a retumbar en el estadio de El Batán.

Y fue en medio de ese reentré de los aficionados de la ‘AKD’ en el cotejo que llegó el gol de    Michael Arroyo,  marcado de tiro libre. Entonces los del  Quito siguieron cantando hasta el final. 

“Esta hinchada alienta con lágrimas en los ojos. Tú lo puedes ver, es así como alentamos”, aseguró  Juan C. Yánez,  uno de los líderes de la Mafia Azulgrana.

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