28 de December de 2009 00:00

El hígado es vulnerable a cinco males

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Redacción Sociedad

El hígado es la glándula más grande del organismo (en adultos mide hasta 28 centímetros de alto por ocho de espesor). Su función  principal es procesar los nutrientes que se ingieren y eliminar las toxinas.



Las complicaciones

Las cinco  enfermedades que afectan al hígado son hepatitis A, B y C, cirrosis, colangitis esclerosante primaria, cáncer de hígado, hígado graso.  

La incapacidad  del hígado de metabolizar las proteínas también puede derivar en un debilitamiento de los músculos.  Esto hace que una persona con cirrosis sea más proclive a sufrir fracturas de huesos.  Estas tareas se alteran por enfermedades como la cirrosis, hígado graso o cáncer. Estos son los cuadros más comunes, pero en total son cinco dolencias que afectan a ese órgano.

Cuando hay cirrosis la única solución es el trasplante de hígado. En el país, la primera cirugía exitosa de este tipo ocurrió la semana pasada en el Hospital Metropolitano. La persona favorecida fue la quiteña Ángela Viteri, de 30 años, quien evoluciona  favorablemente, según  Franz Serpa, especialista tratante. 
 
El médico hepatólogo del Hospital Metropolitano, Juan José Suárez, explica que la mayoría de pacientes no presenta síntomas cuando hay alteración en el hígado. “Esta glándula cumple al menos 400 funciones metabólicos. Por ejemplo, produce bilis,  fundamental para la digestión y el metabolismo de las grasas”.

La cirrosis es el mal  más grave que le afecta. Se caracteriza por la acumulación de ‘cicatrices’ en el tejido hepático. Estos cambios en el tejido interfieren con la estructura y funcionamiento normal, ocasionando serias complicaciones en sus funciones. “Para llegar a eso se necesita de entre 5  y 30 años”, explica Suárez.

El médico endocrinólogo, Clemente Orellana, indica que en estos casos lo importante es evitar el alcohol, alimentos ricos en grasas y carbohidratos. “En estas fechas de festividades una copa de vino blanco o tinto no hace daño, pero no más”.

Y la doctora en nutrición del Hospital Militar, María del Carmen Álvarez, sugiere evitar al máximo las bebidas destiladas, para impedir que se presenten problemas. “Cuando la persona tiene cirrosis crónica no puede ni debe tomar nada de alcohol”.  

La cirrosis tiene tres etapas. La primera se denomina compensada. Aquí ya se presentan daños, pero el hígado aún funciona. La otra se llama descompensada, es decir, ya se presentan ‘cicatrices’ y deja de funcionar correctamente. Aquí, el  paciente  desarrolla  síntomas como fatiga, falta de apetito, náuseas, ictericia, pérdida de peso, dolor de estómago, hematomas y hemorragias. Por último está la cirrosis complicada,   que es irreversible.

Un estudio realizado en 2007 en el dispensario Chimbacalle del IESS (sur de Quito) reveló que 171 de 800 pacientes analizados presentaron hígado graso no alcohólico. Es decir, producido por exceso de carbohidratos y grasas.  De los 171, el 53% correspondió al sexo femenino con rangos de edad entre 26 y 70 años. El 47% fue para hombres con un promedio de 44,3 años.

El hígado graso    es   la acumulación de grasas en las células del hígado. Los síntomas son fatiga crónica, dolor en la parte superior derecha del abdomen, malestar general y sensación de pesadez después de las comidas.

Si no se trata a tiempo se corre el riesgo de pasar a otra etapa: esteatohepatitis, donde se agrega inflamación. Si con el tiempo progresa puede destruir las células y llevar eventualmente a la fibrosis (endurecimiento). Paulatinamente se puede perder, de forma irreversible,  sus funciones. Suárez sostiene que una persona sin hígado puede vivir apenas horas. 

Álvarez explica que es importante la actividad física, porque mejora el metabolismo del organismo. Los médicos sugieren ejercicios diarios al menos 30 minutos durante las mañanas.

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