20 de octubre de 2015 09:40

La herencia de Gadafi sigue viva en Libia

Gadafi

Gadafi tomó el poder en 1969 mediante un golpe de Estado. Foto: Archivo AFP

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Agencia AFP

Cuatro años después de la muerte del dictador libio Muamar Gadafi, su herencia sigue pesando en este país petrolero, aún sin unidad nacional y minado por la violencia y las luchas de poder.

“Gadafi ha hecho emerger un Estado construido en torno a su persona” durante las cuatro décadas que estuvo en el poder, explica Michael Nayebi-Oskoui, experto de Oriente Medio en el centro de reflexión estadounidense Stratfor.

Gadafi “utilizó el dinero del petróleo para financiar un aparato represivo destinado a sofocar cualquier tipo de oposición, en vez de construir instituciones públicas que habrían podido sobrevivirle”, afirma el analista. “Llevará años o décadas -añade- que Libia pueda construir una identidad nacional”.

Gadafi, quien dirigió Libia tras haber tomado el poder en 1969 mediante un golpe de Estado, aboliendo el régimen monárquico apoyado por Occidente, fue ultimado el 20 de octubre de 2011, después de ocho meses de conflicto desencadenado por una revuelta popular.

Desde la caída en 2011 del régimen de Gadafi, propiciada por una operación militar en la que participaron países como Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña, Libia está sumida en el caos.

El país, de estructura esencialmente tribal, ha quedado a expensas de milicias armadas formadas por antiguos rebeldes. Hay combates en varias regiones y dos gobiernos se disputan el poder pese a los esfuerzos de la ONU por instaurar un gobierno de unión nacional.

Desde 2014, la capital, Trípoli, está en manos de las milicias, algunas de ellas islamistas, que establecieron una autoridad paralela a la reconocida por la comunidad internacional que se vio obligada a huir hacia el este del país, concretamente a Tobruk.

Aprovechando este vacío político y de inseguridad permanente, este año el grupo yihadista Estado Islámico (EI) echó raíces en el país.

'Cambiarlo todo'

El país también se ha convertido en terreno para traficantes de personas sin escrúpulos que organizan, por sumas descomunales, la salida hacia Europa de miles de migrantes, en su mayoría africanos, en embarcaciones precarias, contribuyendo a convertir el Mediterráneo en un cementerio.

“Todo cuanto Gadafi ha dejado detrás es corrupto: la política, la economía, la sociedad e incluso el deporte. Las leyes, las reglas de funcionamiento (impuestas por Gadafi), hay que cambiarlo todo, de A a Z”, afirmó un responsable del gobierno paralelo de Trípoli.

“Puso a las tribus locales y los grupos étnicos los unos contra los otros, lo que explica la dificultad de los libios y de la comunidad internacional para definir hoy una identidad nacional”, analiza Nayebi-Oskoui.

El experto de Stratfor predice que “el nombre de Gadafi seguirá en primera línea de la actualidad, sobre todo a causa de los juicios de las personas de su entorno y los hechos relacionados con él que salen a relucir de nuevo, como el atentado de Lockerbie ” .

'40 años de caos' 


La semana pasada, unos magistrados escoceses identificaron dos nuevos sospechosos libios en el atentado contra un Boeing de la Pan Am que sobrevolaba Lockerbie en 1988 (270 muertos) . El régimen de Gadafi reconoció hace tiempo su responsabilidad en el atentado y pagó 2 700 millones de dólares de indemnización a los familiares de las víctimas.

Para Nayeb-Oskui, Gadafi dejó “una nación fracturada”. Además, si el conflicto perdura, la economía podría desplomarse, advierten los responsables libios.

Gadafi convirtió el petróleo en el principal motor de la economía del país pero las exportaciones han caído más de la mitad, a 400 000 barriles diarios, debido al caos.

Y la ONU no ha logrado poner de acuerdo a las partes sobre un gobierno de unión nacional.

En la capital, se ven pintadas del exdictador en los muros. Este martes por la noche, los habitantes saldrán a la calle para celebrar el cuarto aniversario de la muerte del que se hacía llamar “el rey de los reyes de África”.

“Antes nos daba miedo incluso mirar su cuartel general”, cuenta Ahmad, un vendedor de cigarrillos. “Las cosas han cambiado, por supuesto, pero este miedo lo seguimos sintiendo cada vez que pasamos por delante de las murallas y nos hacen pensar en él. Harán falta generaciones -dice- para que desaparezca definitivamente”.

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