27 de febrero de 2015 21:39

Largo proceso de entrenamiento para pilotear un helicóptero

El Ala de Combate tiene dos aeronaves y helicópteros. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

El Ala de Combate tiene dos aeronaves y helicópteros. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO.

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Javier Ortega

El piloto Víctor Hugo Pozo tiene grabadas en la memoria las escenas del rescate. Era el 2 de julio del 2012. Con un helicóptero TH-57 aterrizó en la estrecha azotea del edificio Las Cámaras, en Guayaquil, y evacuó a los últimos tres empleados atrapados en un incendio. En esa operación, el personal del Ala de Combate 22 de la FAE salvó a ocho personas.

La búsqueda y rescate de civiles y militares son la principal tarea de esa unidad. De hecho, su lema refleja las misiones que cumplen desde 1962. Los oficiales llevan bordada en su uniforme verde oliva la frase ‘Para que otros puedan vivir’.

A cargo del Ala de Combate 22 está el pilotaje de las aeronaves Cessna y Piper 34 y de los helicópteros TH-57, Bell 206 y los Dhruv; estos últimos accidentados cuatro veces entre el 2009 y el 2015. En los dos primeros siniestros, las juntas investigadoras concluyeron que hubo fallas humanas.

El miércoles, este Diario entró a este recinto militar, en Guayaquil. Por primera vez después de los incidentes, los oficiales que volaban los Dhruv hablaron sobre su trabajo operativo. Para pilotear ese tipo de naves son necesarios al menos ocho años de aprendizaje.

El capitán Luis Armas cumplió ese proceso y ahora es instructor de los Dhruv. Entró en la Escuela Superior de Aviación Cosme Rennella en 1996 y cuatro años después se graduó como piloto en el grado de subteniente. Desde el 2003 integra el Ala de Combate 22.

Como él, cada año ingresan a esa unidad entre cuatro y cinco subtenientes para especializarse en el manejo de helicópteros. Actualmente ahí hay 40 pilotos. Los oficiales se preparan primero en el escuadrón 2212, fundado el 7 de octubre de 1990. También se lo conoce como escuadrón Lobos por el apellido del oficial más antiguo que integró ese grupo. El 2212 es una ‘escuela’. Ahí aprenden aerodinámica de helicópteros, doctrina de rescate, búsqueda y salvamento, aerodinámica... Ese proceso teórico dura tres meses.

El número 2 de ese escuadrón es el capitán Sebastián Ortiz. Él instruye a los subtenientes que aprueban la teoría. En un extenso hangar, los alumnos inician las prácticas. Luego de las primeras 80 horas de vuelo, los oficiales se califican para pilotear los TH-57 y Bell 206.

Solo los más experimentados avanzan al escuadrón Cobras o 2211, donde se especializan en el manejo de los helicópteros bimotor, como los Dhruv. Para operar estos equipos, los militares requieren tres años más de teoría y práctica. De hecho, a este grupo se les atribuye la creación del Ala de Combate 22 el 6 de junio de 1962.

Armas, un oficial nacido en Pimampiro, relata que el proceso para llegar al escuadrón Cobras es complejo, porque las naves de dos motores tienen tecnología de última generación. Los pilotos de esta unidad están capacitados para misiones especiales, vuelos instrumentales, con visores nocturnos, transporte del Presidente y otras autoridades vip.

En el 2014, el Ala de Combate 22 desarrolló seis evacuaciones aeromédicas con los Dhruv (ver infografía). Sus tareas son claves. La rápida movilización de los heridos implica un alto porcentaje de supervivencia.

En julio del 2012 tardaron 10 minutos en trasladar a las víctimas del incendio desde Las Cámaras hasta la Base Aérea Simón Bolívar de Guayaquil, centro de operaciones de la unidad militar. En el trayecto, los aeromédicos estabilizaron la respiración de los pacientes, debilitada por el humo que inhalaron en el incendio.

El oficial Pozo recuerda que esa fue una operación difícil. Los dos TH-57 aterrizaron en medio de motores de aire acondicionado que funcionan en la azotea del edificio. “No era un helipuerto y eso complicó el rescate. Aplicamos todo nuestro entrenamiento y habilidad”.

El oficial Ortiz guarda en su computadora las fotografías de esa misión. “Los sobrevivientes no lo olvidan. Todavía nos llaman y agradecen lo que hicimos en esa operación”.

En los pasillos del Ala de Combate 22 hay imágenes que evocan el trabajo de los pilotos. En una pared cuelga un reconocimiento de la empresa francesa Eurocopter. El 16 de abril de 1974, dos oficiales de ese complejo militar ejecutaron el salvamento más alto de América del Sur. Fue a 25 000 pies y rescataron los cuerpos de tres andinistas en el Cayambe.

Las pruebas antes del vuelo

El miércoles, en una oficina pequeña, el capitán Pozo iniciaba el denominado ‘briefing de misión’, un espacio donde los pilotos despejan sus dudas. La reunión se desarrolla una hora antes de cada operación y allí se conoce la hora de vuelo, los puntos adonde se desplazarán las unidades o las posibles emergencias que se puedan reportar durante el traslado.

En estas tareas participan personal de infantería, encargados del rescate en agua, tierra o en alta montaña, y los aeromédicos. Todos cumplen un papel fundamental.

La preparación de los pilotos se la monitorea cada semana. Todos los lunes, los oficiales superan una prueba conocida como ‘boldface’, un documento que contiene preguntas relacionadas con las emergencias más críticas durante un vuelo.

Si falla en un porcentaje o en una coma, el boldface se elimina y no se habilita al oficial para pilotear hasta que alcance una nota de 100/100. Además, cada mes deben completar al menos tres horas de vuelo para utilizar las aeronaves. Quienes no cumplen ese requisito entran en un proceso de actualización.

El personal del Ala de Combate está acostumbrado a este duro entrenamiento. Aquellos pilotos designados a un vuelo pasan también por un chequeo médico riguroso. Los especialistas evalúan si durmieron al menos seis horas, si no bebieron alcohol, la presión arterial...

En esa unidad tiene claro que no se trata de aprender a volar y subirse a los helicópteros. Hay un largo proceso que cumplen día a día...

En contexto

El Ala de Combate 22 fue fundada el 6 de junio de 1962. Tienen 52 años de experiencia en el rescate de civiles y militares. Tuvieron una participación destacada en la guerra con Perú. Luego de los cuatro accidentes de los Dhruv, su preparación se puso en duda.

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