1 de December de 2009 00:00

Héctor Abad F. dejó al fin su pasado en paz

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Edwin Alcarás. Redactor de Cultura

Héctor Abad Gómez, padre de Héctor Abad Faciolince, fue una de las numerosas víctimas de la violencia que sufre Colombia. Fue tiroteado a quemarropa, cerca de su casa, en 1987.

Ese episodio traumático nunca dejó en paz al hijo (quien luego se convirtió en uno de los escritores colombianos más importantes de hoy) hasta que al fin escribió un libro sobre el   asesinato. El relato autobiográfico se titula ‘El olvido que seremos’ y lleva  23 ediciones en Colombia.

Cuando lo mataron, Abad Gómez llevaba en el bolsillo un poema que atribuía a Jorge Luis Borges. La cuestión es que en ninguno de los libros del maestro argentino aparecía ese poema.



Hoja de vida
H. Abad Faciolince
Nació en Medellín en 1958. Emprendió estudios de medicina, filosofía y periodismo. No llegó a  concluir ninguno.
Estudió Lengua y literaturas modernas en la Universidad de Turín, Italia.
Ha hecho también el periodismo en la revista Semana y, desde hace poco, en El Espectador.El poeta colombiano Harold Alvarado Tenorio, famoso en su país por sus pocas pulgas y sus numerosas polémicas, salió al paso para decir que ese poema lo había escrito él, que lo había firmado con el nombre de Borges y hacía entender que gozó de la complicidad del maestro...

El sábado pasado estuvo en Quito Héctor Abad Faciolince para un encuentro cultural en honor de Manuela Sáenz, organizado por la casa editorial El Malpensante, de Colombia. En un claustro del convento de San Francisco, donde fue el encuentro, Abad Faciolince  habló de esos episodios.

¿Ya se ha podido establecer la autoría de ese poema?

Hice una investigación que es parte de un libro autobiográfico  que se publicará esta semana y que se llama  ‘Traiciones de la memoria’. El primer relato, ‘Un poema en el bolsillo’, viene con varios documentos a modo de pruebas.

¿El poema sí es de Borges?

Esa es la conclusión a la que, luego de todas las pruebas, se puede llegar sin ninguna duda.

¿Antes de escribir la novela ‘El olvido que seremos’ sospechó de esa autoría?

Varias personas dijeron que yo me había inventado el poema para vender... Y yo, que no me había  ocupado de saber quién era el autor del poema sino en averiguar quiénes eran los autores del asesinato, me puse a investigar también eso.  



De todos los que he escrito y
escribiré, este era el libro  más necesario, más urgente para mí mismo¿Este libro es el que más le costó escribir?

Aprendí a escribir con otros libros, sobre otras cosas. Una amiga mía me dijo que esos libros eran como la preparación para este. Yo espero  que no sea tan así y que mis otros libros tengan un valor literario. Pero sí, de todos, este era el libro más necesario, para mí mismo.

¿Por qué tardó tanto en escribirlo (20 años)?

Desde antes del asesinato de mi padre yo sabía que quería ser escritor. El asesinato retardó muchos años mi vocación  porque quedé en un estado psicológico muy malo. También pasaba que no era capaz de escribirlo pues me salía una cosa muy sentimental.

¿Pasó algo que finalmente desencadenó la escritura?

Francamente no sé qué pasó. Puede haber ayudado que por esas épocas también me divorcié (sonríe). Los cambios en la vida, como tú sabes, también llevan a cambios en la escritura.

¿Inscribe Ud. su novela en la tendencia de literatura de la violencia colombiana?

En medio de tantas novelas escritas desde el punto de vista de los que disparan me pareció necesario escribir otra desde el punto de vista de las que los reciben las balas o de sus parientes.

¿Sigue pensando, como dice en su novela, que el mejor método pedagógico es la felicidad y la libertad?

Creo que hay que hacer a los niños muy felices. Eso sí. Por supuesto que hay que poner límites. No es que pueden hacer todo lo que les dé la gana. Hay que manifestar desagrado con ciertas cosas que hacen, pero ese desagrado debe ser más como una tristeza o como una decepción.

Su experiencia con su padre parece contradecir las ideas de Freud. ¿Nunca tuvo conflictos con su padre?

El conflicto era la ausencia de conflicto. No me podía oponer a él porque no había manera de chocar con él. Yo estaba consciente de que  las obras de la literatura que hablan del padre siempre estaban en contra de él. Pero qué podía hacer, era la historia que me tocó vivir a mí.

También es una novela política. ¿Quiso hacerla así?

No quise escribir una novela política. Pero era inevitable que, solo contando esos hechos se convertía en una presentación política sobre lo que ocurrió y sigue ocurriendo en Colombia.

Su padre tuvo amenazas de muerte pero no bajó su perfil político de izquierda. ¿Se resintió con él por eso?

Me dio más bien remordimiento. La novela es también un acto de penitencia, porque si ese adulto que era yo hubiera seguido sintiendo el amor que sentía de niño  habría hecho algo en esa situación de amenaza evidente.

¿Su pasado quedó en paz?

Cada vez me convenzo más de que sí. Ya no puedo hacer nada más respecto a eso. Hice lo que podía, que era escribirlo.

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