17 de marzo de 2017 00:00

82 281 hectáreas de maíz están afectadas por las plagas

pavel calahorrano / el comercio Los agricultores mostraban ayer los daños en los maizales del sector  San Vicente, en Balzar (Guayas).

Los agricultores mostraban el 16 de marzo los daños en los maizales del sector San Vicente, en Balzar (Guayas). Foto: Pavel Calahorrano / EL COMERCIO

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Stives Reyes
Elena Paucar. 

Con desconsuelo, Eugenio Rosales recorre las 13 hectáreas de maíz que sembró en el recinto Las Piedras, del cantón Balzar (Guayas). “Se perdió toda la cosecha y este es el culpable”, dice el agricultor, apuntando a un gusano de unos dos centímetros, que se comía los granos. Toda la hoja de la mazorca estaba agujereada.

Aunque desde la carretera se ve el cultivo reverdecido, por dentro las plantaciones mueren. Los gusanos han devorado parte de la siembra de este año.

Las alertas se encendieron hace 10 días. Y el martes 14 de marzo del 2017, el Ministerio de Agricultura declaró la emergencia fitosanitaria para el sector maicero en Guayas, Los Ríos, Santa Elena y los cantones Santa Ana, Paján y Chone, de Manabí.

El subsecretario de Agricultura, Gabriel Villacís, explica que hasta ahora las inspecciones de 600 técnicos dan como resultado 82 281 hectáreas afectadas por la incidencia del gusano cogollero (Spodoptera frugiperda), el gusano ejército (Mhytimma unipuncta), hongos, bacterias y otras enfermedades.

Solo en el sector San Vicente de Balzar, más de 10 000 hectáreas han sido atacadas. Los 2 000 agricultores del lugar no saben cómo combatir la plaga.

Juan Alvarado dice que ha invertido USD 2 000 en químicos para eliminar estos gusanos, sin resultados. No obstante, cuenta que cerca de 10 comuneros sufrieron intoxicaciones por el uso agresivo de pesticidas de sello rojo.

Jimmy Macías asegura que estos agroquímicos son más baratos. Él invirtió USD 1 000 para salvar sus 5 hectáreas. “Pero el gusano es fuerte. No se muere y se reproduce rápido”.

Como parte de la emergencia, el subsecretario Villacís indica que harán fumigaciones terrestres, una medida analizada entre el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias, Agrocalidad, casas comerciales y agricultores.

Pero el gusano cogollero es particularmente destructivo. “Las pérdidas que ocasiona son cuantiosas y puede reducir los rendimientos significativamente”, dice Villacís.

Las hembras, tipo mariposas, pueden poner hasta 1 000 huevos. Los depositan en las hojas y se convierten en larvas en hasta tres días, cuando la temperatura supera los 25°C.

Las larvas pasan por siete fases, pero las dos primeras son vitales para las medidas de control. “A partir del tercer estadio se introducen en el cogollo, haciendo perforaciones”, señala Villacís.

En cambio, las mordeduras circulares de gran extensión caracterizan al gusano ejército. Esta plaga puede eliminar toda la superficie de la hoja de la mazorca de maíz, sin llegar al nervio central.

El Subsecretario puntualiza que la temperatura, la humedad y las intensas lluvias de la actual estación invernal han incidido en la aceleración del ciclo biológico de estas plagas.

Los Ríos es una de las zonas más maiceras del país. En el 2016 reportó 112 932 hectárea sembradas; de esas, 16 594 son del cantón Mocache.

Pilar Carranza es la presidenta de la Cooperativa Agrícola Río Mocache y calcula que el 50% de los cultivos de su cantón está afectado por las plagas. Los agricultores se preparaban para la cosecha, entre el 10 y 15 de mayo. Pero ahora sacan cuentas de las pérdidas.

Carranza explica que la inversión en una hectárea bordea los USD 1 200. Solo en la cosecha de invierno obtienen unos 180 quintales por hectárea y ahora esperan la mitad.

Las autoridades de Agricultura aseguran que trabajan con BanEcuador y Agroseguros para la reestructuración de los créditos y la ejecución del seguro agrícola.

Esta es la principal preocupación de los maiceros. En Balzar, donde el año pasado sembraron 12 495 hectáreas, algunos agricultores como Eugenio Rosales hicieron préstamos a los bancos. Él afirma que destinó más de USD 5 000 y pide a las aseguradoras que se hagan cargo de las pérdidas para volver a cultivar.

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