8 de February de 2010 00:00

Haití

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Benjamín Rosales

El mundo ha visto con horror la destrucción causada por el terremoto que arrasó Puerto Príncipe y gran parte de la nación haitiana.  Un sismo de 7.3° en cualquier lugar causa daños enormes, pero en ciudades con construcciones sin regulaciones antisísmicas estos pueden ser catastróficos, como ha ocurrido en el país más pobre de América.

He tenido la oportunidad de visitar Haití en dos ocasiones, la primera hace 35 años y la segunda diez años atrás, y me impresionó el nivel de pobreza e inseguridad que existía, y el poco cambio experimentado entre esos 25 años, excepto por el gran aumento poblacional.

Haití tiene 27 750 km², un área poco mayor que Manabí pero con un gran porcentaje de montañas inutilizables para la agricultura, y alberga a 10 millones de habitantes.  Una densidad de 360 habitantes/km², que es siete veces mayor que la de Ecuador.

Sin recursos mineros o petroleros como sucede en las islas del Caribe, y con igualmente paradisíacas playas, pero que por falta de infraestructura vial y hotelera, unida a la extrema corrupción e inseguridad, han impedido el desarrollo de la industria turística, que tanto ha beneficiado a República Dominicana, nación con la que comparte la isla Española, Haití tiene pocas oportunidades de salir del estado de pobreza en que se encuentra.

El desgobierno que ha afectado casi siempre a Haití desde 1804, cuando fue  la primera nación de Latinoamérica en independizarse, agrava aún más la crisis humanitaria que ha ocasionado el terremoto;  y la comunidad internacional ha debido responder incluso asumiendo la seguridad interna.  Las necesidades son inmensas y los ecuatorianos debemos sumarnos al esfuerzo necesario para levantar a Haití de las ruinas.  Desde la última crisis política haitiana hace más de un lustro, Ecuador tiene un contingente militar formando parte de los cascos azules de la ONU, estacionado en ese país, y debe apoyar los esfuerzos internacionales que se establezcan para reconstruir el desafortunado país.  Dios quiera que esta catástrofe sirva para que la comunidad internacional organice un plan de apoyo al Gobierno haitiano en el esfuerzo de reconstrucción de la nación y en la búsqueda de oportunidades económicas que permitan disminuir la pobreza de la mayoría del pueblo caribeño.

Quito, Guayaquil y otras ciudades están ubicadas en zonas de alto riesgo sísmico, por lo que la desgracia de Puerto Príncipe es un llamado de atención para que las autoridades municipales revisen y hagan cumplir códigos de construcción que evitan enormes daños en casos de terremotos, así como preparar planes de contingencia para preparar a instituciones y ciudadanos.

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